Puerta Osario. Baile de Seises. Álvaro Pastor Torres
Cae el sol de diciembre,
la Giralda toca un pino,
la bandera ondea al aire,
celeste y blanca la tarde,
blanca y celeste la enseña;
Amor de Amores espera.
Repostero inmaculista,
flores blancas de pureza,
trono de plata labrada,
manos juntas al regazo,
mirada baja y gentil,
Inmaculada del Corpus
en la octava entronizada.
La “cieguecita” escondida
entre alabastros del coro
y olvidada en su rincón,
frente a la Antigua de Colón,
furtivos rezos recibe
la que sin mancha concepta
al mismo Dios engendró.
Esperan seises nerviosos
y el maestro de capilla,
con un siete en sus encajes,
prepara la escolaní;
mil voces angelicales.
Bulas en púlpitos puestas,
instrumentos preparados,
llega el preste con la Forma,
todo el mundo se levanta
y un segurata abronca
a un indigente contumaz.
Capitulares con capas
por el coro se pasean,
el listero atento a todo
a los presentes anota,
de canónigos canosos,
apenas tercio de entrada.
En su sitial revestido
por el móvil un calonge
habla y habla sin parar
¿qué dirá Asenjo de esto?
¡Si Segura levantara la cabeza!
la volvía a espichar.
Se platica el Evangelio,
Ayarra deja el órgano
y a un fotógrafo barbudo
amonesta con mesura,
y el maestro de capilla
a un cámara aficionado
pone firme en un segundo.
El predicador de día,
en gran pluvial reliado
habla de la Eucaristía.
Suenan pitos de órgano,
por la crujía avanzan
diez seises emplumados
que bailan coplas antiguas,
mientras con gran desafine
cantan veinte escolanas.
Publicado en EL MUNDO de Andalucía, Edición Sevilla, el Sábado 11-XII-2010
Foto: Álvaro Pastor Torres.
