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Última hora. Presentado el Crucificado de Montañés en el Santo Ángel


 Arte Sacro. Hoy martes 22 de enero a las 13:15 horas y en la Iglesia Conventual del Santo Ángel de los PP. Carmelitas Descalzos, se ha presentado el restaurado Cristo de los Desamparados.

Al acto asistieron la Delegada de Cultura, el Director General de Bienes culturales, restauradores de la imagen. La imagen se colocó para su contemplación delante del presbiterio. Intervendrán las autoridades y el P. Prior de la comunidad.

Se cumple por fin el que podamos  ver la imagen, después de un año y dos meses de proceso de restauración. Son muchas las sorpresas que nos depara la imagen que ha recuperado su policromía original, así lo vieron los frailes hace casi cuatro siglos, exactamente, 390 años.

Mas datos

La consejera de Cultura, Rosa Torres, informó sobre la conclusión de los trabajos de restauración del Cristo de los Desamparados de la iglesia del antiguo convento carmelita del Santo Ángel en Sevilla, realizada durante catorce meses en los talleres del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH). Se trata de una de las esculturas más importantes del Barroco andaluz, atribuida a Juan Martínez Montañés.

Rosa Torres ha explicado que "aunque la autoría no ha podido ser determinada de forma concluyente, de lo que no hay duda, y así se ha evidenciado durante la intervención, es que estamos ante una obra de incuestionable calidad artística, ante uno de los exponentes principales dentro de la imaginería basada en la Crucifixión".

La imagen se relaciona documentalmente con el escultor Juan Martínez Montañés a través de una cédula judicial fechada en 1623, en la que se menciona el contrato del artista para la realización de un Cristo con destino al convento de los carmelitas descalzos de Sevilla. Juan Martínez Montañés, junto con Alonso Cano y Pedro de Mena, conforma la trilogía de grandes maestros de la escultura barroca andaluza.

La escultura del Cristo de los Desamparados es propiedad del convento carmelita desde su origen hasta hoy día a pesar de las vicisitudes por las que ha pasado la orden. El convento se fundó en 1587 y fue exclaustrado en 1835; sin embargo, la iglesia siguió atendida por religiosos exclaustrados como capellanes. En 1851 se instaló en el templo del convento la Hermandad de la Sagrada Lanzada. Posteriormente, en 1904 volvieron los frailes y más tarde, en 1916, la hermandad abandonó el templo.

Gran calidad artística

El Crucificado representa el instante inmediatamente anterior a la muerte de Cristo. Tras su restauración en el IAPH, se ha puesto de manifiesto de forma más evidente el dramatismo del rostro, destacando la tensión de la boca y los rasgos faciales con los signos de la defunción. A esto hay que añadir la excelente calidad de la policromía, que representa con gran virtuosismo los tonos de la piel y las marcas de la pasión de Cristo tras la Crucifixión.

También se ha podido comprobar que las características técnicas de la misma son muy semejantes a la del gran Cristo de la Clemencia de la Catedral de Sevilla, realizado por Martínez Montañés en 1603 por encargo del arcediano Vázquez de Leca.

Tras el análisis estilístico se observan claros grafismos de la producción de Martínez Montañés, sin embargo presenta algunas características tanto a nivel compositivo como técnico que difieren en parte de otras imágenes suyas del mismo tema iconográfico.

El estudio realizado durante su intervención confirma así la gran calidad artística de la obra. En este sentido, los técnicos del IAPH consideran que la restauración del Crucificado permite reivindicarlo como una de las grandes esculturas de la historia del arte de Andalucía.

Proceso de restauración

Respecto a la intervención efectuada en el taller del IAPH se llevaron a cabo en primer lugar los estudios previos necesarios como el radiológico, un examen con iluminación ultravioleta y un estudio de la capa policroma mediante lupa binocular, así como el análisis de caracterización de materiales constitutivos.

Las principales alteraciones de la imagen del Crucificado afectaban a la capa policroma. Estas alteraciones repercutían tanto en la materialidad de la obra como en sus valores estéticos. Los daños más graves eran productos de las sucesivas intervenciones que la talla había sufrido a lo largo de su historia, como las actuaciones de repolicromado sobre el sudario que alteraron la iconografía, las capas de barniz aplicadas en la superficie y la acumulación de humo y polvo. Todo ello ocultó el cromatismo de la obra haciendo inapreciable la naturalidad y verosimilitud de la misma.

Además, presentaba otras alteraciones de menor trascendencia para la conservación de la obra, consistentes en pequeñas pérdidas de adhesión tanto en el soporte como en la capa pictórica. Por último, cabe destacar la pérdida de parte de la corona de espinas, que se ha decidido reconstruir para recuperar el equilibrio compositivo de la imagen.

Fotos: Cortesía de J. M. "Silva"










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