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Liturgia. El papel del diácono en la misa (II). Jesús Luengo Mena.


 Continuamos analizando el papel del diácono en la Misa. Vamos ahora a ver su acción litúrgica en la Liturgia de la Palabra.

Si faltan lectores idóneos, el diácono puede proclamar las lecturas no evangélicas. Pero lo suyo propio es la proclamación del Evangelio, ya que es también ministro de la Palabra. Tendrá conciencia de que va a prestar sus labios a Cristo mismo: es el sentido de los ritos siguientes preparatorios a esta proclamación.

Al iniciarse el Aleluya, el diácono se levanta:

- si hay incensación asiste al sacerdote presentando la naveta;

- si no, se inclina profundamente delante de él y pide la bendición

“¡Bendíceme, Padre!”

El sacerdote dice: ”El Señor esté en tus labios y en tu corazón para que anuncies dignamente su Evangelio”. El diácono contesta con un Amen haciendo la señal de la cruz. Luego va directamente al altar por delante, toma el Evangeliario que había depositado al principio en el altar y se dirige procesionalmente al ambón, precedido del turiferario y de los acólitos con cirios. En esta procesión lleva el Evangelario algo elevado. Lo coloca sobre el ambón, abre la página del Evangelio, saluda a la Asamblea: ”El Señor esté con ustedes” y anuncia: “Evangelio de NSJCS según san...”. A continuación hace con el pulgar la cruz sobre el Libro y se signa, procediendo a la incensación.

 El gesto de abrir los brazos y extender las manos hacia la asamblea al decir “El Señor esté con vosotros“ no es preciso. La norma dice textualmente: ”con las manos juntas”. Asimismo al terminar la proclamación, dirá, cerrando el Libro: “Palabra del Señor!” respondiendo la Asamblea  “Gloria a ti, Señor Jesús!”. Al final, puede él mismo besar el Libro cerrado, diciendo en voz baja:

“Que las palabras del Santo Evangelio borren nuestros pecados”.

Si preside un obispo, le acerca el Evangelario para que lo bese (el libro, no la página) y entonces el obispo puede bendecir con él a la asamblea en las celebraciones más solemnes. Finalmente, puede llevar el Evangeliario a la credencia u otro lugar digno y destacado. Luego vuelve a su lugar.

También el diácono puede en ocasiones predicar, por encargo del presidente.

Conviene que en las parroquias que tienen la fortuna de tener un diácono la haga de vez en cuando.

La oración universal

Proponer las intenciones, a no ser que sean a cargo de algún miembro de la asamblea, es también función del diácono. Las proclama generalmente desde el ambón, en la forma acostumbrada. Cuando el presidente termina con la oración conclusiva, el diácono se dispone a preparar el altar para la Liturgia eucarística, que analizaremos en un próximo artículo.










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