El Cerro volvió a llevar al Santísimo a sus enfermos 59 años después
Arte Sacro. La Hermandad Sacramental de Nuestra Señora de los Dolores del Cerro del Águila celebró ayer domingo 7 de junio una procesión de impedidos con carácter extraordinario, poniendo así el broche a sus cultos sacramentales de este año en una jornada de hondo sentido eucarístico y marcada por la conmemoración del primer siglo de presencia de la Iglesia diocesana en el barrio.
La cita comenzó con la santa misa a las 9:00 horas y, a continuación, el Señor salió a las calles del Cerro para acercarse a los enfermos e impedidos, en una de esas estampas que hablan por sí solas del alma de una feligresía. No fue una procesión más. Fue una vuelta a los orígenes, una recuperación de la memoria viva del barrio y de aquella fe sencilla y firme con la que los primeros hermanos y vecinos adoraron a Jesús Sacramentado en el primer culto externo documentado en la historia del Cerro.
La procesión contó con el acompañamiento musical de la Banda Municipal de Música San Antonio de Padua, de Villanueva del Ariscal, y recorrió un itinerario preparado para llevar la comunión a varios domicilios del barrio, repitiendo un gesto profundamente cristiano y sacramental que durante décadas formó parte de la vida religiosa de esta corporación.
La jornada tuvo además un valor histórico muy especial. Esta procesión volvió a celebrarse en las calles del Cerro 59 años después de la última vez. Por ello, fue la primera desde la fusión de la Sacramental en 1969, una circunstancia que da aún más relieve a lo vivido ayer. Durante más de dos décadas, aquella corporación organizó esta salida junto a la del Corpus Christi, concediéndole incluso preeminencia como principal culto externo.
Todo ello hizo que el barrio contemplara de nuevo una escena cargada de verdad, cercanía y fe. Jesús Sacramentado volvió a salir al encuentro de quienes no pueden acudir al templo, y lo hizo del mismo modo con el que el Cerro aprendió a rezar en sus calles. En un año tan señalado para la hermandad y para la parroquia, la procesión de impedidos no solo recuperó una tradición. También recordó que el centro de todo sigue siendo Él, presente y vivo, en medio de su pueblo.
Fotos: Antonio Sánchez Carrasco.
