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El Niño Jesús en las hermandades y los conventos de Sevilla. Reyes Pro Jiménez


Es tradición que el mes de enero esté dedicado al Niño Jesús. Es una devoción muy arraigada en hermandades y conventos de la Ciudad. Su imagen está muy presente en todos sus conventos y en el día a día y los cultos de las hermandades, siendo titular de algunas de ellas.

Un ejemplo es el Dulce Nombre de Jesús en la Hermandad de la Quinta Angustia, imagen del Niño Jesús que participa en la procesión del Corpus de la Real Parroquia de la Magdalena, sobre ella volveremos más adelante. En el mes de enero procesionan en Sevilla otras imágenes del Niño Jesús, como el de la Hermandad del Valle, o el titular de la Archicofradía del Carmen en el Convento del Santo Ángel, que es imagen réplica del Milagroso Niño Jesús de Praga.

Además podemos ver muchas tallas del Niño Jesús en las Hermandades siguiendo el curso del año litúrgico o de las distintas épocas y cultos, y cambiando funciones y vestidos. También estas imágenes corresponden a distintos modelos iconográficos en su hechura y no sólo en su atavío.

 

Niño Jesús, Hdad.Sagrada Mortaja. Foto Reyes Pro

Tomaremos el ejemplo de la Hermandad de la Sagrada Mortaja. Esta Hermandad posee una imagen del Niño Jesús recientemente restaurada por Juan Manuel Miñarro. Sus vestiduras se varían a lo largo del año, se presenta con distintas vestiduras, por ejemplo revestido como sacerdote, con distintas casullas, y con la túnica de nazareno en el altar de insignias. Su iconografía corresponde al Niño Jesús bendiciendo, triunfante, siguiendo el estilo inaugurado por Montañés y Juan de Mesa desde principios del siglo XVII.

Pero no es la única imagen ni la única función iconográfica del Niño Jesús en esta hermandad, como en otras muchas. Un uso cultual muy importante siempre ha sido la Adoración al Niño en la misa de Nochebuena o del Gallo, la hermandad de la Sagrada Mortaja lo realizaba hasta hace unos años con la imagen de Jesús de la Virgen de la Paz, titular del antiguo convento, sede de dicha hermandad.

  

Virgen de la Paz, Hdad. Sagrada Mortaja, con la imagen del Niño Jesús. Foto Reyes Pro

Dicha imagen no es la que originalmente acompañaría a la Virgen de la Paz, (obra del último tercio del XVI) pues su estilo es posterior y su tamaño algo mayor que el requerido para la imagen de la Virgen; el Niño es una talla del siglo XVII que podría ser en origen un Niño Pasionario, iconografía que después analizaremos, y que no coincidía bien con el ciclo litúrgico de la Navidad. 

Así, en el año 2008 se recibió una imagen realizada por Antonio Comas en barro policromado que sustituyó en el mencionado culto de la Adoración en la liturgia de Navidad a la imagen del Niño Jesús de la Virgen de la Paz. 

 

Niño Jesús, Hdad. Sagrada Mortaja. Foto Javier Comas Rodríguez 

 

Iconografía del Niño Jesús

El Niño Jesús es imagen que hoy nos resulta muy conocida, pero ¿cuál es el origen de esta representación tan familiar para nosotros? Vamos a detenernos en la iconografía del Niño Jesús como imagen independiente, exenta, que no forma parte de los Nacimientos o Belenes ni sigue la tipología de los Niños Jesús que podrían figurar en dichas representaciones.

Los Evangelios canónicos no ofrecen mucha información sobre la infancia de Jesús y por tanto tampoco dan muchos datos sobre el origen de la iconografía del Niño Jesús. Sólo los Evangelios de Lucas y Mateo dan algunas noticias respecto al Nacimiento y referencias breves sobre episodios de la niñez de Cristo (Circuncisión, Jesús entre los Doctores...). Pero es evidente que las imágenes del Niño Jesús siempre han respondido a una gran devoción de los fieles, siendo muy antiguo su culto (el Niño de Santa María de Aracoeli en Roma, según tradición es una imagen del siglo VII).

