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Una Estrella llegara mañana a “Albores”. Mariano Lopez Montes


Si, porque un año más y desde hace ya unos años, en la mañana a veces fría del 5 de Enero, en mi antiguo barrio del Retiro Obrero, una comitiva compuesta por una sola carroza, motorizada y de la marca Toyota, arribará sobre el mediodía a las orillas de esa tertulia que tiene su sede en aquel puerto algo fluvial de la calle Palma del Rio y un año más se repetirá un ritual nada comedido ni estudiado de entronizar a un miembro afín de esta asociación cofrade en aquel sillón también de origen cofradiero dentro del pequeño espacio del recinto. Y un año más la alegría, la ilusión y como no el disfrute de los parroquianos que esperan a tan real personaje entre aquellas espumosas y frescas cervezas que nos dispensa ese “Señor Gambrinus”, tan sevillano y unido a nuestras tradiciones y esos deliciosos platos de “bacalao con tomate” que ha preparado con antelación algún miembro o tertuliano avezado en la gastronomía popular, sin necesidad previa de aprendizaje del Máster Chef y demás cocineros televisivos.

Pero para mí lo más importante del tema y rompiendo una lanza y mojándome hasta las trancas, pese a la visión que tienen algunos cofrades muy encorsetados y ortodoxos  con una tradición que ellos mismos crearon en parte y retroalimentan cada vez que pueden en contra de estas tertulias o asociaciones  donde el incienso y las marchas prevalecen todo el año, existen valores positivos como la amistad, la sociabilidad, la identificación con los barrios donde residen, etc. Pero quiero matizar uno tan importante como La solidaridad que en este caso superaría a la propia caridad, tan practicada por nuestras hermandades en estas fechas.

Solidaridad que tiene su salida o estación de gloria precisamente este día y unas horas antes de la mano de ese personaje, hoy sin nombre, ni apellidos, ni siquiera pertenencia cofrade que casi todos los tertulianos conocen pero que por unas horas todos reconoceremos como “nuestro monarca”, aunque jamás hayamos sido monárquicos. Y es que este Rey va a tener en sus manos el poder y la magia de regalar la ilusión y la alegría, a esos seres que un día la naturaleza les negó, lo que a  otros nos colmo en exceso, esos seres, niños eternos del amor, la inocencia  y la incomprensión en muchas ocasiones, es lo que se denomina comúnmente discapacitados.

No solo el Rey será testigo de este milagro que como todas las obras grandes y buenas solo pueden construirse con las herramientas del Amor, con letras mayúsculas, sino que siempre será acompañado por un pequeño sequito de ayudantes que lo trasladan y ayudan, pero en este año de 2018 una de ellos  que jamás faltó a la cita, se ha ausentado porque aquel Dios eterno que cada uno ponemos rostro en cada uno de nuestros titulares, la llamo a su lado en tiempos de la canícula estival y la ascendió por su bondad a ser ese ser inmaterial que siempre nos guía e ilusiona desde los cielos de esta su Sevilla, transformándola en “La Estrella de la Ilusión”.

Y un año más durante todo el año entre Estrellas Sublimes, Amargura o Virgen del Valle, entre aquellos cuadros impregnados del olor de una eterna primavera, degustando las tradicionales viandas que el amigo Juan  nos deleita como Mesonero Mayor del lugar, seguirá funcionando de manera altruista y sin ánimo de lucro ese “Bote” para que cada año aquellos niños acogidos en la Casa Hogar de Nazaret puedan tener con el esfuerzo de todos sus regalos de Reyes. Ese “bote” y esa Lotería que suele venir de tierras lejanas (Madriles y Catalunya) y que nunca toca, pues a todos nos consta que la sonrisa y la ilusión de estos niños es el mejor premio que nos puede deparar la Diosa Fortuna.

Y mañana mismo o mejor hoy mismo, los tertulianos , amigos y vecinos, disfrutaremos entre cervezas, tinto y bacalao con tomate de un culto no ritualizado, donde la amistad y la convivencia en la larguísima  espera del ilustre Mago, que vuelve un año más a realizar su milagro, los niños revolotearan alrededor preguntando una y mil veces en la tensa espera y ya al final entre los sonidos del claxon de la moderna carroza de muchos caballos y tecnología japonesa aparecerá con su cara algo impávida el bueno de Jose Ignacio Cabeza, que como siempre ejerce de cochero de tan real personaje, que lo llevara sin equivocarse un ápice y por el camino más corto como dicen en el reverso nuestras papeletas de sitio, porque sabe que siempre está con El y lo guía su “Estrella de La Ilusión”.

Es muy recomendable que se lean estas líneas todos aquellos que desde una visión un tanto miope,  piensan que los cofrades en general solo servimos para sacar Santos a la calle…………….

 

Dedicado a mis amigos de la Tertulia Albores, y a aquellos niños del Hogar de Nazaret que siempre serán los nuestros.










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