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El Cid y las cofradías. Antonio Sánchez Carrasco


La figura de Rodrigo Díaz de Vivar siempre ha sido llamativa en la historia de España. Malversada y maltratada. Con múltiples publicaciones a favor y en contra. Hasta que se estrenó aquella serie televisiva sobre su vida. Como toda obra que se estrena en la época de las redes sociales y de la opinión generalizada. La serie estaba llena de prejuicios, desde los actores que la realizaron, con alguna que otra declaración previa desafortunada, a los televidentes que valoran la serie por las manifestaciones previas de los actores. Todo aquello con lo que te enfrentas cuando creas algo en la sociedad de la información y la opinión. Nada ha hecho más daño a la sociedad actual que aquella máxima de “toda opinión es respetable” y es que la opinión para ser respetable debe de llevar detrás conocimiento. Pero bueno, no es la sociología ni la crítica televisiva, lo que tira de mis letras. Así que vamos con las cofradías y el Cid. Evidentemente en la época en la que el Campeador anduvo por Sevilla. Esto era un reino Taifa en 1079 cuando el Cid fue enviado hasta aquí a cobrarle tributos a Al- Mutamid. El Rey poeta además de pagar pidió ayuda porque la Taifa ziri de Granada había ido contra la población de Cabra con los castellanos García Ordóñez y Diego Pérez. El Cid haciendo valer el acuerdo con la taifa sevillana, fue contra la coalición de granadinos y castellanos, con sus mesnadas y las del reino hispalense en esa especie de acuerdo de protección que tenía Castilla con las Taifas y es que la aportación de la Taifa sevillana sostenía a Castilla en más cantidad que la granadina. Todo acabó con la victoria de los sevillanos incluso García Ordoñez fue hecho prisionero. A la vuelta a Sevilla a Rodrigo le nació el sobrenombre eterno y es que los musulmanes lo jaleaban “Sidi Rodrigo”, señor Rodrigo, de donde aquellas derivaciones de un lenguaje a otro acabó siendo nombrado como Cid.

Aún le faltaban dos siglos para que San Fernando cristianizara la Ciudad y trajera aquella Virgen de las Batallas que siempre le acompañaba y que pueden ver en el museo de la Catedral y si se fijan bien en la escultura que tiene el Rey Santo en su monumento de la Plaza Nueva. Además desde aquella visita que nos hizo el Cid estaba a algo más de dos siglos de la creación de la Hermandad del Santo Entierro y la Vera Cruz y tres para el Silencio y los Negros, dependiendo la teoría que sigamos para ver cual fue la primera de las hermandades de Sevilla.

Sin embargo no tardaría tanto el Cid en cruzarse con una cofradía en su vida. Y es que el propio Campeador junto con el Rey Alfonso VI fundaron la cofradía más antigua de España en Toledo. más bien en 1085, seis años después de su estancia en la ciudad Hispalense, en la conquista de la Ciudad Castellana fundaron la Santa Caridad . El Rey y el Cid fueron los primeros cofrades de una cofradía que tenía como finalidad dar sepultura a los difuntos y que adoptó el nombre de Santa Charidad. Se le sumaron como cofrades detrás de los dos primeros los capitanes Antonio Téllez y Suero Gómez. Para dar “eclesiástica sepultura” en alianza con el Arzobispo de Toledo a los difuntos. Una cofradía a la que perteneció el Greco. Alguna de las obras del pintor influyeron en los grandes maestros de la escenografía cofrade. La cofradía sigue procesionando el Martes Santo, tiene su sede en la iglesia de Santa Justa y Rufina, no hay santas más sevillanas. Como curiosidad la hermandad toledana (cuyo Cristo aparece en la foto que acompaña estas letras) sigue teniendo un mayordomo de finados.

El Cid volvió a Sevilla en 1929 en aquel monumento que realizara Anna Hyatt Huntington y que donara la Sociedad Hispánica de América, y que presidía Archer el marido de Anna. Fue colocado en la Avenida que lleva su nombre e inaugurado ese mismo año. El año 1929 fue declarado “el año de la Virgen” ya que se celebró el Congreso Mariano. Ese año se prohibió el cante de saetas de forma profesional y se limitaron el número de mujeres que acompañaban los cortejos y las paradas de los pasos por cualquier motivo. Ese mismo año mi Virgen de la Caridad del Baratillo dejó de advocarse como Soledad, para pasar a llamarse Caridad en su Soledad. También se bendijo el Cristo de la Sagrada Lanzada , el Señor de la Sentencia estrenaba la figuras secundarias de Castillo Lastrucci y el mismo imaginero restauró a la Esperanza de Triana entre otras noticias cofrades.

Desde aquel año el Cid sólo ha visto tres cofradías la Paz y Santa Genoveva de manera regular y al Cerro en la distancia, aunque aquel año que salió del Porvenir pudo verla de manera más cercana, de lo que doy fe pues yo iba en la cruz de guía tocando en la banda de la Redención.

En una de esas ferias locas del Prado de San Sebastián la peña er 77 aquel año que se organizó un congreso sobre el caballo en Jerez en desagravio por no ser invitado Babieca se organizó una parada de burros en los que se le daba alimento para la yunta y vino para el jinete. Aquellos locos de la Peña, llegaron a organizar un sorteo de la imagen con fines caritativos, por supuesto el ganador tenía claro que no podía dejar a la Ciudad sin la estatua de aquel que defendió a la Sevilla musulmana y fundó la primera cofradía de España. Pero eso ya es otra historia.

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Foto: Antonio Sánchez Carrasco.