 

Niño Jesús de Santa María de Aracoeli en Roma. Foto Wikipedia

 

Los orígenes de la iconografía pueden estar en el arte clásico romano, que influyó en el arte religioso durante la época paleocristiana y la Alta Edad Media, siendo el ejemplo más claro de esta influencia la iconografía del Buen Pastor. Dicha influencia clásica se extendería en el Renacimiento y el Barroco, sobre todo a través de la moda del coleccionismo, con ejemplos en Sevilla como la colecciones de Argote de Molina, la del duque de Alcalá en la Casa de Pilatos, la del humanista Rodrigo Caro, etc.; y además es fundamental en las transmisión de imágenes clásicas el papel que tuvieron las estampas que las reproducían, usadas por los artistas como modelos, por ejemplo Alonso Cano y Jerónimo Hernández tuvieron gran cantidad de ellas.

Así, el precedente de las iconografías del Niño Jesús puede casi con seguridad situarse en el arte clásico romano, en el que existen representaciones infantiles, aisladas o acompañando a otras esculturas en escenas históricas, mitológicas o incluso funerarias. En ellas se puede apreciar cierta analogía con la forma de realizar posteriormente las imágenes del Niño Jesús. Dos ejemplos son las figuras de un niño de la familia del Emperador Trajano (colección Brummer, de Nueva York) y del Emperador Marco Aurelio en la infancia (Galería Borghese, de Roma). 

Existen otros precedentes más inmediatos de la iconografía del Niño Jesús, que se encuentran en el Renacimiento italiano, más concretamente en el Quattrocento, son las figuras infantiles de Andrea del Verrocchio (1435-1488) que recreó distintos tipos clásicos de amorcillos romanos (los llamados “putti”), sobre todo para decorar las fuentes. En Italia, Flandes y España de la época del Renacimiento se crearon como escultura exenta, siendo Desiderio da Setignano (1430-1464), el pionero en elaborar una serie de imágenes del Niño Jesús en madera y mármol. También durante el siglo XV, en la ciudad flamenca de Malinas se comenzaron a elaborar unos modelos en madera en torno a los 30 cm. con una anatomía esquemática, en actitud de bendecir, rostros sonrientes, ojos rasgados y cabellos rubios y rizados; estas figuras tuvieron una gran difusión, sobre todo para la devoción particular, llegando muchas de ellas a España.

Niño Jesús. Museum Hof van Busleyden, Malinas, Bélgica. Foto web Museo 

 

Niño Jesús Salvador del mundo, bendiciendo o eucarístico.

Las más antiguas representaciones del Niño Jesús como Redentor o Salvador del Mundo corresponden al siglo XV y comienzos del XVI. Desde el citado siglo XVI triunfa esta iconografía que continuará con gran auge durante los siglos siguientes siendo la más extendida, tanto en actitud de bendecir como portando atributos eucarísticos.

Es famosa la imagen del Niño Jesús de Praga, que con su mano derecha bendice y con la izquierda sostiene un globo, pues esta iconografía se relaciona con la del Niño Majestad, ya que en ella a veces el Niño presenta el globo terrestre. De hecho se suelen mezclar atributos entre distintas iconografías del Niño Jesús, existen ejemplos que presentan el ademán de bendecir portando además la Cruz, atributo de los Niños Pasionarios y también símbolo triunfante de Resurrección y Victoria. 

 

Niño Jesús, Hdad.Quinta Angustia, foto web hermandad

Uno de ellos es la imagen del Niño Jesús que la Hermandad del Dulce Nombre (de la Quinta Angustia) encargó al escultor Jerónimo Hernández, siendo la primera de esta iconografía realizada en la ciudad de Sevilla de la que hay constancia histórica.

