Opinión. Comunicando. Daniel Gutiérrez Marín @LePetitMarin
Leía, anoche mismo, a varios tuiteros alegres por el contratiempo entre las Hermandades de Montesión y la Lanzada, porque así tendrían “un otoño calentito”. Francisco Robles iba a tener razón cuando escribió, a colación de los desgraciados sucesos de la Hermandad del Juncal, que el mal de nuestra fiesta no se encuentra fuera de ella, sino en sus tuétanos. Somos los propios cofrades los que estamos esperando una chispa para acercar la mecha: ya tenemos corrillo en la tertulia, santo en el altar y hora para la cofradía.
Qué lastimoso el hecho ocurrido entre ambas corporaciones. Triste, pero así es la vida. Lo curioso del asunto y lo que motiva esta reflexión es el modo y no el contenido. Que las Hermandades de Sevilla han mantenido roces constantes no es algo nuevo, sólo es necesario dar un repaso a la historia para hacer acopio de varios de ellos. Sin embargo, sería necesario apuntar que el uso indebido de los medios de comunicación en el seno de las propias corporaciones –páginas web, blogs, cuentas de redes sociales, etc.- convierte un asunto privado, o de índole interna, en una noticia chismosa de la que se aprovechan los medios capiroteros menos rigurosos para lanzar titulares hirientes o contradictorios. Luego lo llamarán Periodismo Cofrade y harán cursos sobre ello.
Ahora resulta que esos roces, frecuentes antaño, se hacen públicos mediante comunicados hogaño. Si tú me fastidias, yo te fastidio más diciendo públicamente lo mal –o lo bien, dependiendo del ángulo- que lo has hecho. Ahí, en el crisol de la batalla, se encuentran los medios de comunicación. No es por matar al mensajero, algo muy propio de otras épocas, pero lo que debería haber quedado en el ámbito privado de las relaciones entre Hermandades, trasciende y se convierte en un chascarrillo de comedia, en una burla de barra de bar, en una espina enquistada que tarda años en desclavarse o en, Dios lo quiera, una anécdota que sana con el tiempo.
Quienes gobiernan las instituciones cofradieras deberían tomar la medida de lo que entre manos disponen. Una Hermandad de nuestros días no es la misma que hace diez, veinte, treinta o cincuenta años; no me refiero a la estética o lo que en sí representa, sino a la Hermandad misma: lo que antes era una suma de momentos puntuales al año, ahora es una institución de vida cotidiana, con una administración, una gerencia, un área de producción y con distintas líneas de actuación para poner en marcha los fines de la institución. ¿Se han dado cuenta que el patrimonio y la dimensión de muchas de nuestras Hermandades es mayor que el de muchos municipios?
Con esto no aliento a que las Hermandades huyan del uso de las Nuevas Tecnologías o de los medios de información, pero quizá haya ciertos aspectos o matices que dentro de las cofradías deberían encomendárseles a los especialistas en la materia, a quienes saben manejar ese tipo de asuntos. Busquen entre sus hermanos a quienes puedan coordinar la comunicación de la Hermandad –alguien que controle lo que trasciende- porque algo que podría haberse solucionado con una charla telefónica, un acuerdo privado, un anuncio en la propia web y una explicación en el Cabildo General, sin ampollas, ahora se ha convertido en un asunto de polémica que podría, incluso, enfrentar a los hermanos de ambas corporaciones y a estos con sus respectivas Juntas de Gobierno. Y todo por un comunicado que ha dejado las relaciones entre San Martín y la calle Feria comunicando.
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