Jueves pastoreños. El arte de la pintura en la Hermandad de la Pastora de Santa Marina. Francisco Javier Segura Márquez
El pasado Martes, día 18 de Octubre, celebramos con toda la Iglesia la Fiesta de San Lucas, Evangelista, que pasó a la historia por haber recreado en su texto las escenas más importantes de la vida de María. Gracias a San Lucas, conocemos dichos relatos y los escuchamos en la celebración Eucarística de las principales Solemnidades y Fiestas marianas. Por este acierto en la descripción de las escenas de la vida de María, a San Lucas se le ha conocido como el “pintor de la Virgen María”, y con el tiempo, especialmente a partir de la Edad Media, con el nacimiento de las instituciones gremiales, los pintores se pondrán bajo el amparo de San Lucas, instituyendo Cofradías y otras Entidades en su honor.

Desde 1280, cuando nace una entidad gremial en Venecia bajo el nombre de San Lucas, pasando por las que se constituirán a lo largo de toda la Baja Edad Media y Edad Moderna, hasta el nacimiento del Círculo Artístico de San Lucas, en la Barcelona de finales del siglo XIX, muchos pintores se han amparado bajo la protección de este Evangelista, cuya conmemoración trae a nuestro Jueves Pastoreño el recuerdo de las principales obras de pintura que atesora en su patrimonio nuestra Corporación.
La feliz circunstancia de haberse fundado esta Hermandad en la veneración a un Icono pictórico justifica especialmente este homenaje que brindamos hoy a los pintores que, a lo largo de la historia, han legado su arte sumándola al conjunto de bienes de la Hermandad. Es por ello que, partiendo del icono fundacional recorreremos nuestra historia hasta nuestro días, deteniéndonos a contemplar, brevemente, cada una de estas interesantes obras.

Comencemos pues nuestro recorrido acercándonos a la figura de Alonso Miguel de Tovar (1678-1752), natural de Higuera de la Sierra, que ha de ser el responsable de la génesis iconográfica de la Divina Pastora con su lienzo primitivo, el cual vemos en la primera Imagen de la serie. Es obra de mediano formato, ideada para ser prendida en un Estandarte o Simpecado, constituyendo un Altar portátil para las predicaciones del Venerable Padre Fray Isidoro de Sevilla. Realizado en 1703, y presentado a los fieles el día 8 de Septiembre de aquel año en la Alameda de Hércules, representa la iconografía de la Divina Pastora según las disposiciones del Venerable Padre Fray Isidoro de Sevilla, que vino a fundamentar la propia pintura en su obra “La Pastora Coronada” y otras posteriores que publicó a lo largo de su vida.

Intercalada con las obras de Tovar que engrandecen nuestro patrimonio pictórico, y dando muestra así de la variedad de soportes y técnicas pictóricas de las que disfrutamos en nuestro patrimonio, debemos presentar aquí, con la segunda Imagen, la decoración floral realizada con la técnica del estofado, que presenta la talla de la Divina Pastora sobre su torso tallado, que puede asignarse a Juan Ruiz Soriano en fecha anterior a 1715. El estofado, con hermosos motivos florales sobre fondo rojo, centrado con un medallón circular con rayos flamígeros centrado por el anagrama de Jesús, se ha conservado a lo largo de los siglos por debajo de las vestimentas textiles de la Imagen. En 1992, el profesor Juan Manuel Miñarro consolidó y restauró dicho estofado, inspirándose en él para decorar por completo el nuevo cuerpo tallado de la Santísima Virgen, que es, de esta manera, una de las pocas esculturas, concebidas para vestir que presenta completamente decorada su vestimenta.

