Arte Sacro
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Santa María de Saladares, Madre del Amor Hermoso, última obra de Juan Alberto Pérez Rojas para Almería


 Arte Sacro. La imagen de Santa María de Saladares, Madre del Amor Hermoso supone la continuidad en el hacer de nuestro autor,  de una serie de tallas con tratamientos escultóricos semejantes, a saber, imágenes de la Virgen o santos de talla completa, estofados y policromados.

Ha sido realizada para el oratorio del colegio Saladares de Almería por el escultor  Juan Alberto Pérez Rojas, en madera de cedro, tallada, policromada y estofada. La peana también está realizada en madera de cedro, barnizado, siendo las cabezas de ángeles fundidas en bronce.

La escultura, de 150 cm de altura, está sentada sobre un banco de madera, representada en actitud oferente; de movida composición, adelanta su brazo derecho portando en su mano la rosa de Rialp que san José María encontró al cruzar los Pirineos por Andorra el 19 de noviembre de 1937.

Sobre su pierna izquierda reposa el Divino Infante que se muestra también en actitud oferente, más girado que su Madre, tendiendo su mano izquierda hacia el espectador, en un plano lateral.

El rostro de la Virgen, de gran corrección formal, queda enmarcado por ropajes y gira levemente hacia su derecha buscando la complicidad del contemplador.

 La minuciosa labor de estofado, destaca sobremanera en el manto compuesto a base de “casetones” en los que se representa el Sol de Portocarrero, símbolo de Almería, entrelazado con carnosas hojas de acanto cinceladas y entintadas. Cae desde los hombros y está resuelto con grandes planos que favorecen las labores ornamentales. De gran belleza en el estofado son el forro y la túnica compuesta de hojas de acanto de las que nacen ramilletes de flores sobre el tejido de color Jacinto.

Con respecto a la encarnadura, algo más tostada que en anteriores obras del autor, es de gran belleza y riqueza de matices que completan una excelente labor de modelado. Está realizada al óleo con pulimento brillante.

La peana conjuga la sobriedad de la madera barnizada con la elegancia del bronce fundido en las cabezas de los ángeles, que siguen la línea de tratamiento infantil del autor, y sirven de perfecto soporte para la imagen mariana. En conjunto, la obra supone una nueva aportación a las representaciones de esta advocación tan venerada en la prelatura del Opus Dei.









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