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Un Santuario de alabanzas y recuerdos a María Auxiliadora Coronada


 Francisco Santiago. He de reconocer que no se me caen los anillos por hablar de María Auxiliadora y su actual Junta de Gobierno, entre todos forman un equipo de primera, entregados a la causa, parte integrante y activa de cada momento, de cada sentimiento.

Yo y mis hermanas somos la tercera generación de devotos a María Auxiliadora de la Trinidad, de hecho mi hermana eligió a la Esperanza y el Santuario para dar el Sí quiero a su marido.

Este amor lo heredó directamente de mi madre, nacida en la calle Arroyo, a pocos metros del Santuario y donde, mi abuela le enseño junto a mis dos tías que María Auxiliadora va más allá de los confines que  llegamos a ver, incluso su halo divino prevalece en la noche y prueba de ello es que María Auxiliadora siempre ha estado en mis sueños de niño, brillando en la oscuridad y protegiéndome.

Un año más he vivido la bajada de María Auxiliadora, ese momento que tantos sevillanos siguen manteniendo.

Allí están caras conocidas, algunas directamente supervivientes de aquel corral de vecinos que fue morada de mi familia materna. Amigos y compañeros de colegio (estudié en el colegio María Auxiliadora), amigos de procesiones, conocidos de compartir fe.

Es tremendamente emocionante ver a los niños gozar el momento, compartir la vivencia de ser ángel de la guarda de María, es emocionante ver a los enfermos que acuden a la Auxiliadora, quizás sin llegar a pedir directamente su curación, a veces es más intuitivo pedir por los nietos e hijos que por el dolor que acumulan los años en uno mismo.

Llevo años pastoreando en Sevilla, compartiendo la devoción que naciera también muy cerca del Santuario, concretamente en Capuchinos, pero mucho antes que la Pastora me llamara a su redil, María Auxiliadora me enseño formas y maneras, a compartir, a creer y a rezar.

 Esto si es verdadera hermandad, la que se vive en la bajada de la Virgen, viendo llorar al unísono a nietos, madres y abuelos. Unos porque es su primera vez ante la Virgen, otros porque saben que partirán junto a ella y dejarán muy alto el pabellón con la nueva cantera familiar.

Y en el alborozo que será roto en la noche, cuando esos angelitos, niños de comunión y jóvenes caballeros abanderados duerman en sus cuartos con el saber de haber realizado un buen trabajo; María Auxiliadora volverá a protegerlos, como me protegía a mí, como protege a mi abuela y a mi tía (ambas Antonia), como protege a mi primo y a mi tío (ambos Manolo), ahora ya en el cielo junto a María.

Y yo sigo muchas noches echando de menos el destello, de hecho es de los pocos recuerdos que conservo de mi juventud cuando rondaba la primera década en edad, ese resplandor de María Auxiliadora que rompía la noche y brillaba con luz propia y que ahora, mientras encuentro otra imagen de María Auxiliadora que resplandezca, seguiré acudiendo a la luz de su bajada, preludio de la procesión que todos esperamos.

Fotos: Francisco Santiago.









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