Te quiero contar un cuento…… Mariano López Montes
Todos, aunque tengamos ya bastantes primaveras, necesitamos de vez en cuando que nos cuenten un cuento y que esa fantasía de la que están hechos nos llenen de la ilusión que hace falta para afrontar esos embates que la vida te da siempre aunque gracias a Dios sea más bien de tarde en tarde, de mano de esa señora que en este cuento para adultos hace siempre el papel de bruja y que se llama “enfermedad”, que lucha con ese príncipe valiente y fuerte que es capaz de despertar a esa bella princesa aletargada por su maleficio y devolverla a ese mundo de esperanza y felicidad que llamamos “salud”.
Pues sí, me ha aparecido oportuno el recrear esta fábula infantil que, con la ilusión y la supuesta inocencia de los niños, siempre lleva una moraleja o quizás mejor expresado un mensaje de manera fácil y amena y difícil de explicar desde el complejo, racional e interesado mundo del adulto.
Y entre los cuentos uno que te quiero contar esta noche “El Mago de Oz” aquella literatura infantil publicada en el año 1900 y escrito por Lyman Frank, ya que creo que es la representación perfecta del arquetipo de muchas personas de las que conviven con nosotros a diario y que esperan que la suerte, la fortuna o tal vez ese milagro imposible cambie para siempre el tedio de sus vidas.
Sueños posibles e imposibles que, con personajes ficticios, recreados y la magia de estas narraciones hacen posible cambiar el ritmo de nuestras vidas, y desear ser lo que nunca fuimos pero que desde siempre queríamos ser.
Aquel “espantapájaros” del cuento que siempre quiso y pretendía ser inteligente, el león falto de fiereza y rico en cobardía que quiere ser valiente. El hombre de hojalata que busca y desea un corazón para amar y no ser solamente un simple muñeco y como no la protagonista la pequeña Dorothy que sueña regresar a su casa.
Todos somos y seguro que deseamos o queremos ser algo más que lo que realmente somos en un mundo real que a semejanza con el cuento del Mago de Oz está gobernado por seres irracionales, brujas, magos y tiranos.

A ti querido Lolo que hace ya algún tiempo tuvimos la suerte de “ser los pies del Señor” como desde una visión un tanto cursi se le llama al costalero de toda la vida, tanto a aquellos viejos que supieron enseñarnos ese oficio que nos enamoró y que quizás esta ciudad novelera y olvidadiza nunca reconoció en su justa medida, a nuestra quinta que ya hace algún tiempo que nos licenciaron hasta estos nuevos a los que muchos le achacamos muchos defectos y quizás pienso que hemos sido algo injustos y también olvidadizos al pasar la belleza y la grandeza de este trabajo, convirtiéndolos en una caricatura de lo que fuimos y vivimos.
Bueno para seguir el guion del cuento a ti, aunque siempre has sido un hombre de corazón grande, llegó un día que se cansó de tanto caminar y querer y durante una temporada fuiste ese hombre de hojalata del cuento en busca de un corazón que alguien al que nunca conociste tendría esa generosidad impagable de donártelo para siempre.
La maquinaria que hace mover nuestras vidas se deteriora con el tiempo y como todos los seres humanos, nunca somos trastos viejos que tirar para cambiarnos por otros nuevos en perfecto estado, porque nos faltarían las vivencias, los sentimientos, la sabia experiencia y todo el mundo que nos rodea.
Fuiste buscando un corazón y gracias a la Medicina y porque no, a ese Jesus de Nazaret que aquí se le llama de diferentes maneras, siendo el mismo, aquel que compartías conmigo cada Domingo de Ramos en San Juan de La Palma y en muchas ocasiones más, aquel que todo lo puede, en el que confiaste desde la fe y el sentimiento, que nunca te olvidó y que vive en San Lorenzo.
Los cuentos son fantasías y sueños, que transforman el alma de nuestras vidas para convertirse en realidades, de esta manera querido Lolo has encontrado la pieza adecuada para que el engranaje de tu cuerpo siga funcionando con el ritmo pautado y seguido de un reloj.
Otras personas que no conocemos ni conoces han tenido la generosidad de donar piezas de sus engranajes para hacer funcionar tu nueva maquina que solo funciona con algo tan grande y básico que se llama “Amor” en este caso escrito con letras mayúsculas y a la vez anónimas.
En fin, como todos los cuentos y sueños deben de ser cortos y su final siempre debe ser feliz y ejemplarizante. Pronto estarás de nuevo con nosotros, con tu bigote de siempre, tus gestos y porque no decirlo con tu bondad de siempre y todo ello sin “truco ni cartón”, solo y vuelvo a repetirlo con el amor y la solidaridad de alguien que te ha regalado algo tan grande como es la vida, aunque como en el cuento del “Mago de Oz” esta se encuentre mas allá del Arco Iris.
Dedicado a mi amigo Lolo Gómez
Fotos: Mariano López Montes
