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Jueves pastoreños. Los Rosarios masculinos, femeninos e infantiles. Francisco Javier Segura Márquez


Concluimos el mes de Octubre con esta entrega de los Jueves Pastoreños en los que, haciendo recopilación de muchos aspectos individuales que han formado parte de los capítulos anteriores de los últimos treinta días, nos acercamos a la realidad de las procesiones del Rosario que, a lo largo de toda la historia, ha venido organizando nuestra Hermandad, como seña característica de su apostolado y devoción mariana, así como las características de cada una de sus tipologías, que en esta ocasión hemos categorizado en función de género/edad de sus participantes.

La liturgia procesional del Rebaño de la Divina Pastora, tras la fundación por parte de Fray Isidoro de Sevilla, se expresó en la habitual salida del cortejo, presidido por uno de los estandartes marianos trabajados en la semana anterior, acompañados de cruz y faroles, que abrían y cerraban un cortejo en el que, a dos filas o “coros” se cantaban los Avemarías de la Corona de la Divina Pastora, oración singular compuesta por Fray Isidoro a partir de la Corona Seráfica, que se convirtió en la propia y predilecta para las Congregaciones del Rosario con advocación pastoril que se fundaron en toda Andalucía, y más allá de los límites de la Bética, puesto que hasta la otra orilla del océano llegó la costumbre piadosa de la Salida Procesional del Rosario de la Divina Pastora.

En un primer momento, los Rosarios organizados fueron masculinos, ante la argumentación propia de la moralidad de la época acerca de la inconveniencia de que las mujeres tuvieran autoridad y juicio propios para ejercitarse espiritualmente de forma ajena al control de sus padres, hermanos o esposos. Durante el primer tercio del siglo XVIII, la Hermandad de la Divina Pastora asumió como propio dicho modelo, convocando a los varones a la salida del mismo en la Iglesia Parroquial de Santa Marina, sede de la Corporación.

La irrupción del movimiento rosariano femenino en la escena de la religiosidad popular hispalense alteró sobremanera las costumbres y dinámicas de la época. En 1735, el Padre dominico Pedro Vázquez Tinoco (que las había iniciado en 1730 en tierras extremeñas) impulsa la salida espontánea del primer Rosario de Mujeres de la capital hispalense, en medio de una enfervorizada plática que dirigía en la Iglesia de los Clérigos Regulares Menores, actual parroquia de Santa Cruz, donde se veneraba el estandarte de la “Rosa de Jericó” (hoy conservado en La Palma del Condado dentro del patrimonio de la Hermandad de Nuestra Señora del Valle), el cual tomaron las mujeres que allí estaban saliendo con él a contemplar los Misterios del Santísimo Rosario. Muy pronto, como afirma Romero Mensaque, los Rosarios de mujeres (de los cuales se han encontrado los primeros ejemplos documentados en 1718, concretamente en la Villa gaditana de Tarifa),  se extendieron por toda la ciudad, no siendo nuestra Hermandad ajena a la fundación de una sección femenina de su Rosario, a la cual dotó la Hermandad de cruz, faroles e insignias prontamente para que salieran, bajo el gobierno de su propia Junta de Mujeres, a rezar la Corona por las calles del barrio de Santa Marina desde el año 1736.

El mismo Padre Vázquez Tinoco, con la antedicha Congregación de la Rosa de Jericó, había impulsado desde 1735 la salida de los Rosarios de niños, a los cuales se instruía en la oración y se les ofrecía un “sacro divertimento” dirigido en parte por los mayores pero que contaba con la hermosa espontaneidad infantil de sus congregantes. Desde los últimos años del siglo XVII constan estaciones de rosarios infantiles al convento de Regina portando farolitos de papel, así como varios en la ciudad de Écija ya en la segunda mitad del siglo XVIII. El Rosario de los “Niños Toribios”, que recibían el nombre por el patrono y propietario de la casa en que quedaban recogidos, salían durante el siglo XVIII con cruz y faroles, rezando el Rosario y pidiendo limosna conque sostenerse. Hoy sabemos que, por aquellos años, en la Parroquia de San Lorenzo, nacía un Rosario de Niños que sirvió como germen a la devoción a la Divina Pastora en aquel templo, en torno a la Imagen que hoy es Titular de la Hermandad de la Divina Pastora de San Antonio de Padua. Un famoso pleito, abierto en 1710, cuyo estudio sigue en desarrollo, y otros datos históricos permiten construir la historia de una congregación infantil que, avanzado el tiempo, quedó convertida en la Hermandad que hoy conocemos con sede en la Iglesia del antiguo Convento franciscano de la calle San Vicente.

A imitación de estos Rosarios de Niños nació en el barrio de Santa Marina el Rosario de Niños de la Divina Pastora, que sin estar vinculado directamente con la Hermandad, comenzó a tomar auge en la collación y a restar protagonismo a las acciones de culto público de nuestra Primitiva y Real Hermandad. Es por ello que, alcanzado el año 1800, las autoridades parroquiales consiguieron del Arzobispado que extinguiera la congregación infantil. Otros rosarios infantiles fueron promovidos por el capuchino Fray Salvador de Sevilla “Padre Verita”, al cual se le vienen atribuyendo las letras de las Gozos de la Divina Pastora, propiedad de nuestra Hermandad que, editados junto a la Novena de Fray Isidoro, tienen como fecha aproximada el año 1803.

Poco más tarde, los rosarios femeninos y masculinos de la Hermandad, sufrieron una grave crisis, en parte causada por los desórdenes políticos y la entrada de las tropas francesas en la ciudad. A partir de 1813, el afán de don Manuel del Real como mayordomo hizo recuperar progresivamente los cortejos del Rosario, que se sabe que estuvieron saliendo de forma regular hasta el primer tercio del siglo XIX de forma conjunta, antes de la expansión de las ideas progresistas que hacia 1835-1840 llevaron a cambiar los usos y costumbres devocionales de las Corporaciones letíficas. A partir de esa fecha, la Hermandad fue centrando progresivamente sus esfuerzos en el esplendor de la Novena en la Iglesia, relegando a los Rosarios a un lugar prácticamente inexistente, dado en casos extraordinarios y como reliquia arqueológica de su pasado.

Caben mencionarse el rosario que, en el año 1879, llevó el Estandarte de la Divina Pastora a la Santa Iglesia Catedral con motivo del XXV Aniversario del Dogma Concepcionista o el que en el año 1953 se dirigió, desde San Gil, a la iglesia de San Martín en la conmemoración del CCL Aniversario fundacional. Ya en el siglo XX, en 1995 se procesionó rezando el Rosario hasta la Iglesia de Santa Marina en la conmemoración del Bicentenario de la Concesión Pontificia del Oficio de la Madre del Buen Pastor. A partir de la primera década del siglo XXI, la Hermandad tomó conciencia de la importancia de recuperar la salida de la Corona Seráfica presidida por su Simpecado de Gala, culto que se incorporó de forma definitiva a las celebraciones solemnes de la Corporación.

Otras Salidas Procesionales de la Corona Seráfica, como la celebrada en Febrero de 2019 hasta la misma Iglesia de Santa Marina para ganar el jubileo de San Juan Bautista de la Salle, marcan la línea a seguir por nuestra Corporación, que, tomando como oración propia de su ministerio y apostolado la Corona Seráfica, se propone organizar su salida como oración eficaz para impetrar de Dios su Misericordia a través de las manos purísimas de su Madre, la Divina Pastora.










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