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Puerta Osario. Una de romanos. Álvaro Pastor Torres


 A estas alturas, no de la película sino de la serie, el capitán de la centuria macarena, o el teniente, o el alférez de las 17 plumas, o el cabo de gastadores, o al menos el último de la gandinga -que según recordado artículo de Antonio Burgos era el mismísimo Julio César que está en la Alameda de los Hércules del Conde de Barajas- deberían haber protestado ya por la mala imagen que Hispania está dando del mundo romano en general y de los legionarios en particular. También los historicistas armaos del Santo Entierro -Santientierro en la peculiar dicción hispalense- tendrían que haber dicho esta boca es mía ante esa sarta de mentiras, inexactitudes históricas, maniqueísmos extremos, diálogos de chiste, personajes vacuos, atrezo barato y trivialidades varias que se están perpetrando ad maiorem audiencii gloriam. Seguramente ni los romanos eran tan malísimamente malos como los calambres del cólera -que diría mi dilecto amigo Pepe G. Isidoro- ni los hispanos, o más concretamente los lusitanos de Viriato, tan buenos, humildes, justos, sufridos y valientes como nos los pintan cada semana dentro de esa pequeña pantalla atontadora que reconduce voluntades y reblandece los sesos mucho más que Tirant lo Blanc y otros libros de caballería.

En una de las escenas más delirantes de la surrealista cinta firmada por los Monty Python que lleva por título “La vida de Brian”, los extremistas judíos, reunidos en su zulo, se preguntan qué cosas buenas les habían llevado allí los “muy cabrones” romanos: las obras públicas (acueductos, carreteras, alcantarillado, irrigación), la sanidad, la enseñanza, el vino, la seguridad, el orden, la paz... y tuvieron que parar en su recapitulación para no desmoralizarse más y también porque tuvieron la improvisada visita de unos no menos surrealistas soldados romanos. Pues todo eso, y mucho más, una lengua, un derecho (aunque la asignatura de romano sea ya optativa para las futuras generaciones de juristas que van a salir de aquella manera con el plan Bolonia -¡ay si Pelsmaeker levantara la cabeza!-) o una cultura exquisita trajeron a Hispania estos romanos, pero sobre todo a muchos de los que por allí arriba andaban los sacaron casi de la prehistoria para meterlos de lleno en la primera vanguardia del mundo conocido. (Algo parecido sucederá siglos después cuando los españoles lleguen a las Indias, pero también como estos romanos tendrán que sufrir el papel de malos en todas las películas, ya sean de piratas o de jesuitas idealistas).

Y es que yo no me fío mucho de una serie donde un centurión del siglo II a. C. luce barba de varias semanas.

Publicado en EL MUNDO de Andalucía, Edición Sevilla, el Sábado 6-XI-2010

Foto: Álvaro Pastor Torres










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