Arte Sacro
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El corazón atravesado de la Esperanza. Antonio Sánchez Carrasco


Como me cansan un poco los cantos de sirenas hechos noticia de los medios en verano, voy a contarles los siguientes lunes, algunas historias de esas que no se contaron en los libros de cofradías, como esa serie de libros que tiene la editorial Almuzara, con ese título. 

Estábamos en pandemia con todo lo que eso conlleva, cuando la primera de las Esperanzas de mi vida pisó el suelo de la Ciudad. Mi padre nació en la calle Evangelista y la Semana Santa nuestra cada año solía ser las cofradías de Triana. En especial la Esperanza. En esta ciudad hay dos tipos de persona los que dicen la Esperanza y la Esperanza de Triana y los que dicen la Esperanza y la Macarena. No son más que dos caras distintas del prisma de la misma fe. Por suerte me permitieron fotografiar muy de mañana a la Esperanza de mi infancia. Aquella que cada año veíamos en el Altozano antes de desayunar. En tiempos en los que una bulla no era una turba multa.

La Virgen estaba hermosa, muy hermosa. Subida en su peana, pues no era besamanos y con el escenario necesario en un acto de veneración. Con todas las joyas y todo lo mejor de su palacio la Reina recibía a quien llegaba a verla. Dos joyas llamaron mi atención de un lado el clavel que donará Bobby Deglane el mítico locutor de radio y de otro el corazón que le hiciera Fernando Morillo. Aquel clavel representaba la Esperanza para muchos que terminó frustrada en el accidente de avioneta que acabó con la vida de algo más de 20 personas y dejó heridos a más de cien, cuando una avioneta desde la que se realizaban fotografías se enredó en los cables de la luz y se precipitó sobre la multitud. En aquella “Operación Clavel” que fue la respuesta de España ante el desastre de las inundaciones en Sevilla provocadas por las subidas del Tamarguillo en 1961. Aquel caudal de solidaridad fue dirigida y canalizada por el locutor de radio, Bobby Deglane. De ahí el clavel que como homenaje fue regalado por Franco al locutor como homenaje y Él lo regaló a su Virgen. Pierre  Deglané Douceriel, marino francés, conoció a una emigrante trianera llamada María Aurora Rodríguez- Portocarrero, en Chile. Se enamoraron y tras casarse entre su descendencia nació Roberto, que probablemente toda su vida fuera conocido como Bobby. Bobby llegó a España en 1934 y al parecer se casó con Pilar, una abulense de Arenas de San Pedro que había tenido de profesor de francés a Antonio Machado, otro de esos sevillanos poliédricos del que hablaremos más adelante. Ambos se casaron antes de lo previsto para que el suegro de Bobby que era organista, pudiera refugiarse en la embajada de Chile. Al parecer  el gran locutor estuvo en la fratricida batalla del Ebro y fue uno de los más de 1000 presos que  Melchor Rodríguez, “el ángel rojo”, liberó de una muerte cierta. Melchor tiene una placa que recuerda su nacimiento en la calle San Jorge muy cerca de donde la Esperanza de Bobby luce aquel clavel que el Jefe del Estado le dio por aquello que se dio en llamar la “Operación Clavel” el mismo año en el que Franco le dio el clavel, 1961, también fue nombrado hijo adoptivo de la Ciudad, nombramiento que no recibió hasta 1977.

Se sabe que era hermano de la Esperanza de Triana y que Alfonso Jaramillo, muy de Triana y del Real Betis Balompié le dejó una túnica para que saliera de nazareno. Murió en Madrid el año antes de que coronaran en la Catedral de Sevilla a su Esperanza. Ese mismo año el de la Coronación, 1984, se le rotulaba a Bobby su calle en Sevilla. En ese callejón que nació entre Canalejas y San Pablo. Y allí quedaba en el otro lado del pecho de la Madre trianera el corazón atravesado un poco más arriba del plano en el que se encontraba el clavel de Bobby, que estaba en su mano izquierda, en una diagonal perfecta entre ambos. Me obsesionaba una presea con tanta historia y otra que sólo conocía su autor, Fernando Morillo Lasso, aquel vestidor de la Virgen que era joyero de Triana que trabajaba su arte donde antes hubo una funeraria. Con la de historias que encierran las joyas de las imágenes sagradas, como aquellas joyas de Rociana que fueron la herencia de una madre y que en 1918 se convirtió en la primera ofrenda a la Virgen del Rocío de Almonte para su coronación de 1919. Además tenía ese corazón atravesado tanta cercanía con la cara de la Virgen... Pregunté y pregunté pero no conseguí saber porque. Hasta que alguien a media voz en una de esas pocas tascas que quedan en Sevilla y apurando la última cerveza mientras barría el tasquero me lo dijo. “Conozco la historia pues me la contó la familia que encargó la realización de aquel corazón a Fernando Morillo”. Y es que aquel corazón fue la consecuencia de un niño que se malogró. Un no nato originó aquel corazón, o mejor dicho su encargo. El dolor atravesado de una madre que sufrió un aborto natural provocó el encargo para que el artista dejara para siempre aquella joya en el pecho de la Madre que sufrió la muerte de su Hijo, el mejor de los nacidos. Desde aquel día miraría siempre de otra manera aquella joya que tantas veces me había llamado la atención, en el pecho de la Esperanza de mi infancia.

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Foto: Antonio Sánchez Carrasco.