Hermanas de la Cruz, Doctoras y Religiosas. Antonio Gila Bohórquez
"El mejor médico es el que conoce la inutilidad de la mayor parte de las medicinas." Nos dice Benjamin Franklin. Si analizáramos esta frase podríamos comprender, cómo el arte de la medicina se podría resumir a un mar de conceptos basados en la “experiencia”. Ese empirismo fue esencial en buena parte de la historia médica, coincidiendo con épocas de absoluto esplendor en el transcurrir de la Humanidad.
La experiencia no es más que el saber cercado por la repetitividad de las cosas. He aquí la sabiduría popular por la que muchas veces nos guiamos para solventar algún problema de salud. Lo que popularmente llamamos: La Botica de la Abuela.
Pero han sido muchos científicos y estudiosos de la materia los que han pincelado con tintes más profundos la Historia de la Medicina. Galeno de Pérgamo, Hipócrates de Cos, Avicena, y situándonos más, en la época de la Medicina como Ciencia, es decir, segunda mitad del siglo XVIII, encontramos a Claude Bernard, Robert Koch, Luis Pasteur, y un sinfín de grandes de la historia científica.
Pero los intereses de la medicina van más allá de la propia técnica, o mejor dicho, de los tecnicismos de los que hacemos uso para explicar lo referente a una patología sindrómica. La medicina avanza a paso descomunal y hemos de ser conscientes, en especial los que ahora estudiamos sus secretos, que la comunicación es esencial para una buena práctica clínica. La humanidad de un buen médico, reñida con las virtudes que nos pudieran hacer “mirar por encima del hombro”. Es la humildad a la que tantas veces nos referimos, y a la que tantas veces fallamos. Pero no está hecho el mundo de un material tan inhóspito. Personas han cruzado sus calles y ríos, y han dado un verdadero ejemplo de solidaridad con el enfermo, de prudencia ante la enfermedad y de esperanza a la salud. Son personas que dedican su vida de forma íntegra al servicio a los demás. A la asistencia y al servicio.
Sor Ángela de la Cruz. Es un nombre que a la primera tonalidad entonada, se idealiza un canto que ofrece paz y tranquilidad. El nombre de Ángela, sería el nombre de aquella Madre, de aquella monja, que prestaría, ejemplificando lo anterior, la vida de manera íntegra a los más desfavorecidos.
Una pobreza que en la Sevilla de la primera mitad del siglo XX estaba marcada por la enfermedad. Tuberculosis, Gripe, Cáncer,… ¿Cómo hacer frente a ello?
Recordemos que la asistencia médica se guiaba por la privacidad para los llamados “señoritos” y la beneficencia para los más pobres. Una dualidad que bien comprendida podría ser actualmente. No es que hayamos superado una sociedad de clases, sino que hemos incrementado el número de pobres en la sociedad actual. Según datos recientes de la Unión Europea , hasta un 15% de la población (72 millones de personas) viven en situación de pobreza o con un elevado riesgo de caer en ella. Otros 36 millones de personas, apenas por encima del nivel de pobreza. Centrándonos en Andalucía, según el Instituto de Estudios Sociales, Sevilla se situaba en 2003 por encima de la media en cuanto a población andaluza que vive por debajo de los índices de pobreza. Más escalofriantes son los últimos datos recibidos por la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y Exclusión Social: de 1.813.908 personas que viven en Sevilla, 502.452 personas viven bajo el umbral de la pobreza.
Mirando estas cifras no nos salen palabras por la gran impotencia que nos entra al no poder hacer todo lo que se quiere. Son tantos los gastos en la familia, los estudios, el trabajo,…miramos por una calidad de vida elevada y la buscamos todos los días.
Pero… ¿tan egoístas somos? Con estos datos, ¿cómo podemos ser capaces de ignorar a un pobre cuando paseamos por la calle? Qué fácil es lamentarse de su situación y decir con la boca entre abierta: qué lástima. Y ¿ya está? No estamos preparados Madre Angelita. Y aunque clases nos dieras, no llegaríamos al aprobado. Es tanta la degeneración que corre por nuestras arterias que no estamos sensibilizados frente a tanta miseria. Niveles de pobreza, que rozan el baremo de la amargura.
Pero esa preocupación, no está obsoleta. Al acercarnos a la Casa Madre en la calle Santa Ángela, se perfila un andar sublime de pensamientos que retumban en todo el Convento. Son hábitos y alpargatas que suben, bajan, te abren la puerta, limpian, cocinan, rezan… ¿qué alma bendita podría albergar tanta pasión y espíritu fortalecido como para no cansar fisiológicamente al cuerpo? ¿Qué fastuosa cantidad de energía puede ser concebida por el ser humano? La Hermanas de la Cruz , soportan la carga de todos, y repito, todos los pobres de Sevilla. Sí, de ese más de medio millón de santas personas que no tienen una miga de pan como para llevarse a la boca. Hermanitas de la Cruz tan adorables en sus quehaceres que quedarse mirando cómo hacen sus labores, es aprovechar el tiempo y no malgastarlo. Es un continuo ejemplo de esfuerzo y trabajo que sobrecarga nuestras miradas pues no soportamos si quiera un pizquita de sacrificio. Ellas sí. Emplean su tiempo en el trabajo, y su descanso, en el trabajo.
