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“El traje de Los Quinarios”. Mariano López Montes


MLopezMontes_El_traje_de_los_Quinarios_2026_2Pasa La Cabalgata y con las suelas de los zapatos aún pegajosas de esos caramelos que dejan esa consistencia “chiclosa” y pegajosa, que es la causa de invalidez y jubilación de muchos zapatos con varios trienios que se suelen utilizar para presenciar esta cofradía de la ilusión, monárquica y ateneísta, como la definiría un cursi o “un gloria bendita” con ansias de pregonero, que tanto abundan en esta ciudad.

Entonces, casi sin darnos cuenta, nos viene esa vorágine de Quinarios, Triduos, Novenas y algún acto extraordinario, que al contrario del “Gordo de La Lotería”, cada vez ocurren con más frecuencia.

La indumentaria adecuada y consolidada con años de vigencia y ponencia, es “el traje de los Quinarios” como nos gusta llamarlo, ya que con esta prenda nunca o casi nunca haces el ridículo y se evita el qué dirán.

El necesario traje para el cofrade, equivale al uniforme militar que siempre debe de inspirar seriedad, autoridad y respeto. Esto es la teoría, pero muchas veces la realidad es distinta, hay cofrades que acuden a los cultos como si fueran “Guardiamarinas del Juan Sebastián El Cano” en visita diplomática y otros aparecen con trajes más parecidos a los que nos daban en La Mili, de segunda mano muchas veces que para, Ovejo y Cerro Muriano daban el tipo, aunque no fueran nada de exclusivos y te sentara como “un auténtico Mamarracho”.

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Como casi todo lo que acontece en la vida, la cuestión es el mal llamado “vil metal”, o como se tenga más o menos engordada aquella que algunos llaman jocosamente, “la de Ubrique”. Hay muchos casos que algunos que no tienen ni uno ni la otra y ostentan el título muy sevillano y a la vez cofrade de “tiesos de solemnidad” tan aficionados y seguidores de aquel escritor infantil que se llamó Calleja; de ahí la expresión de todos conocida de “más cuento que Calleja”, otro también conocido del “don sin din” sin exponer aquí por respeto al lector su traducción en Latín.

Un buen traje de Quinario debe tener la solera acuñada año tras año en ese ropero que dicen que es de roble y que perteneció a un antepasado de todos conocido en la Hermandad y que se recibió de herencia directa por ser el más querido, aunque tenga alguna polilla como inquilina.

El buen traje para el Quinario debe tener un olor impreso de bolilla de alcanfor y de incienso, lo que demuestra la antigüedad en la corporación, la supuesta vinculación a la hermandad y sus titulares y esa entidad tan valorada que se llama tradición y que normalmente se expresa con la frase “De aquí de la Hermandad de toda la vida” y se cuantifica por la numeración en la nómina que al contrario de lo que pasa en la mayoría de las ocasiones, mientras sea menor mucho más valor.

Un detalle tan importante y que nunca se debe olvidar es una camisa acorde con el traje, aquí también todo varía, según otra vez “la de Ubrique” esté más o menos contenta, se puede utilizar desde el último estreno hecho en una sastrería de moda o la que se ha comprado a precio de saldo y que se anuncia en enero en algunos escaparates del centro, hasta esa otra que ya tenemos algo o muy “rozada” que estrenamos en la primera comunión del niño y que actualmente cursa (el niño) un Master de Energías Biodegradables.

Hay que ser totalmente tajante e intransigente con los colores tanto del traje como de la camisa, el azul marino y el gris marengo serían los colores de elección para el traje, a ser posible con tirantes, según me explica un amigo muy erudito en el tema, autentico “Dandy” en el vestir, caracterizado por su extrema elegancia y refinamiento.

MLopezMontes_El_traje_de_los_Quinarios_2026_3La corbata, “Ay la corbata“, pieza importante y distintiva del cofrade de buen gusto, de color oscuro y rayitas nunca estridentes con símbolos pequeños referentes a cualquier significado de cierta alcurnia. Abstenerse bajo pena de que te denominen “cateto”, “rojete” o de ser, “algo rarito”, en referencia a ese armario que alberga a tantos inquilinos.

El llevar corbatas estampadas con colores estridentes, o ilustradas con figuras exóticas sobre todo referentes a otras culturas y creencias, distintas a la religión católica que profesamos, según me sigue aconsejando el amigo, como verdadero erudito en el tema y de larga experiencia en cultos, quinarios y Funciones Principales; donde hay que afinar mucho más la estética, según me enfatiza el amigo estilista, ya que es el día grande, acude mucha gente y es el momento en que hay que poner toda la carne en el asador, en referencia al buen gusto y al estilo, claro.

Algo imperdonable seria aparecer con calcetines blancos y los zapatos sucios o deslustrados igual que utilizar botines, aunque se utilicen para jugar en un club de Tenis de cierto pedigrí. Esto podría ser visto y valorado por muchos cofrades rancios e intransigentes, al igual que reírse, decir un taco malsonante o expulsar cierta ventosidad mientras en el silencio sepulcral del templo se procede a escuchar la interesante plática del Orador Sagrado de turno.

En fin, todo evoluciona y se transforma, pero en nuestros cultos, nada o casi nada cambia. El mundo de la moda y sus tendencias muy poco o nada tienen que aportar a nuestras celebraciones cuaresmales y pre cuaresmales. Los grandes modistos y sus atrevidas propuestas, llenas de extravagantes creaciones serian para nuestros cultos como el dicho popular de “un santo con dos pistolas”, y aunque nos llamen “rancios y carrozas”. ¡Virgencita que me quede como estoy!

 

Fotos: Mariano López Montes









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