Cercanas en el tiempo, posiblemente realizadas ambas en el mismo año 1732, salidas ambas de la mano de Alonso Miguel de Tovar, como obras singulares dentro de su producción, presentamos, en las siguientes dos imágenes, otras creaciones del maestro higuereño. Desde 1724, Alonso Miguel venía trabajando para el Rey como pintor, y en 1731 fue llamado a Sevilla, donde se había establecido la Corte de Felipe V. En nuestra ciudad permanece de forma habitual, hasta 1734, cuando regresa a la Capital para inventariar las pinturas conservadas tras el incendio y destrucción del Real Alcázar.
Durante esa estancia hispalense fueron creadas, en primer lugar, las ilustraciones de las Reglas fundacionales (que representan a la Divina Pastora y a Santa Marina), y en segundo lugar, la pintura para el Estandarte de Gran Gala patrocinado por el VII Duque de Osuna, don José María Téllez-Girón y Benavides que fue portado durante más de un siglo por la Real Maestranza de Caballería en la Procesión Triunfal. Ambas obras, de diverso formato, tamaño y ejecución, testimonian la etapa de esplendor que vivía la Hermandad, así como la madurez artística de Tovar, que ya no abandonaría su puesto como Pintor de Cámara de Felipe V hasta la muerte del mismo.

Por orden cronológico, y retomando la obra de Ruiz Soriano que vimos en el estofado de la Imagen, hay que añadir en este espacio el retrato de Fray Isidoro que Juan Ruiz Soriano realiza en 1740, sin conocimiento del fundador y respondiendo al deseo que tenía la Hermandad de conservar las facciones del religioso capuchino para la posteridad, a pesar de su obstinado deseo a pasar desapercibido ante la historia. Dicho retrato, realizado con la excusa de hacer otro de Fray Luis de Oviedo, nos lo presenta con el Lienzo Primitivo de la Divina Pastora a modo de “cuadro dentro del cuadro” y con las obras más importantes de su bibliografía.

Si Alonso Miguel de Tovar, como hemos visto, es el principal difusor de la iconografía, o al menos autor de sus representaciones más icónicas, no le va a la zaga en calidad artística la firma de Bernardo Lorente Germán (1680-1759), que estuvo también en la órbita de la Corte durante su estancia en Sevilla. Sin embargo, no imitó los pasos de Tovar en su partida hacia Madrid y prefirió permanecer en nuestra Ciudad, trabajando para el ámbito eclesiástico, aunque también conservamos obras suyas de carácter profano.

El apelativo que le brinda Ceán Bermúdez acerca de ser “el pintor de las Pastoras”, se nos manifiesta en nuestra Hermandad en el tondo del Simpecado que, ceñido al del Rosario de Hombres, conservamos hoy orlado con un moldurón de metal plateado, cincelado y repujado, timbrado por corona real. Lo vemos en la siguiente imagen. Dicho tondo conserva una inscripción escrita sobre cartón por el propio Manuel del Real, que patrocinó su restauración, así como la recuperación de los Rosarios Públicos de la Hermandad tras la estabilización política de los años 20 del siglo XIX. Destaca el tratamiento del paisaje, mucho más detallado que en las versiones de Tovar. Se aprecia un mayor alargamiento y estilización de la figura de la Santísima Virgen, cuyo rostro centra el protagonismo por la luminosidad que irradia. Se ha conservado felizmente y hoy día preside los Rosarios Públicos de segunda clase, así como ocupa lugar destacado durante la Solemne Novena junto al Presbiterio.

Dentro del patrimonio de la Hermandad de la Divina Pastora, no podemos dejar de destacar el archivo histórico de la Archicofradía del Santísimo Sacramento de la Iglesia de Santa Marina, que acordó fusionarse con la nuestra en 1929 aunque no se llegó a concluir el proceso jurídico. En su archivo destacan los interesantes Libros de Reglas, especialmente el que acoge, con un precioso trabajo de caligrafía, las reglas aprobadas tras la Real Orden de Carlos III acerca de la actualización de las instituciones religiosas en la Real Resolución de 17 de Marzo de 1784.
Las nuevas Reglas, encuadernadas en terciopelo rojo, presentan en su interior dos ilustraciones (que mostramos en la siguiente imagen), acerca de la devoción eucarística de la Hermandad y la Inmaculada Concepción. Fueron realizadas por el pintor Andrés Rossi, que habitaría en Sevilla a partir de la segunda década del siglo XIX. En esta obra de pequeño formato se contemplan las innovaciones estilísticas de su trabajo en el contexto de la época que le tocó vivir, bebiendo de las innovaciones europeas de la pintura neoclásica y mostrando, también aquí, su principal dedicación como ilustrador de libros. La sencillez de su dibujo no es óbice para valorar la calidad que estas obras tienen. Podemos contemplarlas cada año del 22 al 24 de Mayo, cuando se colocan en la Mesa de Juntas para la celebración del Triduo al Santísimo Sacramento durante el Jubileo Circular de las XL Horas, que en 2023 cumple el 275 aniversario de su celebración en el seno de nuestra Hermandad.

