Jueves pastoreños. La Solemnidad de Todos los Santos y la Divina Pastora (I). Francisco Javier Segura Márquez
En los últimos compases del mes de Octubre, nuestra Hermandad se anticipa a la próxima celebración de la Solemnidad de Todos los Santos trayendo a este Jueves Pastoreño la primera de tres entregas sobre la iconografía de la multitud de los bienaventurados en torno a María, así como la extensión del Culto de los Santos y su reflejo en la vida pastoral y celebrativa de la Hermandad a lo largo de todo el año. Hoy emplearemos el concepto de “patrimonio”, no solo ciñéndonos al propio de la Hermandad, sino al que la devoción pastoreña ha ido acrisolando a lo largo de los siglos.

Son numerosas las representaciones de la multitud de Santos y Bienaventurados que habitan las Regiones Celestes. Sevilla tiene una singular expresión de esta iconografía en la Imagen de Nuestra Señora Reina de Todos los Santos, esculpida por Roque Balduque en torno a 1554 y Titular de la Hermandad del mismo nombre que procesiona cada año el Domingo posterior a la Solemnidad. El origen de su iconografía puede encontrarse en el libro del Apocalipsis, en su capítulo 7.

El Evangelista Juan, en una de sus visiones supramundanas, afirma encontrarse con “una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos… Son los que vienen de la gran tribulación, han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios…ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno, porque el Cordero que está delante del trono los apacentará y conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos”.

En este fragmento encontramos la fuente iconográfica de muchas obras de arte que intentan representar esa multitud de santos en torno al Trono de Dios. Ya en 1423 Fra Angelico pintará sobre tabla en dos piezas a “La Virgen María sobre apóstoles y santos” (National Gallery, Londres), en un formato horizontal que superará Alberto Durero en 1511, cuando ejecuta su “Adoración de la Trinidad” para la capilla de Todos los Santos en Núremberg. Será en 1541 cuando Miguel Ángel presente en su “Juicio Final” para la capilla Sixtina el modelo definitivo para todas aquellas representaciones posteriores de la multitud de santos ante la Santísima Trinidad, destacando por su atrevimiento la versión contemporánea que ejecutarán Kandinsky en 1911 (Städische Galerie, Munich) pleno de colorido y de animación dinámica. Todas ellas, y otras muchas más que no mencionamos por falta de espacio, con María siempre en lugar privilegiado como Mediadora de Todas las Gracias.

La división, armónica y simétrica de los santos en dos grupos se trasladará a todas las pinturas que intenten representar el papel de María como “la más Santa de los Santos”. Así, colocándola en el centro de las Composiciones, la convertimos de nuevo en trono del Cordero, Cristo Jesús, que aparece en sus brazos, como en el caso de la Imagen de Omnium Sanctorum, que nos presenta en dos hermosos grupos de terracota policromada y estofada, las Imágenes de San José, San Lorenzo y San Basilio (en la segunda imagen), así como San Pedro, Santo Domingo de Guzmán y Santa Catalina de Alejandría (en la tercera fotografía), representado cada uno de ellos, con sus respectivos atributos, a diferentes categorías de Santos.

Desde el principio de la iconografía pastoreña, María Santísima aparecerá, especialmente en las disciplinas de pintura y grabado, rodeada de santos, que servirán para unir a la advocación con diferentes realidades de la Iglesia. Hoy nos ocuparemos de las representaciones colectivas que hemos ido identificando a lo largo del tiempo. De todas ellas, con respecto a la significación de la Solemnidad de Todos los Santos encontramos especialmente interesante una pintura (correspondiente a la cuarta imagen), posiblemente de origen novohispano, en la que visualizamos a María Santísima, ejerciendo como Pastora ante un rebaño inmenso, mientras le ayudan a guiarlo San Juan Bautista y el propio Arcángel San Miguel, que aparece también en el ángulo superior izquierdo matando al dragón, según dispone la tradición arquetípica de la Divina Pastora.

