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... ¿ Para cuándo un homenaje al Sr. Quidiello?. Mariano López Montes


En esta ciudad en que afortunadamente nos ha tocado vivir, en la que parece que nada ha cambiado y lo cierto es que todo es cada vez más irreconocible para casi todos, han proliferado cada vez más los homenajes, los reconocimientos, los premios y distinciones, los aniversarios y hasta la rotulación de las calles, sin que a veces tenga que ver más o menos lo que sociológicamente llamamos “Meritocracia”, prestigio o ascenso social.

Entre tanta pompa y devaneos, quiero reivindicar a un gran olvidado de esta ciudad que siempre se ha caracterizado por su mala memoria y que no es otro que “el Sr. Quidiello” aquella firma que sigue invitándonos a sentarnos y ver la vida pasar, pausadamente, con sus más de cien años  de trayectoria (1907).

La dura tabla o la más mullidita de Enea han sido y siguen siendo el apoyo físico y aliviador del cansancio de nuestras “posaderas” durante años, con una tradición centenaria de Semanas Santas, Ferias y hasta Corpus.

La atracción y el prestigio que tiene para los sevillanos y si eres cofrade muchísimo más de poseer una de ellas en un sitio supuestamente privilegiado tiene una doble función social; por un lado la atracción que supone el ver y sobre todo, la exaltación del ego, que te vean, aunque el trono de que presumimos este hecho de materiales totalmente innobles y que por sus características de diseño sean en vez de anatómicas, forenses como aquellas en que apoyaban sus restos los moradores de aquel Departamento de Anatomía Humana de La Facultad de Medicina. Lo cierto es que cuando han pasado por delante de nuestros ojos tres o cuatro cofradías de las de ahora con más de 1000 nazarenos empiezan a aparecer unos dolores erráticos, sobre todo en la zona dorso lumbar  que se irradia a otros miembros de nuestro cuerpo, al igual que si hubiéramos hecho unas horas antes una mudanza.

Pero la gran revolución social de estas sillas y el mérito que, creo que por sí solo merecería una distinción, es que este visionario Sr. Quidiello por sí solo y con la ayuda de este artefacto ha conseguido el gran logro social del “igualitarismo “ entre todas las clases sociales de esta ciudad, aunque solo sea en el apoyo de aquella parte donde la espalda suele perder su honroso nombre, pues aunque existan zonas  de la carrera oficial más privilegiadas que otras, al final el efecto y la sintomatología de su uso suele ser la misma. El uso de acomodación sobre terciopelo o cierto pelo rojo  y con grandeza de sillón solo queda reservado para unos pocos que son o tienen delirio de quererlo ser.

Ese es el gran mérito de este antiguo industrial, el sueño que algunos políticos sobre todo pertenecientes a determinadas ideologías querrían conseguir primero ponernos a todos de acuerdo y segundo esa gran dosis de igualitarismo socializante sobre todo entre la ciudadanía más progre.

Es principalmente por este motivo de llevar año tras año con más de un centenario, que  con solo unos palos, unas puntillas y unas cuerdas a las que se le puede denominar anea o enea, se puede conseguir algo tan grande como lo expuesto anteriormente.

Es justo pues reivindicar a este mobiliario humilde  pero a la vez totalmente necesario para la ciudad, la distinción de al menos patrimonio material de esta ciudad, y la recreación de su figura en bronce dentro de algún recoveco de la carrera oficial, haría justicia a su desinteresada colaboración a albergar esa parte un tanto innoble de nuestro cuerpo y aguantar para sí misma las posibles ventosidades producidas por los excesos alimenticios de la Cuaresma.

Nada que ver con esas otras sillas Made in Taiwán  aparecidas desde hace unos años que venden los señores orientales y que han proliferado en forma de plaga en la ciudad, sin ninguna tradición cofrade y que intentan acaparar los espacios prohibidos y taponar a su manera la circulación de los viandantes .

Ya desde hace unos días los gestores de la seguridad han ido colocando en sitios estratégicos  señales, con ese color morado nazareno y ese muñequito sentado en la silla del chino y que sobre todo a los más viejos nos recuerda a ese muñequito de la serie “El Santo” que protagonizara Roger Moore, eso sí sin la coronita de aquel y tachado con una aspa roja en señal de prohibición .

Y vaya como punto final de este articulo la comparación de estas sillas oficiales reguladas por el Consejo y las otras que podríamos llamar “piratas” explotadas por el emporio comercial asiático. Unas y otras son sillas, pero como en Los Carnavales Gaditanos hay dos tipos de Chirigotas, las oficiales que son las que participan en El Falla y las callejeras que funcionan a su libre albedrio copando las calles de la ciudad.

Fotos: Mariano López Montes y Antonio Sánchez Carrasco.










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