El Cristo del Perdón, oración y silencio en el Patio de los Naranjos.
Fco Javier Montiel. La Pontificia e Ilustre Archicofradía del Santísimo Sacramento del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla, fundada en el siglo XVI y con sede en la Parroquia del Sagrario, vuelve a llamar a sus hermanos en plena Cuaresma para ponerse, una vez más, a los pies del Cristo del Perdón. A las 20:00 horas, el templo anejo a la Catedral abrió de par en par sus puertas para el solemne triduo cuaresmal al Santísimo Cristo del Perdón, una de las devociones más íntimas de este enclave del barrio de Santa Cruz. No es sólo una cita de calendario: es la respuesta humilde de la hermandad sacramental al continuo latido de la Eucaristía que custodia la corporación en el primer templo de la Archidiócesis.

La predicación estuvo a cargo de Manuel Cotrino Bautista, canónigo de la Santa Iglesia Catedral y párroco del Sagrario desde 2016, profundo conocedor de esta comunidad y de la vida litúrgica de la seo hispalense. Su palabra, acostumbrada al lenguaje sobrio y hondo del Cabildo Metropolitano, buscará conducir a los fieles a una auténtica conversión del corazón ante la imagen del Crucificado que derrama perdón desde la cruz.














La voz de un párroco junto a su pueblo
El hecho de que sea el propio párroco del Sagrario quien presida y predique esta jornada del triduo subraya el carácter familiar y cercano de estos cultos. No se trata sólo de una cita señalada en el boletín, sino de un encuentro doméstico, casi de casa, entre un pastor y su pueblo, en torno a la imagen del Señor.
Vía Crucis por el Patio de los Naranjos
Al término del triduo, la celebración desembocó en el ejercicio del Santo Vía Crucis, que discurrió por el Patio de los Naranjos de la Catedral. Bajo el cielo de Sevilla, entre las piedras centenarias y el aroma de los naranjos, el Santísimo Cristo del Perdón recorrerió en silencio este claustro cargado de historia, convertido una vez más en itinerario de oración.





























El Patio de los Naranjos, antigua aljama y hoy antesala de la Catedral, se ha consolidado como un espacio privilegiado para el rezo del Vía Crucis, donde el murmullo de las letanías se mezcla con el crujir de la solería y la luz tamizada que se cuela entre las hojas. Allí, las estaciones fueron marcando un camino de contemplación: cada paso, cada detención, fueron una ocasión para recordar los sufrimientos de Cristo y, al mismo tiempo, las propias cruces de tantas familias que se acercan buscando consuelo.
El Cristo del Perdón, expuesto a la veneración
Concluido el rezo del Santo Vía Crucis, el Santísimo Cristo del Perdón quedó expuesto a la veneración de sus hermanos y devotos, prolongando así la oración más allá del propio ejercicio piadoso. Momento de silencio denso, de miradas que se clavan en el rostro sereno del Crucificado, de manos que se estrechaban al pie del retablo de la Puerta del Perdón, de lágrimas discretas que encuentran cobijo a la sombra de la cruz.




En ese instante, el bullicio de la ciudad quedó lejos y sólo importó la presencia callada del Señor que perdona, en la misma Catedral que día tras día acoge la vida sacramental de Sevilla. Para muchos, no ha sido sólo un acto más de la agenda cuaresmal, sino el espacio íntimo donde depositar nombres, historias y súplicas, confiando en que, una vez más, del Cristo del Perdón brotaron consuelo y esperanza para sus hijos.
Fotos: Fco Javier Montiel
