El Niño Jesús de Praga volvió a bendecir el corazón de Sevilla desde el Santo Ángel
Fco Javier Montiel. El intenso recogimiento que envolvió la tarde del sábado 24 de enero dejó una entrañable estampa en el calendario cofrade sevillano cuando, a las 17:30 horas, las puertas del Convento del Santo Ángel se abrieron para la solemne salida procesional del Milagroso Niño Jesús de Praga. Desde el corazón de la feligresía carmelita, la venerada imagen emprendió su transitar por las veneradas piedras del centro histórico de Sevilla, devolviendo a la ciudad un acto de fe que, un año más, fue fruto de cariño y devoción.
El cortejo avanzó bajo un cielo invernal que no restó fervor a los numerosos fieles que se congregaron, acompañando al Niño con un silencio respetuoso, interrumpido sólo por los sones que la Agrupación Musical Santa María Magdalena de Arahal vertía en cada calle y plaza por donde pasó la comitiva.

























Capataces de sólida entrega, Miguel, Manuel y Alberto Gallego Rodríguez, guiaron con firmeza y sentido del deber las andas que portaban la imagen, marcando los ritmos de cada levantá y cada paso con esa mezcla de disciplina y devoción que caracteriza a los mejores momentos del mundo procesional sevillano.


El cortejo discurrió por un mosaico de calles emblemáticas, desde Velázquez y Sierpes hasta la Plaza del Salvador y la Plaza Jesús de la Pasión, devolviendo la imagen al templo pasadas las 21:30 horas tras recorrer ese compendio de historia urbana y fe que conforma el centro de la ciudad.








Cada tramo, cada esquina, se impregnó del silencio orante de quienes siguieron el paso, del murmullo de una plegaria, de las notas musicales que parecían elevarse como incienso del espíritu. Fue un testimonio de devoción familiar, de tradición transmitida de generación en generación, de fe que se expresa en la sencillez de un acto interior de amor y entrega.



La salida procesional del Niño Jesús de Praga desde el Santo Ángel se reafirma así como una cita devocional única, donde el recogimiento, la música y la presencia viva de la comunidad cristiana se entrelazan en un recorrido que serenó los corazones y renovó las esperanzas.
Fotos: Fco Javier Montiel