En el transcurso del siglo XIX, el patrimonio de la Hermandad se vio enriquecido con obras interesantes como el retrato yacente de don Manuel del Real (1849), que referenciamos para encaminarnos al siglo XX, a lo largo del cual nuestra Hermandad se esmeró en la conservación de este patrimonio pictórico que hemos comentado. A su llegada a la Capilla de San Bernardo en 1992, le fueron legados piezas de corte popular como el Buen Pastor, Santa Rita de Casia, el Ecce Homo y la Dolorosa y otras que se fueron sumando a lo largo de los años.
A las puertas del siglo XXI, la Hermandad consiguió establecer una vinculación espiritual y personal muy estrecha con el pintor don Manuel Lobato Ruiz, del cual conservamos obras como la Santa Marina de inspiración zurbaranesca donado por nuestro hermano don José Luis Ruiz Moreno (1996), el San Miguel Arcángel del retablo mayor (2002), el San Juan Bautista que hace pareja con Santa Marina (2014), así como la Mater Divini Gratiae, que nos fue legada por el pintor en su testamento tras su muerte acaecida en 2019. Sin embargo, la obra más representativa es (como vemos en la siguiente imagen), el cartel del Tricentenario Fundacional, que sirvió en 2003 para anunciar tan importante efemérides. En él, contemplamos a la Divina Pastora inspirada en la Virgen que preside la obra de Velázquez titulada “La Coronación de la Virgen”, acompañada por un ángel que sostiene su sombrero en un plano celestial, al que responde una visión terrena de la capilla de San Bernardo, la Iglesia de San Gil y la Alameda de Hércules, como referentes de nuestra historia.
La edición de carteles anunciadores de diferentes efemérides, así como de la Salida Procesional del III Domingo de Septiembre, nos ha permitido engrandecer nuestro patrimonio con piezas de gran calado. De este modo, culminamos este Jueves Pastoreño con la obra de Jesús Zurita Villa, natural de El Carpio para el XXV aniversario de la Restauración del Culto en la Capilla de San Bernardo, así como el cartel del III Domingo de Septiembre 2022, obra de José Carlos Gil Torres, nacido en Álora, ambos nacidos en 1990. La obra de Zurita Villa nos muestra, en su ambiente simbolista habitual, la Divina Pastora como fuente de resurrección de aquel edificio que hoy se ha convertido en nuestra sede canónica. La pintura de Torres para la última procesión, todavía hoy adherida en algunos azulejos de las iglesias del centro, nos presenta una visión cromática singular de la Divina Pastora, con la Giralda, símbolo de la ciudad de la que su devoción y advocación es, sin duda alguno, otro de los referentes devocionales a nivel mundial.
Hasta aquí, nuestro sincero homenaje a los pintores que han enriquecido con su trabajo el patrimonio de la Hermandad. Sabemos que faltan muchos (entre nuestros hermanos se encuentran Víctor Padilla, Eduardo Cerrada, Antonio López y otros muchos), pero el espacio nos obliga a limitar su mención y desarrollo, proponiéndonos dar cabida a todos ellos en futuras ediciones del Jueves Pastoreño. Oramos por nuestros pintores, y por todos los creadores plásticos que dan gloria a Dios con su arte, para que en ellos sea loado nuestro Señor y reciba eterna alabanza por los siglos nuestra Madre Amantísima, la Divina Pastora de Nuestras Almas.