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Conceptos fundamentales de la Semana Santa (y VI): El Cofrade. Javier Ramos Sáez


 Este es el término más importante de todos, pues el cofrade mantiene viva la Semana Santa, siendo creyente o no; sí, se puede no ser creyente y siendo cofrade al mismo tiempo. Hoy en día hay agnósticos en las hermandades pero son cofrades porque la Semana Santa comporta algo más que ser católico o cristiano; la Semana Santa es un fenómeno cultural muy arraigado en Sevilla; ser sevillano es también ser cofrade pues la Semana Santa y Sevilla forman parte de una unidad cultural determinada, igual que el feriante, que no es socio de una caseta y va al Real o el que no es proclive a la feria pero aún sigue yendo con sus amigos y familiares, el sevillano ama la feria porque es algo propio del sentir y el vivir de esta ciudad y de sus componentes. Todo esto entraría en lo que denomino la filosevillanía. El término griego φιλία (philia) significa “ser amante de”, así pues, la filo-sevillanía es ser amante de la sevillanía, y sevillanía es todo lo referente al corpus cultural e identificatorio que engloba nuestra ciudad de Sevilla.

Cofrade viene del latín cum (con) y frater (hermano), o sea, aquella persona que es hermano de otra. Esta terminología es muy exhaustiva a la relación de los hermanos en las hermandades. Una persona integrada en una hermandad adquiere el derecho de ser admitido como hermano, esto es, a ser identificado entre los demás componentes como a un igual o como a un hermano. El cofrade pertenece etimológicamente e inicialmente al ámbito interno de las hermandades; uno era cofrade cuando pertenecía a una hermandad, pero en la actualidad esto carece de sentido en cierta medida pues una persona que profese un amor hacia el mundo de las cofradías puede llamarse asimismo cofrade.

Al cofrade le motiva la Semana Santa, es el primero que cuenta los días para la llegada de la fiesta; es el primero que sale a la calle luciendo traje nuevo un Domingo de Ramos; come pestiños y torrijas; se abstiene de comer carne los viernes de cada semana cuaresmal; va de traje negro y corbata negra el Jueves Santo simbolizando el luto por la muerte de Dios; le encanta el incienso y el azahar; escucha marchas procesionales durante todo el año; generalmente pertenece a alguna cofradía y sobre todo es devoto de alguna imagen del Señor y de la Virgen.

No se es cofrade en cuaresma o en Semana Santa, un cofrade de verdad lo es todo el año; participa en los cultos de su hermandad y de vez en cuando ayuda en priostía.

El cofrade está muy bien etiquetado, y al que no le gusta todo lo relacionado con las hermandades no duda en tachar de capillita al oponente en un sentido peyorativo. Capillitas los hay: son esos individuos que no se pierden ningún besamanos o besapiés, no dudan en ir a cualquier procesión, sea del tipo que sea; hace reportajes fotográficos y siempre está en alguna capilla venerando cualquier imagen, parece que vive en ella. El capillita hace mucho por las hermandades, pues sin él todo este envoltorio religioso y ritual estaría huérfano.

A mi entender, ser capillita es todo un honor para el que tenga tiempo de dedicarse a todo esto. El capillita es un amante de las cofradías, es -podríamos decir- un filocumfrater.

Todo tipo de cofrade tiene cabida durante todo el año en Sevilla, y más especialmente, durante la Semana Mayor , la semana mágica que todos ansiamos vivir cada año.

El cofrade da fuerzas y aliento a las hermandades, es el “comprador compulsivo” de las esencias cofradieras de nuestra ciudad. Un concepto muy valioso en nuestra Semana Santa.

Foto: Francisco Santiago









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