El Rocío, ese maravilloso invento. José Luis Garrido Bustamante
Hacen muy bien las televisiones, singularmente las locales, en recoger la belleza plástica de ese esplendido espectáculo que es el Rocío. Toda la majeza de Andalucía queda reflejada en esas secuencias, plenas de colorido, en las que también palpita la emoción del sentimiento y la fe del pueblo sencillo.
La religiosidad popular. Así denomina el estamento religioso a manifestaciones como ésta en la que los clérigos jóvenes se muestran cada vez más incardinados siguiendo los pasos de aquel Muñoz y Pabón, canónigo y escritor, que iba desde crear unas pegadizas letras de sevillanas hasta nada menos que organizar la coronación canónica de la Virgen.
La historia se desmenuza cercana actualizándose en la anual peregrinación romera que tiene como destino el santuario donde se cobija la imagen durante todo el año emplazado al filo del Coto de Doñana, con lo que ya metemos en la carriola a una hija de los Príncipes de Ëboli, Ana Gómez de Mendoza y Silva casada con Alonso Pérez de Guzmán, VII Duque de Medina.
Por aquel entonces, la extensa comarca que tomó su nombre era propiedad de su familia, los Medina-Sidonia, pero pasó al Consejo del pueblo de Almonte, tras larguísimo pleito que comienza en el reinado de los Reyes Católicos y se resuelve a finales del siglo XVI.
El primer documento histórico que existe sobre el Rocío se recoge en el “Libro de la Montería”, que mandó escribir el rey Alfonso XI. En él se citan únicamente dos lugares próximos al Rocío: la primitiva Ermita de Santa María de las Rocinas y la villa de Mures actual Villamanrique.
Fueron los monteros y cazadores manriqueños, que acompañaban al rey en sus cacerías, los que trajeron esta devoción hasta la villa y fundaron el 20 de octubre de 1388 una primitiva Cofradía de Monteros de Santa María de las Rocinas en Mures, el pueblo que, corriendo el tiempo, se llamó Villamanrique de la Condesa. Documento de fundación que existe en la Catedral de Sevilla.
Pasados los años, uno de estos monteros, Gregorio Medina, el célebre cazador manriqueño que tiene calle en el pueblo, “entrado el siglo XV de la Encarnación del Verbo, tuvo la suerte de encontrar en el hueco de un milenario acebuche, donde había sido ocultada para evitar la profanación sarracena, la Sagrada Imagen de la Virgen del Rocío”.
El Concejo de Almonte la nombra su patrona en el Domingo veinte y nueve días del mes de junio de mil y seiscientos cinquenta y tres años".
El Concejo. O sea el Ayuntamiento. No la Hermandad. Esta no existía aun.
Las primitivas Reglas de la Hermandad almonteña datan de 1758 (tres años después del Terremoto de Lisboa) y no puede denominarse primera porque ya está reconocida como tal la Hermandad de Villamanrique en las Reglas de la Hermandad del Rocío de Sanlúcar de Barrameda, de 25 de abril de 1650, redactada tres años antes que el nombramiento como patrona de Almonte y en otros documentos de la época. Por eso adopta el título de Matriz.
Desde entonces la Iglesia sigue confiando en ella y en todas las que, en creciente número, se inscriben en este movimiento único de religiosidad popular. Hace bien.
Foto: Eduardo Fdez. López.