Sevilla acompañó un año más a María Auxiliadora Coronada en una procesión de fe y fervor salesiano
Arte Sacro. La Archicofradía de María Auxiliadora Coronada vivió en la tarde de ayer, sábado 30 de mayo, uno de los momentos más esperados de su calendario con la salida triunfal de María Auxiliadora Coronada y San Juan Bosco. Desde la Basílica de la Trinidad, la procesión volvió a recorrer calles de honda raíz devocional, en una jornada marcada por la oración, el acompañamiento de los fieles y el testimonio público de una devoción centenaria en Sevilla.
La procesión se puso en la calle a las 19:00 horas desde la Basílica de María Auxiliadora, en la Casa Salesiana de la Santísima Trinidad, siguiendo el recorrido anunciado para este año: María Auxiliadora, Mateos, Verónica, Gallos, Matahacas, Sol, plaza de los Terceros, Capataz Manuel Santiago, Alhóndiga, Almirante Apodaca, plaza de San Pedro, Santa Ángela de la Cruz, Dueñas, Doña María Coronel, Peñuelas, plaza de San Román, Sol, Madre Isabel de la Trinidad, María Auxiliadora y Basílica. Este itinerario volvió a llevar a la Santísima Virgen por enclaves donde su nombre despierta un cariño profundo y una fidelidad que pasa de generación en generación.
Abrió la procesión el paso de San Juan Bosco, en el que figuraba también el niño Domingo Savio. El paso fue mandado por el capataz Fernando Aguado y sus auxiliares, al frente de una cuadrilla de 30 costaleros. El exorno floral estuvo compuesto por claveles blancos y el acompañamiento musical corrió a cargo de la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Salud, de la Hermandad de los Gitanos.
Tras él avanzó el paso de María Auxiliadora Coronada, con 36 costaleros a las órdenes del capataz Antonio Santiago y sus auxiliares. La Santísima Virgen lucía exornada con rosas color champán y astromelias, mientras que tras el paso sonaban las marchas interpretadas por la Banda María Santísima de la Victoria, Las Cigarreras. En cuanto a joyas portó el juego de coronas de oro, pendientes de oro y esmeraldas (1941), su tradicional juego de pulseras y barbadas de oro, y estrenó un broche de oro enriquecido con topacios (1954), del que pendía la Medalla de la Ciudad.
Fueron muchas las personas hermanas, fieles y devotas que acompañaron un año más este acto de culto externo, uno de los más señalados para la Archicofradía y también uno de los más queridos en el calendario de glorias de la ciudad. Especial relieve tuvieron los saludos previstos durante el recorrido a distintos templos y comunidades, entre ellos el Santuario de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Santa María de las Angustias, la iglesia de los Terceros, las parroquias de San Pedro, Santa Catalina y San Román, así como la siempre emotiva visita ante la casa de las Hermanas de la Cruz en la calle Santa Ángela. Allí, como en tantos otros puntos del itinerario, la presencia de María Auxiliadora volvió a dejar una estampa de fe sencilla, cercana y profundamente sevillana.
La devoción a María Auxiliadora en la Trinidad ocupa un lugar central en la historia salesiana de Sevilla. La imagen llegó a la ciudad en 1895, fue coronada canónicamente en 1954 y el templo fue declarado santuario en 1981, hitos que explican la hondura de una veneración que cada final de mayo vuelve a hacerse pública en las calles. Un año más, la procesión triunfal dejó constancia de que la Virgen sigue reuniendo en torno a sí a generaciones enteras de sevillanos que encuentran en María Auxiliadora consuelo, amparo y esperanza.
Fotos: Juan Alberto García Acevedo.