Juan Martínez Montañés esculpió para la Hermandad Sacramental del Sagrario de Sevilla su famoso Niño Jesús, de madera de cedro en el año 1606 o 1607. Con esta imagen, que incide en la advocación eucarística, se creó lo que podemos llamar el prototipo de más éxito del Niño Jesús como escultura exenta destinada al culto, un paradigma muchas veces copiado a lo largo de los años y “exportado” a muchos territorios.

Niño Jesús del Sagrario de Martinez Montañés, foto web

El modelo iconográfico del Niño Jesús bendiciendo se perpetua, siguiéndose por los grandes escultores posteriores como Juan de Mesa, discípulo de Martínez Montañés y siendo muy abundante sobre todo desde la época del Barroco: existen ejemplos tallados por la Roldana (Niño Jesús atribuido a esta escultora y perteneciente a la Hermandad de la Redención de Huelva), o por Gaspar de Ribas y Francisco Dionisio de Ribas (Niño Jesús de la Hermandad Sacramental de San Juan de la Palma). Ya en el siglo XVIII el modelo evoluciona en algunos aspectos pues son habituales el mayor movimiento de los ropajes que estén esculpidos y la peana en forma de nube con querubines (Niño Jesús de las Comendadoras del Espíritu Santo) y asimismo comienza el uso de nuevos elementos: pelucas de pelo natural y ojos de cristal en un intento incluso de hiperrealismo. 

El Milagroso Niño Jesús de las Comendadoras del Espíritu Santo, Sevilla. foto web

El modelo iconográfico adopta algunos otros subtipos, como el Niño Majestad que nos lo muestra  como un Rey, vestido con trajes lujosos, ostentando atributos propios de su realeza y sentado en un pequeño trono. 

Niño Jesús entronizado del Convento de Santa Paula de Sevilla. foto web

Los Niños Pasionarios

Esta iconografía corresponde al modelo de los Niños de Pasión que vincula la imagen infantil de Cristo con su futura muerte en la cruz, es una representación  que contó con gran difusión en los siglos XVII y XVIII. En muchas ocasiones responde a imágenes del Niño Dormido que, a pesar de centrarse en un pasaje dramático de su vida, trasmiten serenidad. La iconografía tiene origen en el siglo XVI, y se extenderá a través de la influencia de los Jesuitas.

El Niño Dormido suele aparecer con una una calavera que representa el triunfo de la vida sobre la muerte, respondiendo a un tema extendido en el Renacimiento y el Manierismo, que incorpora elementos simbólicos de la vida y la muerte, como la imagen infantil. Podemos encontrar su origen en la iconografía helenística de Eros dormido sobre un cráneo, de significación claramente fúnebre. Un ejemplo se conserva en el convento de Santa Paula.

Niño Jesús del Convento de Santa Paula de Sevilla

También puede considerarse como Pasionario el modelo de los Niños Jesús llorones. Así según él, un “Niño Jesús lloroso” del convento de San Leandro de Sevilla, al que la comunidad llama el “Quitapesares”, y en el que Gómez Piñol ve la huella de los genios funerarios infantiles del mundo clásico romano.

Estos niños presentan atributos pasionarios, coronas de espinas, sin nimbo ni potencias, a veces lágrimas. Generalmente la imagen está de pie aunque también pueden aparecer ejemplos de Niños sentados sobre riscos de piedra o sillones tallados, recostados, e incluso de rodillas. Generalmente melancólicos, los Niños Pasionarios se llaman por algunos estudiosos como “Niño ensimismado” o “Niño melancólico”.

En otros casos el Niño Jesús Pasionario aparece con la corona de espinas pinchándose con una  de ellas, en premonición de la Pasión. Es un modelo que parece tener su origen también en imágenes clásicas, en este caso “El Espinario”. No hay tantos ejemplos de esta iconografía como podemos encontrar, por ejemplo, de los Niños bendiciendo; pero aún existen menos de los Niños Jesús clavados en la Cruz, modelo iconográfico que no tuvo éxito entre los fieles y que llegó a tener el veto de la jerarquía de la Iglesia.

