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Jueves pastoreños. Los faroles altos del Rosario. Francisco Javier Segura Márquez


Tras haber recorrido en la pasada entrega los orígenes rosarianos de nuestra Corporación, el Jueves Pastoreño de esta semana nos acerca a una de las piezas más características de los cortejos procesionales de la Hermandad, como son los faroles altos del Rosario. Elaborados en metal dorado, con cristales aplicados para permitir el efecto lumínico, y elevados sobre altos vástagos de madera con nudetes de metal, han servido para diferenciar la silueta de nuestras procesiones, unas veces presididas por los estandartes marianos que han representado a la Titular, y otras por la propia imagen, portada en parihuelas o en sus andas procesionales.

No añadiremos nada más acerca de la función litúrgica e iconográfica que tienen estos faroles en el contexto de los cortejos del Rosario o la Corona Seráfica, característica del apostolado de Fray Isidoro de Sevilla, fundador e iniciador de la devoción a la Divina Pastora. Muchos lugares de España han mantenido la costumbre de acompañar sus Rosarios de la Aurora o Vespertinos con la luz de estos faroles, cuyo diseño ha ido enriqueciéndose con formas que, alcanzando el prodigio de la geometría poliédrica, dan muestra del afán creador de los maestros hojalateros, como Antonio Rueda, que actualmente es uno de los pocos que maneja el secreto arte de labrar, en la débil hojalata, auténticas maravillas.

Ya lo hicieron los maestros del siglo XVIII que, en diferentes momentos y talleres, dotaron a la Pastora de los faroles  para la salida de sus cortejos masculinos (desde la propia fundación) y femeninos (a partir de 1736). Un último apéndice, el rosario de Niños que dirigió fray Salvador de Sevilla (el “padre Verita”) se añadió en la transición de la centurias, perdiéndose posteriormente en el siglo XIX tras los denodados esfuerzos por su conservación que hizo el ínclito mayordomo don Manuel del Real, que a tal efecto restauró insignias y faroles para continuar con su uso.

A partir de mediados del siglo XIX, los faroles altos del Rosario servirán para escoltar, principalmente, a la imagen de la Divina Pastora, y como forma excepcional al Estandarte de la Divina Pastora (de gala del Duque de Osuna o uno de los de diario). La silueta inconfundible de los seis faroles altos, rodeando o precediendo la imagen de la Divina Pastora, así como otras devociones letíficas que los llevaban, parece inspirar en 1924 al arquitecto Talavera y Heredia para el diseño del sistema de iluminación del llamado “Puente de San Bernardo”, en el que los lectores más avezados encontrarán clarísimas referencias a los faroles altos del Rosario en sus “farolas”.

El delicioso conjunto de seis faroles en torno a la imagen titular propició que otras corporaciones solicitaran el préstamo de los mismos para escoltar a sus imágenes en diferentes salidas procesionales. En 1928, y entendemos que durante varios años, dos de los faroles fueron cedidos a la cofradía de la Hiniesta para alumbrar con ellos el paso del Santísimo Cristo de la Buena Muerte. En 1950, con motivo del Cuarto Centenario Fundacional, la Archicofradía de la Sagrada Cena trasladó la imagen de Nuestra Señora del Subterráneo en Rosario de la Aurora, escoltándola con los clásicos faroles de la Divina Pastora hasta el cenobio de monjas jerónimas.

A partir de entonces, la orfebrería cofradiera fue optando por diseños abigarrados y piezas de orfebrería en metal blanco, o plateado, reservándose para su original función los faroles de nuestra Hermandad. En no pocas ocasiones, el comercio “Casa Rodríguez”, atendido por la camarera de la Santísima Virgen, doña Ascensión Rodríguez, y el mayordomo don Antonio Asenjo, su marido, lució en sus balcones de la calle Francos, 35, varios de estos faroles para contribuir a la gala y ornato de las calles al paso de Jesús Sacramentado.

Este uso efímero callejero ha sido renovado por doña Concepción Rodríguez, heredera de doña Ascensión en el cargo de Camarera y la regencia del establecimiento antedicho, consiguiendo en múltiples ocasiones premios al mejor balcón y fachada en el concurso organizado por el Excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla. El jurado del mismo, además, concedió en dicho concurso del año 2017 el Primer Premio de Altares a nuestra Hermandad, reconociendo el mérito de la instalación de un altar en la fachada del Círculo Mercantil en calle Sierpes.

La hoja de servicios de los faroles, a pesar de su delicadeza, se alargó hasta la llegada la Hermandad a su sede actual de la capilla del Hospital de San Bernardo, cuando se optó por conservarlos convirtiéndolos en faroles de pared, donde se han mantenido para contribuir a la iluminación del recinto sacro y escoltar, por ejemplo, los altares del Sagrario o la Simpecadera donde, de continuo, se venera el simulacro de nuestra Titular en el Estandarte del Duque de Osuna.

Muy pronto, la Hermandad quiso recuperar la estampa de los faroles y optó por renovar su factura, esta vez en “orfebrería cofradiera”, encargando al taller de Orfebrería Ramos en 1998 una versión de los mismos sobre altos vástagos de metal cincelado y repujado, inspirados en los que sostenían las insignias antiguas.

Fueron estrenados a modo de ciriales del cuerpo litúrgico, como otras veces habían salido en tiempos antiguos. El efecto pareció exitoso, y retornaron las peticiones de los faroles para acompañar a otras imágenes. Así ocurrió con motivo del Vía Crucis de las Hermandades que presidieron, en su correspondiente año, las homónimas imágenes de Nuestro Padre Jesús de las Penas (de la Estrella y de San Vicente) el primer lunes de cuaresma de los años 2004 y 2005.

Posteriormente, estos faroles, dada la dificultad de su mantenimiento y limpieza tal y como estaban concebidos, fueron enajenados, encargando a Manuel de los Ríos la transformación en ciriales. Ante la pérdida de la estampa tradicional de los faroles, quedó el empeño de reponerlos a la mayor prontitud posible, encomendando al maestro hojalatero Antonio Rueda la elaboración de un nuevo juego de seis faroles en 2011 -costeados por diferentes hermanos y miembros de la Junta de Gobierno- para escoltar al Estandarte de Gala en la Corona Seráfica, así como la pareja de faroles de estrella para la cruz alzada, donados en 2012, donados estos por los hermanos Álvaro Martín González y Francisco Javier Segura Márquez.

Las últimas piezas de este género que se han incorporado, todas ellas salidas de las manos de Rueda, han sido los faroles que, siguiendo el modelo de un juego de faroles desaparecido, fueron estrenados en 2016, y sirven para escoltar la Bandera de la Realeza de María, de menor tamaño y ejecución más sencilla para facilitar su porte.

Hoy día, los faroles altos del Rosario son seña de identidad, como antes lo fueran, de la Primitiva y Real Hermandad de la Divina Pastora. Como altos lucernarios, elevados sobre la multitud, han guiado e inspirado la oración de innumerables fieles desde hace más de tres siglos y son, felizmente recuperados hoy, recuerdo de un tiempo pasado en que toda la Ciudad honró a Dios por mediación de María, en su celebérrima advocación de la Divina Pastora a través de sus iconos primigenios, que nuestra Hermandad conserva con fervor y devoción.










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