Pureza para el Pilar del Cristiano. Isabel Serrato Martín
Hoy que me siento a escribir, hace justo una semana que iba en la gloria contigo, Pilar de todo cristiano.
Quería este año disfrutar de tu procesión, clavar mi mirada en la tuya y no separarme de ese momento ni un segundo de tu recorrido. Admirar a tu cuadrilla de costaleros, soñar con esa marcha que duerme a tu hijo en el regazo… lo que viendo siendo en Sevilla, emocionarse al lado de la Madre de Dios. Tras toda una mañana de organización, hablando con el Diputado Mayor de Gobierno de la Hermandad del Pilar, mi amigo, Joaquín, decidió éste que tenía que salir, incorporarme al cuerpo de diputados que ya formaban, José Domingo Escolar, mi hermano, Pilar y él mismo. Me pidió me incorporara como enlace, para echarle una mano. Accedí, y como es de lógica, pues el cargo va cargado de unos cuantos paseos, de órdenes que tienes que dar a personas que te infunden un respeto increíble, de “ahora aguanta la cofradía que se van los Italianos”, de tener que hablar con gestos porque el cortejo de amigos y hermanos de esta ciudad poco castellano hablaban… lo que viene siendo trabajar para que la cofradía fuera un éxito, conclusión a la que hoy llego. Nos propusimos los diputados, enlaces o como nos queramos llamar, que la Virgen tenía que entrar a las 22.30 que era una hora más que prudente, si podía ser antes, hasta mejor. Meta conseguida. Pero minutos antes yo ya había dejado de desempeñar mi cargo, terminé de ayudar a Joaquín y empecé a disfrutar de Ella, en el momento en el que le dije, “Joaquinito, ya me puedo morir tranquila”.
Sonará a típico lo que voy a contar, pero las realidades están para contarlas siempre. Llegaba el paso al convento más caritativo de Sevilla, creíamos o temíamos que las Madres de la pobreza no iban a abrir la puerta, y el capataz nos advirtió, “hasta que no escuchen la banda no van a abrir”. Y llegó ese momento. Me cogió mirando al paso, y de momento un golpe de aire fresco golpeó la parte derecha de mi cara, mi reacción fue inmediata, miré a mi derecha, y descubrí el motivo de por qué ser Cristiana. Me llegó el Espíritu Santo en forma de monjita de la Cruz.
Una marea de mujeres cubiertas por un blanco inmaculado se iban acercando a la puerta, a medida que iban siendo más, y que la Virgen quedó encuadrada en la puerta, y pareciendo atender a la voz del Dios verdadero que diría, “de rodilla “to” el mundo”, las madres de la Cruz, fueron poniéndose de rodilla. No olvidaré nunca ese canto, esa cara de novicia que deposita su vida a las plantas de la Madre de Dios.
Rezaron, claro que rezaron, y estoy tan segura de lo que pidieron, que me uno a su rezo. Mereció la pena salir ayudando en la organización del Pilar, mereció la pena por la cara del Presidente de la Real Maestranza de Caltanisseta, emocionado, en sevillano, a lágrima viva.
Mereció la pena por la cara del flamante nuevo hermano mayor, Feli, que miraba a su virgen descubriendo el por qué de cinco años al frente. Mereció la pena por la cara del fiscal del paso, por las palabras del capataz. Pero sobre todo, mereció la pena, porque mi gran amigo Joaquín y está que escribe, nos miramos a la cara, y como siempre, tomé yo la palabra para decir, “ya me puedo morir tranquila”, a lo que respondió, “así todo merece la pena”. La Virgen del Pilar, lo más grande que tengo, pero cuando se enfrentaron Ella y la Pureza verdadera, sentí más que nunca que ser Cristiana y cofrade en Sevilla, es un privilegio.
¡Viva la Virgen del Pilar!
A Joaquín Corchero, Diputado Mayor de Gobierno de la Hermandad del Pilar.
Foto: Juan Alberto García Acevedo