 

Otras iconografías del Niño Jesús

Existen otras iconografías sobre el tema central del Niño Jesús, como el Niño del Sagrado Corazón, una de las extendidas más recientemente sobre todo durante el siglo XIX, o el Niño Buen Pastor, producto de la piedad del siglo XVIII, época de vigencia del gusto “pastoril” en la que las damas de las cortes reales y la nobleza se solían disfrazar de pastoras; aparece vestido como tal pastorcito y con el báculo o cayado además de otros elementos complementarios, incluso acompañado por ovejas. Cuando aparece junto a la imagen de la Divina Pastora el Niño Jesús pastorcito suele estar como figura exenta, como es el caso del pequeño grupo del Museo conventual del Santo Ángel.

Niño Jesús pastorcito, Museo del Santo Ángel, web Artesacro.org

En el Convento de Santa Ana existe una imagen de Niño Jesús Dormido sobre la calavera, pasionario, presenta también atributos pastoriles al ir acompañado de pequeñas ovejas si bien estas son con seguridad añadidos posteriores a la ejecución de la talla.

Niño Jesús Dormido y ovejitas, Convento de Santa Ana. Foto Reyes Pro

Además existe una gran variedad de adaptaciones de las imágenes del Niño Jesús, normalmente en la iconografía del Niño que bendice o el eucarístico, en base a las vestiduras y accesorios: peregrino, fraile, sacerdote, obispo, etc. cada imagen con sus propios hábitos o vestiduras. Entre ellos hay que destacar los vestidos con la túnica de nazareno, muy presentes en las Hermandades y de los que hemos mencionado el ejemplo de hermandad de la Sagrada Mortaja de Sevilla.

 

El Niño Jesús en los conventos

No podemos dejar de incidir en la presencia del Niño Jesús en las órdenes monásticas, de la que ya hemos visto algunos ejemplos, pues su culto tiene también conexión con varios santos de estas órdenes religiosas. Como San Francisco de Asís, quien dispuso el recuerdo de la Navidad reproduciendo un pesebre y celebrando ente él la misa de la medianoche, o San Antonio (de Padua o de Lisboa) quien fue muy devoto del Niño Jesús.

Pero entre los santos que más contribuyeron a difundir la devoción al Niño de Belén están Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Santa Teresa llevó siempre en sus viajes una imagen del Niño, y en cada convento mandó tener y honrar una bella imagen del Niño Jesús. Así, los Niños Jesús, cada uno bautizado con un apodo acorde con su iconografía o alguna de sus características, han sido muy abundantes en los conventos del Carmelo Descalzo. Es un ejemplo la magnífica colección que hoy día podemos ver en el Museo del Convento del Santo Ángel de Sevilla y los Niños de los conventos que hemos citado al mencionar sus distintas iconografías.

En todos los conventos de clausura femeninos, de las distintas órdenes, era habitual que estas imágenes fueran llevadas a la comunidad en el ingreso de las religiosas, como devoción particular y como dote simbólica de su «matrimonio» con Cristo. Dependiendo de las posibilidades económicas de las familias variaba la calidad del escultor de la talla y la riqueza de sus accesorios. Muestran muy variadas iconografías, según las advocaciones y las devociones de cada religiosa, y se modificaba su vestimenta con túnicas, camisas, batones o vestidos con bordados y encajes. Incluso las monjas solían confeccionar la «Canastilla mística», elaborando prendas para una figura del Niño Jesús, que en algunos casos se acostaba en una pequeña cuna, como vemos por ejemplo en una imagen del Niño Jesús del convento de Santa María de Jesús.

 

Niño Jesús en la cuna. Convento Santa María de Jesús. Web Artesacro.org

 

Reyes Pro Jiménez

Historiadora y bibliotecaria










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