Opinión. Amanecer Soleano. Rocío Varela
Ya queda en el recuerdo de los vagamundos de la noche, el amanecer junto a la Soledad más acompañada. Ese día no importaba que fuese mucho, poco o nada la limosna de recibirte en San Lorenzo mientras abrías tus pestañas…
Vestida como antaño, para la ocasión, sonreías por cada esquina de la ciudad, la cual esperaba, llena de entusiasmo, la llegada de la mañana para acompañarte hasta el repique de campanas de su torre más alta. Entre el rachear de todos tus hijos, las oscuras voces de los que dirigían Tu camino, el aire entre cortado de esa leve brisa que avivaba el despertar y el suspiro de los que te seguíamos, no hacía falta ni un sonido más… sólo mirarte y no encontrarte sola. Parecía que llevabas de la mano a todos los que, sigilosamente, nos acercábamos a Tu boca para hacernos partícipe de tu historia.
¡Y cómo relucían esas azucenas, blancas, en el dorado de tu canastilla, llenas de pureza como el agua de la fuente de la vida!... Decoraban ese misterioso encanto que envuelve Tu caminar. La despedida fue elegante. En esta ocasión no hubo saetas, ni nazarenos, ni ese aroma a nostalgia que dejas tras tu paso, pero la historia, Tu historia sigue…
Me encantaría tener algún día la sensación de sentirme sola con Tu Soledad, porque cada vez que me encuentro junto a Tu alma aparecen muchos, pocos y casi siempre todos mis sentimientos que no me dejan estar a solas contigo…
“A quién me enseñó a mirarte…”
Rocío Varela
Foto: Juan Alberto García Acevedo.