Hay en el ángulo superior una escalera de dos sentidos por la que suben los bienaventurados en sentido vertical, por un lado, y por la que descienden los condenados boca abajo, en una postura imposible. Es, desde lo curioso de su iconografía, un “Juicio Final a lo Pastoreño” que debe ser tenido en cuenta en la sesión que hoy hemos planteado.
En la quinta imagen, por su peculiaridad, queremos destacar un dibujo fechado en 1767, que se conserva en el Archivo General de Indias, en el que vemos a la Divina Pastora en el centro, rodeada de seis Santos que parecen repetir el esquema de Roque Balduque. Todos en actitud estante o de pie, nos encontramos, entre otros, a San José, San Francisco de Asís, San Francisco de Borja y San Antonio de Padua. Todas esas mismas imágenes fueron trasladadas desde Cádiz a Tucumán para la evangelización del Gran Chaco Gualamba.

La composición nos representa a María acompañada de Santos del mismo modo que lo hace otra, de carácter contemporáneo que vemos en la sexta Imagen, realizada hacia 1949 para el Convento de Padres Capuchinos de Sevilla, en la que vemos a la Divina Pastora rodeada de santos capuchinos. Los más cercanos son san Fidel de Sigmaringa y San José Leonisa, sin que falten cerca San Félix de Cantalicio o el propio Beato Diego José de Cádiz. Sigmaringa y Leonisa habían sido pintados, por vez primera junto a la Divina Pastora, en 1746 por Bernardo Germán Llorente.

Queremos comentar cuatro ejemplos más de representaciones pictóricas de María, Divina Pastora, junto a varios Santos. La séptima imagen nos presenta una pintura tardobarroca en la que vemos a la Divina Pastora con cuatro Santos a sus plantas. Es una obra que se conserva en el convento de Santa Catalina de Quito (Ecuador).Todos están arrodillados, y en forzada simetría simplifican la proliferación de Santos que hemos visto en los ejemplos anteriores. Podemos distinguir entre ellos a San Francisco de Asís, San Buenaventura de Fidanza y Santa Beatriz de Silva.

Otros tres santos acompañan a la Divina Pastora en una pintura sobre tabla, identificada en el mercado de antigüedades, en la cual contemplamos a la Divina Pastora acompañada por San José, San Pedro y Santa Teresa de Jesús, que acompaña a María en su labor de sostener al Niño Jesús, mientras en el plano superior podemos constatar la presencia de la Santísima Trinidad. Es una obra de mediano mérito, muy abocetada, pero que testimonia también la abundancia de representaciones de María Santísima junto a estos santos que celebramos de forma conjunta en la Solemnidad del 1 de Noviembre.

Una hermosa composición, realizada en cerámica por Enrique Orce y procedente del Convento de Padres Capuchinos de Sevilla, nos sirve para ejemplificar a la Divina Pastora acompañada de tres Santos. En este caso, la Divina Pastora, con el Niño Jesús en brazos, es honrada por la presencia de San Fidel de Sigmaringa, San Félix de Cantalicio y de nuevo el Beato Diego José de Cádiz. San Félix reproduce su gesto de sostener al Niño Jesús, como lo vemos en tantas otras pinturas y el Beato Diego José se nos presenta en actitud de leer atentamente las Letras Pontificias de la Concesión del Oficio de la Madre del Buen Pastor en 1795. En este caso, además, el marco de la obra se enriquece con la presencia de otros religiosos, ya fallecidos y en diferentes estadios del reconocimiento de su santidad, que vienen a enriquecer el sentido de la representación de santos en torno a María, Madre y Pastora Nuestra.
La próxima semana nos ocuparemos de las representaciones de Santos por parejas, individuales y otras derivaciones de esta antiquísima iconografía. Hoy nos despedimos con esta “Divina Pastora con San Francisco y San Félix”, también de raigambre franciscana, en la que contemplamos a María, vestida con gran ampulosidad, sosteniendo a Jesús, Buen Pastor en el regazo. El Niño ofrece unas “florecillas” a San Francisco, mientras San Félix asiste arrobado a la escena. Vivamos con devoción la Solemnidad de Todos los Santos, ejercitando el ejemplo de los Santos y poniendo por intercesora a la Divina Pastora.