Arte Sacro
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Presentado el cartel de la Romería 2026 de la Hermandad del Rocío de Triana a cargo de Juan Miguel Martín Mena


1000031163Arte Sacro. El pasado lunes se presentó el cartel de la Romería del Rocío 2026 de la hermandad de Triana, realizado por Juan Miguel Martín Mena.

La obra está realizada en acrílico, grafito, bolígrafo, transfer y collage sobre papel de algodón encolado a tabla.100 × 70 cm.

El cartel ensalza una imagen secundaria: aquello que habitualmente queda fuera del relato principal. No representa el acontecimiento, sino su preparación; no muestra la acción, sino la tensión previa al movimiento.

Los trajes, dispuestos e inmóviles, aparecen cargados de una energía contenida. La escena remite a una imagen reconocible cada año, pero desplaza esa cotidianidad hacia un territorio simbólico donde la ropa deja de ser un objeto funcional para convertirse en protagonista: señal, promesa y proyección de lo verdaderamente importante.

Los estampados amplifican ese relato silencioso. Oro sobre verde, piropos cantados, espadañas impacientes, mapas de carretas y pinos, recuerdos de quienes fueron y razón de lo que somos. Todo se despliega sobre los volantes como fragmentos de una memoria compartida.

1000031164La obra se centra en los rituales que ordenan nuestro día a día durante el tiempo de espera: ese instante en que todo está por ocurrir. Elegir, ordenar, consultar, anticipar, imaginarse en otro lugar; en definitiva, prepararse para ser felices. Son gestos mínimos que construyen poco a poco la ilusión y esos nervios previos al comienzo. Acciones pequeñas que, repetidas año tras año, terminan por convertirse también en tradición.
Lo extraordinario rara vez comienza en lo espectacular; casi siempre nace en lo íntimo, en lo cotidiano.

La técnica mixta refuerza esa idea de acumulación y memoria. Pintura, dibujo, escritura, transferencia e incorporación de materiales conviven sin jerarquías. Cada procedimiento deja la huella de un tiempo distinto: lo inmediato, lo corregido, lo recordado, lo añadido después. La superficie se convierte así en la propia historia de esta devoción: compuesta, inestable y construida por capas.

Hay también una reflexión sobre la ausencia. Ninguna figura humana aparece representada y, sin embargo, toda la obra habla de cuerpos: cuerpos que llegarán, que vestirán esas prendas, que activarán la escena fuera del cuadro. El espectador queda situado precisamente en ese intervalo, cuando todo está preparado y todavía no ha sucedido nada.

Más que ilustrar la Romería, la pieza propone pensar en la logística sentimental que la hace posible, en todo aquello que sucede antes de que comience la representación.

En ese sentido, la obra no habla solo de un camino, de una romería o de una salida. Habla del deseo de salir.









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