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Ante el Nacimiento. Carlos Colón. Diario de Sevilla.


Carlos Colón. Diario de Sevilla. LO más difícil de verse es lo que tenemos ante las narices. El Nacimiento, por ejemplo. En él vemos ese pobre cobertizo o esa gruta en el que los cristianos creemos que Dios irrumpió en la historia para crecer como el hijo de un carpintero, predicar por los campos y los pueblos sin tener dónde reclinar la cabeza y acabar ejecutado de forma infamante. De su vida y sus palabras, que son lo mismo, se deduce su aprecio por la pobreza voluntaria y digna, y su desprecio por la riqueza. Incluso desde antes de nacer su historia está marcada por esta sobriedad que da su valor al pan de cada día y desprecia el exceso: "El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos", exclamó su madre cuando le fue anunciado su embarazo. Ésta es una de las grandes noticias que los cristianos celebramos esta noche en medio de una orgía consumista que, paradójicamente, trivializa hasta asfixiar aquello que se conmemora.

Despilfarramos así una de las más ricas aportaciones que el cristianismo podría hacer a la sociedad actual: la llamada a una austeridad solidaria. Algo en lo que el Evangelio coincide con algunos de los más lúcidos analistas de la realidad del último cuarto de siglo. Es el caso de dos de mis más queridos maestros de vida, Pasolini y George Steiner, asiduos visitantes de esta columna. Se da entre ellos una sorprendente, pero reveladora, coincidencia en el aprecio por la sobriedad y la digna pobreza que, a su vez, coincide con la buena nueva que estos días celebramos los cristianos. Pasolini escribió en 1973: "Experimento una gran nostalgia por la pobreza. Digo pobreza, no miseria. Estoy pronto a cualquier sacrificio. Para compensarme, bastará que vuelva al rostro de la gente el antiguo modo de sonreír y a sus vidas ese antiguo respeto por los otros que era respeto por sí mismo, venciendo a ese nuevo poder de la sociedad de consumo que es el más sustancialmente fascista que la historia recuerda". En total coincidencia de ideas, Steiner escribió justo 30 años más tarde: "Ganar dinero e inundar nuestras vidas de unos bienes materiales cada vez más trivializados es una pasión vulgar. Puede que Europa genere una revolución antiindustrial, y que ciertos ideales casi ahogados en el consumo ostentoso y en la uniformidad del modelo asiático-americano puedan progresar en un contexto europeo, aunque ello implique un cierto grado de recorte material. Quienes conocieron Gran Bretaña en sus tiempos de austeridad, sabrán que las solidaridades y creatividades humanas pueden tener su origen en la relativa pobreza. No es la censura política lo que mata: es el despotismo del mercado de masas, el fascismo de la vulgaridad". Con estas palabras de Pasolini y de Steiner, convertidas en figuritas ante la pobre cueva de Belén, les deseo una feliz, íntima y honda Nochebuena.

www.diariodesevilla.com










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