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Cerezal, el maestro del color en la cartelería de la Semana Santa de Sevilla


José Fernando Gabardón de la Banda. He tenido el honor de ir conociendo en los últimos años, por mi profesión de historiador de arte, a un grupo de artistas que hoy puedo afirmar con honor que se han convertido en muy buenos amigos, entre los que se encuentra José María Jiménez Pérez-Cerezal, cuya personalidad y arrojo no deja indiferente a nadie.

José Cerezal nació el 20 de diciembre de 1973 en uno de los hospitales de la Ronda de Capuchinos, pasando una parte de su infancia en el sevillano barrio de San Lorenzo, en la calle Narciso Bonaplata, cursando estudio en el colegio de San Francisco de Paula, donde impartía clase uno de los docentes más excepcionales que yo he conocido, Don José Pérez Cerezal, que no solamente tuve la suerte descubrir el mundo de la química sino su amor por la Semana Santa, especialmente su cofradía de las Penas de San Vicente, por cierto, tío del pintor. En 1992 ingresó en la Facultad de Bellas Artes, transcurriendo sus estudios universitarios hasta 1998, que culminó sus estudios. Muy pronto comenzaría su carrera profesional, instalando su estudio en Valencina de la Concepción (Sevilla). Su taller es sin duda un verdadero museo, un despliegue de talento, una autentica cámara de recreación visual, en la que aparecen desplegados su obra más reciente, fotografías de recuerdos y homenajes colgados por las paredes, y por supuesto, todo el instrumental propio de cualquier pintor. A lo largo de estos últimos años se fue abriendo camino en un mundo profesional en que no faltaban los grandes creadores, por lo que no fue un recorrido fácil, y a pesar de ello se fue incluyendo en la nómina de los artistas renovadores de principio del siglo XXI. Uno de los ámbitos donde ha expuesto en más de una ocasión ha sido en los salones del Círculo Mercantil de Sevilla de la calle Sierpes, siendo muy renombrada la celebrada en el 2019, Pintura y Arte Floral: dos visiones complementarias, en la que participaría con Javier Grado o la colectiva que se realizó en homenaje al pintor Bartolomé Esteban Murillo en el Ayuntamiento de Sevilla (2018) o la de la Virgen de la Amargura. Y sin duda alguna se convierten en uno de los mejores cartelistas de las Cofradías y Hermandades de Gloria de Sevilla y su provincia, e incluso de algunos puntos de Andalucía.

No cabe duda que su ya amplia producción artística constituye en sí misma un anhelo renovador en el ámbito de las composiciones en torno a la Semana Santa de Sevilla en los últimos años. Y es que debemos de huir de una simple lectura de identificar su obra en el ámbito de un costumbrismo tardío, ya que ha demostrado a lo largo de su carrera, el todavía joven artista mostrar una visión muy personal en sus obras, que incluso alguno de sus compañeros lo han definido como «cerezalismo». Y creo que no va muy mal encaminado, ya que su paleta agitada se funde en el lienzo en una gama de fuentes de colores, que no deja indiferente a cualquier persona que contemple la obra, e incluso no cabe duda que es obra suya. No cabe espacio en blanco en sus lienzos, ni espacios donde no vibre, ni paisajes sombríos, es pura poesía lírica, evocadores de esos poemas de Ruben Darío en Azul. Y es que sin ninguna duda es el pintor del color, aquellos que exaltaron los fauvistas ya a finales del siglo XIX. El color fue el gran descubrimiento del arte hispalense, ya quedaría impregnado en los azulejos mudéjares que ostentaban tanto palacios como conventos, y con la irrupción de la escuela barroca sevillana con Juan de Roelas y Juan del Castillo comenzaría a ser incorporado en el quehacer artístico de los maestros, siendo Murillo su mejor exponente.

La llegada de las corrientes vanguardistas en el ámbito sevillano, el color retomaría su protagonismo, apagado en las corrientes tardobarroquistas, llegando a su máxima expresión en la obra de Gustavo Bacarisa. La impronta de Mondrian, con su concepción geometrizante a base de juego de cuadros, que lo llevaría a la abstracción geométrica, lo podemos encontrar en algunas composiciones de Cerezal, como las dedicadas a la Macarena, la Virgen del Rocío o la Virgen de Valme, en la que las imágenes marianas quedan resaltadas por el juego volumétrico de composición geométrica. No cabe duda que la concepción figurativa nunca desaparece en la obra de Cerezal, al contrario, en la efervescencia de los colores y el ritmo irregular de las líneas geométricas, emergen de manera excepcional sus retratos. En un repertorio interminable en la que ha representando a la mayor parte de las imágenes más devocionales del mundo cofrade, en la que comenzó con el de las Fiestas del Rosario (2008), Rocío de Triana, y el cartel de la Navidad de Sevilla (2016) y la romería de la Virgen de Valme (2019). Cabe destacar su habilidad como retratista y paisajística, en la que nuevamente nos sorprende por su visión vanguardista.

Una de las obras más excepcionales que me gustaría destacar de los últimos años es la realizada para la Parihuela dedicada al paso de palio de la Virgen de los Dolores de la Hermandad de las Penas de San Vicente, realizado en 2019. Y es que ha sabido recrear con su estilo personal en la calle Placentines, una de esas calles sevillanas que en si misma encierra la historia de una ciudad, resaltando su estrechez, en cuyo centro coloca el paso de palio, el foco visual sin duda de la composición, con la silueta de dos nazarenos de la Hermandad, y un fragmento de los paños de sebquab y parte del campanario de la Giralda. El impacto visual del color, la fuerza expresiva de su pincelada, en sendos brochazos que despliega marcos geométricos en la construcción del caserío de la calle. La imagen de la Virgen de los Dolores, la excepcional imagen que realizara Blas Molner en el siglo XVIII, aparece difuminada entre las bambalinas del palio y la propia candeleria, llenos de intensos colores, de un efecto lumínico. Estamos ante la recreación de aquellas composiciones de Dufy o Chagall e incluso Kandisky. Cerezal ha representado en varias ocasiones el Cristo de las Penas, uno de sus mejores logros, siguiendo los logros del puntillismo, en la que va delimitando el rostro de la imagen, situado en un primer plano, resaltando la fuerza expresiva del rostro que realizara Pedro Roldán. El recorrido del Lunes Santo seguiría con las representaciones que ha ido realizando sobre el Cristo de la Redención, el del Soberano Poder ante Caifás, dotada de una fuerza excepcional y su obra dedicada a Santa Marta.

Dedicado a Enrique Belloso España, Hermano de la cofradía de las Penas

José Fernando Gabardon de la Banda. Profesor de la Fundación CEU San Pablo Andalucía. Doctor en Historia del Arte. 

Fotos: Cristobal Cuberos Vidal










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