Arte Sacro
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La cuenta atrás a la Pasión. Juan Manuel Labrador Jiménez


 Humedecido el suelo por las lluvias invernales, Sevilla despierta con gozo ante una nueva cuaresma que se inicia con la ceniza que, en forma de cruz, impone el sacerdote en nuestra frente. Polvo somos, y en polvo nos habremos de convertir, en esa ceniza que se consume con la llama de una fe que nos guía al Puerto de la Salvación en Cristo, Nuestro Señor.

Atrás quedaron los días de la Expectación y de la Natividad, atrás quedó la gloria de Dios recién nacido, y el tiempo, por el túnel vertiginoso del paso de las horas, nos conduce a un periodo de ayuno y abstinencia, de reflexión, de encontrarnos con nosotros mismos, y meditar ante este mundo en el que nos hallamos. 

La cera se hace lágrima ardiente en los altares de culto a nuestros Titulares, el clavel es desposeído de su fragancia para empaparse con el aroma del incienso, y en el templo, largas filas de cristianos se acercan al Evangelio para, con la mano derecha sobre él, manifestar ante el libro abierto por las páginas de la mayor de sus devociones la fe que fue recibida por sus padres. 

Nace la cuaresma, y con ella los días de la más intensa espera para ver a Dios por las calles de la ciudad, a la par que María sigue a su Divino Hijo, enseñándonos a todos que eso es precisamente lo que hemos de hacer, seguir los pasos de Aquél que nos condujo a la Vida por su supremo sacrificio. 

Esta fecha que ahora llega, no nos confundamos, no es una época del año en la que nos dedicamos a asistir a conciertos de marchas procesionales, a ensayos de costaleros, a limpiar con todo el esfuerzo la plata... Porque todo ello ha de ser un rito sagrado, con un fin claro, rotundo y sincero. Si oímos una marcha, ésta es una forma de oración, si vemos a hombres con costales bajo las trabajaderas, éstos se están preparando para llevar al pueblo el Mensaje de Cristo a través de cada uno de nuestros pasos de misterio, y si limpiamos plata, no nos podemos quedar en el mero exorno, sino en que se realiza una tarea para manifestar nuestras creencias ante el mundo. 

Desde hoy mismo, se multiplicarán los actos de rezo del ejercicio del Vía-Crucis, pero éste no ha de basarse sólo en sacar una imagen de Jesús a la calle, sino en un rezo compartido entre todos los que allí estén presentes. Se aglutinarán en las agendas cofrades los besamanos y besapies, pero que éstos nos sirvan como un vehículo para acercarnos más a Cristo y a Santa María, para proclamar nuestro amor, pero que no todo se quede ahí, en ese exorno ya citado con anterioridad, sino que lleguemos más allá, que alcancemos una puesta en común, que es hacer llegar la Palabra de Dios a todos, al que cree y al que duda, al que ve nuestros cultos como una forma de preparación a nuestra Semana Santa para revivir la Pasión y al que ve todo esto como un complemento a un conjunto armónico sin que vea más de lo que ha de ver. 

Miércoles de ceniza, comienza la cuenta atrás, pero no nos aferremos solo en el deseo de ver al primer nazareno por la calle, sino que estos cuarenta días nos estimulen para reconfirmar nuestra esperanza en la Palabra corredentora de Dios cuando salga a nuestros encuentro en esta ciudad de la gracia.

Foto: Francisco Santiago










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