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¿Quién utiliza a quién? Francisco Santiago


 Hay una nueva clase establecida dentro del mundo de las hermandades y cofradías que, aunque viene de lejos (de hecho siempre ha estado ahí), en la actualidad ha tomado un camino muy diferente. La información cofradiera ha pasado de ser algo puntual a partir de Cuaresma (e intensificado en la Semana Santa), a convertirse en fuente inagotable a lo largo y ancho del calendario, desde enero a diciembre. Pero también hay otra connotación importante a la hora de estudiar este fenómeno. El periodismo capillita se está transformando en una plataforma inadecuada y “política” para impulsar proyectos concretos de personas concretas, o usando los medios de comunicación como formato personal para darse a conocer, elevándose esto a un grado que roza el egocentrismo en algunos casos.

He de reconocer que ha bajado mucho el nivel de formación tanto a nivel profesional (periodistas de carrera) como de personas que forman parte de juntas de gobierno, lo cual ha convertido en vademécum el dicho “cantidad no es sinónimo de calidad”. Yo, que llevo desde 1998 escribiendo y dando a conocer nuestra religiosidad popular en internet, tengo una frase que forma parte en cada una de las hermandades que me pide colaboración para intervenir en mesas redondas, conferencias, proyecciones o coloquios: “yo no soy periodista”.

Sí es cierto que los años que llevo ejerciendo de comunicador, me avalan a la hora de tener contundencia y propiedad cuando hablo, pero jamás me podría poner a la altura de esos veteranos y veteranas que, tras sus estudios universitarios o años de trabajo a sus espaldas, entraron a formar parte de la prensa escrita, radio o televisión, aunque el estudiar una carrera tampoco nos da el conocimiento necesario para creer que somos “fuente de inspiración o modelo a imitar”.

El periodismo cofrade se está convirtiendo en una especie de pregón cotidiano que va perdiendo fuerza, acercándose más a la prensa barata que a las grandes publicaciones. Ahora nos permitimos hablar de nombres propios, de la familia de estos y hasta a decir quienes sí y quienes no deben de ser hermanos mayores, qué está bien o qué esta mal, cuales artesanos son los buenos y cuales los malos o, simplemente, llevamos al éxito a un “músico amiguete” que ha compuesto una marcha sin conocer lo que es un pentagrama.

Son los otros pregoneros, esos que reciben los aplausos y críticas desde el atril privilegiado que son los medios. Estos pregones hablan del día a día interior de las hermandades y hasta de la Iglesia (en mayúscula); palabras y frases que, en ocasiones, buscan el aplauso fácil porque ya está todo meditado y reescrito, sólo hay que “estar al loro” del chivatazo oportuno de esa afición (llámese también oposición) que no dudará en hacernos saber aquello que jamás hubiéramos pensado de una persona concreta. En otras ocasiones son miembros de junta o del propio clero los que dan los apuntes necesarios para después crear el mensaje, siempre buscando algo a cambio o para ir abriéndose paso para futuras campañas.

¿Quién utiliza a quién?, o afinando más la pregunta: ¿a dónde iremos a parar? Nadie puede conocer esa respuesta, pero entre todos podremos conseguir que la tradición que supone formar parte de una Hermandad o de un importante grupo de comunicación, vuelva a tener el sentido que siempre tuvo, eso sí, adaptado no sólo a las nuevas Normas Diocesanas, sino también al siglo XXI, que en este año 2011 llega a su primera década.

¡¡¡El que esté libre de pecado que escriba la primera noticia…!!!

Artículo aparecido en el Boletín Cuaresmal 2011 “El Sudario” de la Hermandad de la Amargura de Dos Hermanas