Arte Sacro
  • Noticias de Sevilla en Tiempo Estival
  • sábado, 22 de agosto de 2026
  • Faltan 211 días para el Domingo de Ramos

La dualidad cristiana del hombre. Javier Ramos Sáez


 Se reconoce que el hombre es dual según el dogma cristiano. La Iglesia reconoce que el hombre es una unión temporal entre el alma y el cuerpo.

El mundo, a semejanza del hombre, es también dual y se compone de elementos materiales y espirituales. A partir de esos elementos el hombre participa de ellos y se reconoce en ellos y vive en consonancia con las formas materiales y espirituales.

En el canon sapiencial de la Iglesia se recoge también la unidad del hombre que es en sí mismo una dualidad. El Papa Juan Pablo II lo define de una manera muy clara: “El hombre es una unidad: es alguien que es uno consigo mismo. Pero en esta unidad se contiene una dualidad. La Sagrada Escritura presenta tanto la unidad (la persona) como la dualidad (el alma y el cuerpo)”.

La dualidad del hombre es estudiado por la antropología filosófica, ciencia en la que la antropología social no llega, en tanto que el hombre se ve como unión del alma y el cuerpo.

Ya anteriormente, Platón va más allá de la ortodoxia católica diciendo que “el cuerpo es la cárcel del alma” dándole una importancia al alma sobre el cuerpo de forma radical y desdeñando la importancia del cuerpo en este mundo cósico. El hombre es, en su esencia, inteligencia; el cuerpo es sólo una tara del alma.

En el pensamiento cristiano esto es suavizado ya que Santo Tomás de Aquino le da la importancia que tiene el cuerpo como instrumento vital y perdurable que ayuda al alma asimilar la experiencia material del mundo.

No sólo el hombre es dual en cuanto al alma y al cuerpo, sino que aparte de su dualidad externa también existen valores que son duales. Un gran ejemplo es la unión de la fe y la razón.

La fe y la razón, y su mezcla entre ellas, han sido muy discutidas en toda la historia medieval eclesiástica escolástica. En Fides et ratio Juan Pablo II nos presenta de forma positiva la búsqueda de la verdad por medio de la fe y la razón para llegar a Dios. Juan Pablo se ayuda de la teología y de la filosofía para instrumentalizar la razón y la verdad como instrumento de mediación a la verdad que Dios nos revela. Hoy en día hay muchos obstáculos que entorpecen llegar a la verdad revelada, producto de la ignorancia del mundo y del relativismo moral que nos envuelve.

Como cura o remedio a esta ignorancia, el anterior Papa nos conduce a la unidad de la humanidad para que creamos: “Que todos sean uno para que el mundo crea”. (Ut unum sint). La  unidad del mundo hace la fuerza, fuerza que nos ilumina a la verdad de Dios.

Por último, en el lado trascendental del hombre, su lado amoroso, el Papa Benedicto XVI nos formula una dualidad conciliadora , dependiente y necesaria. El amor es una única realidad con diversas dimensiones. Las dimensiones del amor son el eros y agapé. El eros es el amor carnal y personal del ser humano. El eros está enraizado en la naturaleza misma del hombre, desde su raíz el hombre es eros porque necesita de la perduración de la especie humana. El agapé es la concepción bíblica del amor. Dios ama de los dos formas. Le da el eros y el agapé al hombre: “El amor es ocuparse y preocuparse por el otro” asegura el Papa en su encíclica Deus charitas est.

El agapé no puede darse de forma única, aunque sería el amor ideal cristiano, necesita del eros para que sea perdurable por los tiempos de los tiempos. El amor es esencialmente transmisible y sin el eros esto sería imposible.

En definitiva, en el hombre no hay escisión ninguna, es una unidad con distintas dimensiones y esa dualidad dimensional –razón y fe, eros y agapé, alma y cuerpo- es la riqueza del hombre cristiano.

jramosaez@yahoo.es