Arte Sacro
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“Una luz que cruza la noche”. A la memoria de D. Aníbal Tovaruela Santos. Mariano López Montes


WhatsApp_Image_2026-04-07_at_21.49.09En la negra inmensidad de la noche de este Domingo de Ramos, donde las devociones, los sentimientos, los recuerdos y porque no decirlo las pasiones se abren camino y habitan en el corazón de los silentes nazarenos de San Juan como decían aquellos antiguos del lugar. Un nazareno más partió de su casa con su túnica blanca de La Cruz de Malta, a la última estación, esta vez de gloria sin horarios e itinerarios, que jamás te cansa y que se llama “eternidad”.

Conocí a D. Aníbal o simplemente Aníbal, desde la sencillez de su grandeza como persona que además regalaba a cuantos lo conocimos ese cariño verdadero y sin dobleces de una cara siempre serena a la que asomaba una leve y comedida sonrisa.

Medico de los de antes, sin ánimo de protagonismos ni blasones como tanto ha ocurrido en su profesión, que es también la mía. Pediatra del actual Virgen del Rocio, aquel que los antiguos y algunos todavía lo llaman “Er Morato”, siempre lo vi como un hombre con alma de niño bueno y no travieso, como sería mi caso, que usaba la bata blanca y el fonendo, para ejercer desde la bondad unos conocimientos que no eran pocos y que utilizabas desde la sencillez en beneficio de los más pequeños, tus niños como solías llamarlos.

Familia enraizada en aquel antiguo barrio de la calle Feria, cerca de La Encarnación y aún más cerca de aquel Convento de Sor Ángela de La Cruz, que siempre fue para ti y tu familia, aquel faro de creencia y devoción que también guió el rumbo de sus vidas en los momentos de marejada y de bonanza.

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Aunque ya los años y esa tremenda enfermedad que anula nuestros recuerdos, tuve la inmensa suerte de estar a tu lado cuando tu Virgen de La Amargura en su salida extraordinaria, sin palio y en soledad se acercaba a tu casa y se paraba justamente debajo de tu casa, devolviéndote las visitas que le hiciste a lo largo de tu vida y cada Domingo de Ramos que pudiste acompañarla.

Tu leve sonrisa de siempre afloro en tu cara y aunque ya te costaba ponerte erguido tuvimos la suerte y la oportunidad de agarrarte, aunque tus piernas ya flaquearan, tu corazón y pensamiento, estaban con Ella.

Que día tan señalado escogiste, o Ella te concedió, para realizar tu última estación, discreción, silencio y compostura como se estila en la cofradía. Papeleta de sitio de eternidad con la antigüedad de toda una vida hecha de bondad y servicio a los demás.

WhatsApp_Image_2026-04-07_at_21.44.34Un cirio blanco al cuadril como siempre llevabas, que gran lección nos dabas cada año de lo que debe representar un nazareno de Sevilla, a pesar de esa pléyade de trepas y figurones que desgraciadamente existen y se prodigan cada día más, queriendo ser en nuestras hermandades y cofradías lo que no son en la vida real.

Don Aníbal, o simplemente como te gustaba que te llamaran Aníbal te has ido para siempre, pero has dejado parte de ti en cuantos te conocimos, vivirás en nuestros sentimientos y siempre vivirás en nuestros recuerdos como aquel nazareno anónimo que son su luz vacilante acompañabas y alumbrabas el camino de tu Virgen de La Amargura. “Una luz que cruza la noche”.

¿Se puede pedir más? ¡Nada más ni nada menos!

 

Fotos: Mariano López Montes









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