La Hermandad de las Nieves revivió el milagro romano con la tradicional nevada simbólica
Fco Javier Montiel. La Hermandad de las Nieves volvió a vivir una de las noches más singulares de su calendario con la celebración de la Salutación a Santa María de las Nieves y la tradicional nevada simbólica, dos actos que evocaron el origen de una de las advocaciones marianas más antiguas y universales de la Iglesia.
A las once de la noche, Luis Miguel Murube Díaz, designado por la junta de gobierno de la corporación, pronunció la Salutación ante el Simpecado de la Santísima Virgen. Sus palabras sirvieron para preparar espiritualmente a los numerosos hermanos y devotos que se congregaron en torno a la titular gloriosa, en una celebración marcada por la oración, el recogimiento y la profunda devoción mariana. Murube formó parte de la junta de gobierno de la hermandad como secretario, responsabilidad que desempeñó en el anterior mandato de la corporación.


Concluida la Salutación, ya en los primeros minutos del 5 de agosto, la hermandad recuperó uno de sus gestos más simbólicos. La esperada nevada simbólica volvió a caer sobre el Simpecado, recreando el prodigio que, según la tradición, dio origen a la advocación de Nuestra Señora de las Nieves.


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La antigua leyenda sitúa el milagro en la Roma del siglo IV. Durante la noche del 4 al 5 de agosto, la Virgen María se apareció en sueños al Papa Liberio y al noble romano Juan, indicándoles que levantaran un templo en el lugar donde encontraran nieve al amanecer. Contra toda lógica, la cima del monte Esquilino apareció cubierta por un manto blanco en pleno verano. Aquel hecho extraordinario fue interpretado como un signo divino y dio lugar a la construcción de la actual Basílica de Santa María la Mayor, uno de los grandes santuarios marianos del cristianismo y dedicado precisamente a Nuestra Señora de las Nieves.


La Hermandad de las Nieves mantiene viva esta tradición mediante una sencilla pero significativa representación que trasciende el aspecto visual. La lluvia de petalos, que simulan nieve, sobre el Simpecado recuerda cada año el milagro romano y renueva la memoria de una historia que, durante siglos, ha alimentado la fe de generaciones de cristianos y ha inspirado innumerables manifestaciones artísticas y devocionales.
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La celebración volvió a convertirse en un momento de especial emoción para los hermanos y fieles presentes, que contemplaron cómo la simbólica nevada envolvía el Simpecado en un ambiente de silencio, oración y recogimiento. Un gesto que mantiene vivo el vínculo entre Sevilla y la antigua tradición mariana nacida en Roma, recordando que la devoción a la Virgen de las Nieves sigue encontrando en la fe de sus hijos el mejor testimonio de continuidad.
Fotos: Fco Javier Montiel
