Arte Sacro
  • Noticias de Sevilla en Tiempo de Adviento
  • sábado, 05 de diciembre de 2020
  • faltan 113 días para el Domingo de Ramos

Liturgia. La Liturgia de la Palabra (VI). Jesús Luengo Mena


Siguiendo con la Liturgia de la Palabra, vemos ahora el salmo y el Evangelio.

El salmo se lee o canta tras la primera de las lecturas. Debería ser siempre cantado, por su propia naturaleza, pero la escasez de salmistas hace que la mayoría de las veces se lea.

El Evangelio tiene sus ritos propios, al ser la lectura más importante. Su proclamación está reservada a un ministro ordenado, diácono, si lo hay, que recibirá el encargo inclinándose ante el presidente pidiendo su bendición, o a un concelebrante presbítero, en este caso no hará el rito anterior. Si está el obispo, se inclinará ante él.

De no haber concelebrantes lo proclamará el presidente de la celebración.  

El rito del Evangelio comienza con el canto del Aleluya, que es una aclamación al Evangelio. Se canta de pie, mientras el sacerdote, sentado, pone incienso en el incensario. Si no se canta, puede omitirse. En Cuaresma se omite siempre, sustituyéndose por un versículo que se lee antes del Evangelio.

Tras poner el incienso se hace la procesión al ambón, con el turiferario abriendo marcha, dos luces que se colocan a ambos lados del ambón (cirios, velas o ciriales) y el diácono o el presbítero que vaya a proclamar el Evangelio, llevando, en las ocasiones solemnes, el Evangeliario el alto.

Al llegar al ambón coloca el Evangeliario, saluda al pueblo y mientras dice «Lectura del Santo Evangelio según…» lo signa y hace la señal de la cruz en la frente, labios y pecho, como el resto del pueblo (santiguarse sobra). A continuación le hace reverencia, lo inciensa con tres golpes dobles (o al Leccionario) y lo proclama, terminando con la aclamación «Palabra del Señor» respondiendo el pueblo «Gloría a ti, Señor Jesús». El sacerdote besa el libro. Todo el pueblo y los concelebrantes, si los hay, se han girado previamente, si es preciso, para mirar al ambón durante la proclamación. Si está el obispo, que escucha la proclamación con báculo pero sin la mitra, le lleva el Evangeliario para que bendiga al pueblo con él.

Como se puede ver, el Evangelio tiene las máximas muestras de respeto: se le besa, se le inciensa, se le hace reverencia, se acompaña con luces, se escucha de pie.

En otra entrega veremos la homilía, el credo y la Oración de los Fieles.

Fotos: Juan Alberto García Acevedo.










Utilizamos cookies para realizar medición de la navegación de los usuarios. Si continuas navegando, consideramos que aceptas su uso.