Arte Sacro
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La Catedral de Sevilla convierte cada restauración en conocimiento para el futuro


Arte Sacro. La Catedral de Sevilla no solo conserva obras de arte, imágenes, vidrieras, textiles, retablos o elementos arquitectónicos. Conserva también la memoria de una ciudad y, de alguna manera, la huella de quienes durante siglos pusieron su fe, su talento y su trabajo al servicio de este templo. Por eso, cada restauración es mucho más que una intervención sobre una pieza. Es también una oportunidad para conocerla mejor y preparar su futuro.

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Con esta mirada se ha celebrado la Jornada Técnica de Conservación y Restauración «Cuadernos de Fábrica 2025», un encuentro que ha reunido a cerca de setenta profesionales relacionados directamente con las actuaciones desarrolladas durante el pasado año, junto a especialistas de los ámbitos de la conservación, la arquitectura, la investigación y el patrimonio.

La jornada ha permitido compartir los resultados de distintos trabajos y, sobre todo, poner en común una experiencia que no debe quedarse únicamente en los talleres o delante de una determinada obra. Cada intervención aporta información sobre los materiales, las técnicas utilizadas en su ejecución, las transformaciones sufridas con el paso del tiempo y las causas que han provocado su deterioro. Todo ese conocimiento resulta fundamental para decidir cómo actuar mañana.

El deán de la Catedral de Sevilla, Francisco José Ortiz Bernal, ha subrayado precisamente esa responsabilidad de conservar un patrimonio que debe ser recibido por las generaciones futuras. Una tarea que exige continuidad, estudio y una mirada a largo plazo. En la misma línea, el delegado capitular de Administración y Patrimonio, Francisco Román Castro, ha destacado que el trabajo no termina cuando concluye una restauración, porque lo aprendido durante cada proceso debe documentarse, contrastarse y compartirse.

Mirar las obras más allá de lo que vemos

Dos de las ponencias centrales han permitido comprobar hasta qué punto la investigación previa resulta decisiva antes de intervenir sobre una obra.

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Christa Heidrich, responsable de proyectos de restauración de Glasmalerei Peters, ha explicado el trabajo desarrollado sobre distintas vidrieras históricas de la Catedral dentro del proceso de conservación que se mantiene desde 1999. Durante 2025 fueron intervenidos cuatro ejemplares, entre ellos obras vinculadas a Enrique Alemán, de finales del siglo XV, y Arnao de Flandes, de mediados del siglo XVI.

En estos trabajos, el estudio de las superficies permitió detectar depósitos y capas acumuladas durante años. Antes de proceder a su eliminación fue necesario conocer su composición y realizar diferentes pruebas, ya que una limpieza inadecuada podía poner en peligro la pintura original.

La investigación también ha sido protagonista en el estudio material y técnico de la pintura mural de Nuestra Señora de la Antigua. Anabelle Kriznar, profesora del Departamento de Escultura e Historia de las Artes Plásticas de la Universidad de Sevilla, ha presentado un trabajo multidisciplinar destinado a conocer su técnica de ejecución, identificar los materiales empleados y estudiar las transformaciones que ha experimentado a lo largo de su historia.

Son investigaciones que permiten mirar las obras de una manera diferente. Bajo una superficie que el visitante contempla durante unos segundos puede existir una enorme cantidad de información. Conocerla es también una forma de protegerla.

El patrimonio explicado delante de los ojos

Después de las ponencias, los participantes han recorrido distintos espacios de la Catedral para conocer directamente algunas de las actuaciones desarrolladas.

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Los trabajos sobre textiles históricos han sido explicados por Gema Pérez Morales; las nuevas obras de orfebrería, por Joaquín Ossorio; y la conservación preventiva de altares y retablos, por María de la Cruz Gabarro y Pablo Coleto. También se han abordado las actuaciones realizadas sobre Santa María Magdalena, de la mano de Antonio Gallardo, así como los trabajos en cubiertas y vidrieras, explicados por el arquitecto de la Catedral, Miguel Ángel López, y la conservadora de Bienes Muebles, Ana Isabel Gamero.

Estar delante de las propias obras permite comprender aquello que normalmente permanece oculto. Cómo se descubre una alteración, qué motivos llevan a intervenir, por qué se escoge un determinado tratamiento o qué medidas pueden adoptarse para evitar que un problema vuelva a aparecer.

Porque conservar no significa esperar a que una pieza necesite una gran restauración. Muchas veces significa precisamente evitar que llegue ese momento.

