La Hermandad de la O volvió a llevar a Jesús Sacramentado a los enfermos de Triana
Arte Sacro. La hermandad de la O, en su vertiente sacramental, realizó ayer domingo, tras la eucaristía de las 10 horas, la procesión para impartir la Sagrada Comunión a los enfermos e impedidos de la feligresía.
La corporación del Viernes Santo se toma muy en serio esta procesión y, por ello, el resultado cada año va a mejor. Un cortejo con dos bandas, numeroso acompañamiento de los hermanos, perfectamente preparado, y con estrenos como las dalmáticas de los acólitos y los cuatro faroles alrededor del palio de respeto.
El encargado de administrar la Comunión fue el párroco y director espiritual, Óscar Díaz Malaver que, incluso, en algunos momentos del recorrido, se acercó a personas mayores en sillas de ruedas para darles el pan consagrado y ungirles la frente.
Durante el recorrido se instalaron diversos altares para que se colocara allí la urna con las Sagradas Formas y recibir el incienso por parte de los acólitos.
Abrió el cortejo la Banda de cornetas y tambores Ntra. Sra. del Sol y acompañando al Santísimo estaba la Banda de música del Carmen de Salteras.
Una tradición con más de cuatro siglos de historia
La vinculación de la Hermandad de la O con el culto eucarístico se remonta siglos atrás. Ya en 1615, cuando la antigua Iglesia de la O fue elevada a ayuda de parroquia de la Real Parroquia de Santa Ana para atender a la creciente población del arrabal trianero, la corporación comenzó a implicarse directamente en la administración de los sacramentos.
Desde entonces, el culto al Santísimo Sacramento se convirtió en una de las grandes prioridades de la hermandad, hasta el punto de que durante siglos esta procesión llegó a ser uno de los actos más importantes del calendario anual de la corporación.
El esplendor histórico de la procesión
Los archivos históricos conservan testimonios realmente impactantes. En 1752, por ejemplo, la procesión alcanzó un enorme esplendor con más de 200 luces, ángeles vestidos con gran riqueza, representaciones de la Fe, la Esperanza y la Caridad, música, danzas, clarines, trompetas, carrozas y la visita a trece enfermos de la feligresía.
Incluso en los momentos más difíciles del siglo XIX, la Hermandad priorizó esta procesión por encima de su propia estación de penitencia, reflejando la enorme importancia que tenía para sus hermanos y para todo Triana.
Una tradición recuperada y plenamente viva
Con el paso del tiempo esta celebración decayó hasta desaparecer en la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, gracias al impulso de hermanos como Rafael Díaz Díaz, histórico hermano número uno de la corporación, esta tradición pudo recuperarse.
A día de hoy, la procesión sigue visitando a enfermos de la feligresía que lo solicitan previamente y que son atendidos durante todo el año por la pastoral de la salud.
Fe pública y servicio silencioso
Más allá de su enorme valor histórico, esta procesión representa también una muestra visible del trabajo silencioso que realiza la Iglesia durante todo el año con enfermos y personas mayores.
El sonido de la esquila, los ciriales, el guion sacramental, los hermanos con cera roja, el palio que cobija a Su Divina Majestad y el respeto de todo un barrio vuelven a recordar que Triana mantiene vivas tradiciones que forman parte de su propia identidad.
Porque en la Hermandad de la O no se trata solo de conservar una tradición histórica: se trata de seguir dando culto a Jesús Sacramentado, como hace siglos.
Fotos: Juan Alberto García Acevedo.
