La tradición que se aprende en brazos: así se vive la Semana Santa desde la infancia

José Luis Martínez. En Sevilla, la Semana Santa no se explica, se hereda. No hace falta entenderlo todo para sentirlo. Basta con crecer rodeado de túnicas, cirios y pasos para que, casi sin darse cuenta, la tradición forme parte de la vida.
La imagen lo resume a la perfección: un nazareno de la Hermandad de San Pablo, en su estación de penitencia del Lunes Santo hacia la Catedral, sostiene en brazos a una pequeña que ya forma parte de este mundo. Aún sin palabras, pero con una presencia que dice mucho más que cualquier explicación.
La fe que pasa de padres a hijos
Las hermandades son, ante todo, familia. No solo por los lazos de sangre, sino por todo lo que se comparte en torno a ellas. Los más pequeños de la casa viven la preparación, los nervios previos, los recorridos y los momentos únicos que solo se entienden desde dentro.
Ese contacto temprano crea un vínculo que dura toda la vida. Porque quien crece así, difícilmente se desvincula de lo que ha vivido desde la infancia.
Una forma de vida que se transmite sin palabras
No hace falta enseñar, basta con vivirlo. Con acompañar, con llevar de la mano —o en brazos—, con compartir cada instante. Así es como la Semana Santa se mantiene viva generación tras generación.
Y en escenas como esta, sencillas pero llenas de significado, se entiende que el futuro de las hermandades está asegurado. Porque la tradición, en Sevilla, empieza mucho antes de poder recordarla.
Foto: Francisco Javier Montiel.