Conservar también es mantener

La conservación preventiva ocupa cada vez un espacio más importante en la gestión patrimonial de la Catedral. Inspecciones, revisiones, mantenimiento, limpieza, control de las condiciones y seguimiento constante forman parte de una labor que pocas veces llama la atención del visitante, pero que resulta esencial.

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La Catedral mantiene actuaciones periódicas sobre cubiertas, fachadas, arbotantes, pináculos, gárgolas y sistemas de evacuación de aguas. También realiza un seguimiento continuado de pinturas, esculturas, retablos, vidrieras y textiles.

No es una cuestión menor. La propia Catedral continúa desarrollando en 2026 campañas de conservación preventiva sobre sus elementos arquitectónicos, con revisiones destinadas a detectar alteraciones antes de que puedan convertirse en problemas de mayor alcance.

En los bienes muebles sucede algo parecido. La conservación requiere observar, estudiar y actuar a tiempo. La experiencia acumulada durante las intervenciones sobre las vidrieras históricas, por ejemplo, ha permitido adaptar los criterios del plan de conservación preventiva y generar una documentación de gran valor para las actuaciones posteriores.

Y todo ello sucede en un edificio que continúa vivo. En la Catedral conviven cada día el culto, la oración, la actividad pastoral, la visita cultural y la conservación de un patrimonio extraordinario. No se conserva un museo vacío, sino un templo que sigue cumpliendo la función para la que fue concebido.

Más de 5,5 millones destinados al patrimonio

Los datos económicos presentados durante la jornada reflejan también la dimensión de este compromiso. La inversión patrimonial pasó de 4,01 millones de euros en 2024 a 5,54 millones en 2025, un incremento cercano al 38 por ciento.

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Especialmente significativo ha sido el crecimiento de la conservación preventiva. Si en 2024 se destinaron a estos programas 438.859,72 euros, en 2025 la cantidad ascendió hasta 1.514.665,95 euros. La inversión destinada a prevenir y detectar los problemas de conservación se multiplicó así por más de tres en un solo año.

Durante 2025 se desarrollaron además veinte proyectos específicos de conservación sobre otros tantos bienes o conjuntos patrimoniales, quince de ellos en la Catedral y cinco en la Iglesia Colegial del Divino Salvador.

Detrás de cada cifra hay también personas. Arquitectos, conservadores-restauradores, investigadores, ingenieros, artesanos, talleres y empresas especializadas participan en una tarea que requiere conocimiento, experiencia y muchas horas de trabajo.

La propia Catedral señala que destina aproximadamente un quince por ciento de su presupuesto a la conservación, restauración e inventario de sus bienes muebles, una labor que abarca desde pinturas, esculturas y retablos hasta orfebrería, ornamentos, libros de coro, vidrieras y mobiliario.

Una memoria que queda escrita

La Jornada Técnica ha servido igualmente para presentar «Cuadernos de Fábrica 2025», una publicación destinada a dejar constancia de las actuaciones desarrolladas durante el pasado ejercicio y de los estudios asociados a ellas.

El valor de esta iniciativa va más allá de recoger lo realizado durante un año. Es una forma de conservar la memoria del propio proceso de conservación. Porque dentro de unos años, cuando otra generación de profesionales tenga que enfrentarse a una determinada obra, podrá encontrar en estos trabajos una experiencia que ya ha sido estudiada, documentada y compartida.

La Catedral de Sevilla lleva siglos recibiendo generaciones de fieles y visitantes. Sus piedras han visto pasar la historia, sus capillas han acogido la oración de innumerables sevillanos y sus obras de arte han acompañado la vida litúrgica de la ciudad.

Ahora, quienes tienen la responsabilidad de conservar todo ese legado saben que no basta con mirar al pasado. Hay que estudiar el presente para proteger el futuro.

Y quizá ahí esté una de las grandes enseñanzas de esta jornada. Restaurar no es simplemente devolver a una obra una parte de su esplendor. Es escuchar lo que esa obra cuenta, comprender sus materiales, conocer sus heridas y aprender de cada intervención.

Porque conservar la Catedral también es conservar la memoria de Sevilla. Y hacerlo hoy significa permitir que mañana otros puedan seguir entrando en ella, levantando la mirada hacia sus bóvedas, contemplando sus vidrieras, rezando ante sus imágenes y descubriendo, como tantas generaciones antes, que detrás de cada piedra también permanece una historia de fe.

 

Fotos: Catedral de Sevilla

Fuente: https://www.catedraldesevilla.es/