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Joaquín Moeckel recuerda a su padre Otto Moeckel y reivindica su legado como referente del mundo cofrade sevillano


José Luis Martínez. “Hoy se cumplen 97 años de su nacimiento estimado don Otto, querido padre. Lo digo en presente, pues no mata la muerte, mata el olvido. Siempre con nosotros. La herencia del ejemplo”. Con estas palabras, publicadas en su cuenta de X, Joaquín G. Moeckel ha rendido un sentido homenaje a su padre, Otto Moeckel, una figura profundamente vinculada a la historia reciente de las hermandades de Sevilla y al corazón cofradiero de la ciudad.

El mensaje, cargado de emoción y memoria, ha resonado con especial fuerza entre quienes conocieron y respetaron a Otto Moeckel, no solo como padre y hombre de familia, sino como uno de los cofrades más comprometidos y admirados de Sevilla. Su vida fue reflejo de una manera de entender la fe, la tradición y el servicio desde la constancia silenciosa, el respeto y la entrega desinteresada.

Otto Moeckel nació en 1929 y desarrolló una trayectoria vital marcada por su compromiso con Sevilla y con sus hermandades. Ingeniero de formación, dedicado como empresario a la ingeniería electro-mecánica en la ciudad de Sevilla en aquellos talleres que desde 1904 estuvieron copando más de media calle Adriano. Su nombre quedó especialmente ligado a la Hermandad del Baratillo, a la que perteneció desde muy joven y en la que desempeñó distintas responsabilidades a lo largo de los años. Su implicación fue constante, discreta y ejemplar, convirtiéndose en una referencia moral y humana dentro de la corporación y del entorno cofrade del Arenal.

A lo largo de su vida recibió importantes reconocimientos que reflejan el respeto y la admiración que despertó su labor, entre ellos la Medalla de Oro de su hermandad, distinciones vinculadas al ámbito institucional y eclesiástico, y el aprecio sincero de generaciones de cofrades que encontraron en él un modelo de compromiso y coherencia. Su huella también quedó presente en otras corporaciones sevillanas, donde su figura sigue siendo recordada como símbolo de dedicación y servicio.

Otto

Más allá de los cargos y reconocimientos, Otto Moeckel representó una forma de vivir la Semana Santa y la vida cofrade desde el ejemplo cotidiano, la fidelidad a los valores y el respeto profundo por las tradiciones de Sevilla. Esa herencia intangible, construida a lo largo de décadas, es la que su hijo reivindica ahora con palabras que trascienden lo personal para convertirse en un mensaje colectivo sobre la memoria, el legado y la importancia de no olvidar a quienes construyeron ciudad desde la entrega silenciosa.

El recuerdo compartido por Joaquín G. Moeckel no es solo un gesto íntimo, sino también una invitación a mirar al pasado con gratitud y a reconocer a quienes, como su padre, hicieron de la fe, la cultura y la tradición un camino de vida. Porque, como él mismo expresa, no mata la muerte, mata el olvido.

Piedad baratillo

Además, esta efeméride coindice con el 81 años de la Virgen de la Piedad. Llegó al Baratillo del taller del imaginero tal día como hoy. Don Otto cumplía 16 añitos en aquel entonces. ¿Casualidad o causalidad?









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