Cuando la Sevilla duerme entre noches de naranjo y luna llena, las Hermanas, surcan la ciudad eterna para encontrase con su objetivo: la pobreza. Quieren erradicarla, y para ello, qué mejor forma que imitarla. Contra la pobreza, siendo pobres.
Nos decía Sor Ángela, que su vida no iba a ser un acompañamiento a Jesús soportando la carga de la Cruz , sino clavada a ella. Qué majestuosidad en sus palabras y qué sencillez rebosaba a la vez. Hoy día, ese recuerdo y ejemplo de Sor Ángela se ha quedado grabado en las Hermanas. Una de ella sobresaldría cual paloma en libertad: Sor María de la Purísima de la Cruz. Más reciente nos coge, y aún con ello, no aprendemos a ser como ella. Beata, Santa,.. qué más da. Es un ángel que subió al Cielo y dejó un mundo falto de ayuda. Pero ¿qué más pedirle? Si su vida era un continuo sueño con el que se levantaba bien temprano todas la mañana con la ilusión de hacerlo realidad. Magníficas artes de ayuda al enfermo y espléndidas costumbres de asistencia.
Y tras esa continuidad asistencial a los pobres se esconde un gran conocimiento en la Medicina. El vendaje, la limpieza de heridas, la cicatrización, el uso de fármacos,… son técnicas que se aplican hoy día en nuestros Hospitales. Pero ¿de la misma forma a como lo hacen las Hermanitas? Analizar la calidad asistencial es bastante crítico pues existen malos médicos y buenos médicos. Tendríamos que encuestar uno por uno, incidiendo más en aquellos con mayor número de enfermos curados. Mi pregunta es ¿haría falta en las Hermanitas? Sonaría exagerado, pero el porcentaje de curaciones por parte de las Hermanitas es del 100%. No penséis solo en una curación física. Elemental es una curación espiritual conformando un clima de paz y tranquilidad para morir tranquilo. Ejemplos hay muchos y podríamos señalar casos concretos. Qué mejor medicina que la de la palabra, la del consuelo y el alivio, la de la esperanza, la del ánimo y el desasosiego, la del amor. Amor es lo que dan ellas.
Imaginémonos a un enfermo, con un rostro hipocrático, desnutrido, cianótico, débil, desorientado y deprimido. Su mano sostiene lo más fuerte que puede el brazo de una Hermanita de la Cruz. Y ella, con sigilo y delicadeza, le percute en su oído unas palabras de conciencia absoluta: tranquilo hijo mío, ten esperanza pues el Reino de Dios lo conforman ángeles y querubines. La Madre de Dios te aguarda con un vestido reluciente como el Sol. El Señor Jesús te abrazará nada más llegar. Y Madre Angelita te besará y sonreirá dándote la bienvenida. No te preocupes hijo mío, pues llegarás a la Gloria de Dios.
Si nos fijamos bien, la práctica empleada por las Hermanitas es, en gran parte, psíquica. No es necesaria en estos casos una dosis retardada de morfina. Palabras que, susurradas de forma correcta y con todo el corazón, se introducen a golpe de martillo en la mentalidad de estas personas. Qué misteriosa maestría médica. ¿Por qué no aprender de ellas? ¿Es que sólo se prepara en lo puramente clínico? Pruebas complementarias, bioquímica, analíticas, hemograma,… ¿y la palabra del consuelo? ¿Y el ánimo a la oración? ¿Y la transmisión de la confianza hacia Jesús? No un Jesús como núcleo epicéntrico de la Religión Cristiana , sino un Jesús bueno, amable, esperanzador, incansable, un padre, un hijo, un hermano, un amigo. Sólo Sor Ángela y las Hermanitas tienen esa fórmula maestra. Esa lección nunca dada en la carrera y que sin embargo, ellas nos podrían hablar horas y horas.
Qué bendición el saber que aún, presentes están sobre este planeta tan necesitado un grupo de personas que dedican su vida al servicio de los demás. La Cruz la llevan por delante en un mástil de alegría, abriendo caminos de esperanza. Su Fe, les sirve de arma para combatir la lujuria y la avaricia. Y el ejemplo es el mejor escudo para impedir el avance del egoísmo. Son ellas, las Hermanas de la Cruz , unas auténticas Doctoras y Religiosas.
“No hay nadie que viva sin Cruz, y el que huya de una, encontrará una mayor” Sor Ángela de la Cruz
Foto: Francisco Santiago.