Provincia. Cultos de la Adoración Nocturna alcalareña previos a la Cuaresma
Juan Jorge García. Con el Vía Crucis realizado el pasado domingo 22 de febrero, I de Cuaresma, culminaron los cultos que la Antigua y Franciscana Sección de Alcalá de Guadaíra, de la Venerable Archicofradía de Adoración Nocturna al Santísimo Sacramento, ha celebrado, un año más, en honor de su cotitular, el Santísimo Cristo de la Vera+Cruz; cultos que han consistido en el Triduo durante los tres días de carnestolendas, con un doble carácter: de reparación y desagravio a Jesucristo, Pan vivo y verdadero, y penitencial, como prólogo a la Cuaresma, ante la sagrada imagen del Señor crucificado, que se encontraba colocado delante del retablo mayor, en el lado de la epístola, ante la imagen de Nuestro Padre San Francisco, luciendo el Velo de Tinieblas que le caracteriza, y con un sencillo ornato, propio de la austeridad y el espíritu Franciscano de la Sección.
El Triduo comenzó el domingo 15 de febrero, antiguamente llamado “de Quincuagésima”, al distar de la Pascua exactamente cincuenta días según el cómputo latino en el que se cuenta tanto el primero como el último día, con la misa conventual del Monasterio de Santa Clara, templo en el que actualmente reside la Sección alcalareña, que, recordemos, fue erigida canónicamente en la Iglesia Mayor del apóstol Santiago, en la madrugada del 1 de noviembre de 1902, solemnidad de Todos los Santos, quedando así establecida para toda la ciudad. Dicha misa dominical, a modo de Función, fue oficiada por el Rvdo. Sr. D. Leonard Bakajika Ngalamulume, Capellán del Monasterio y Vicario Parroquial de San Sebastián.
El lunes 16 y el martes 17, el triduo se desarrolló por la tarde, siguiéndose el mismo formato los tres días: Santa Misa, Exposición Mayor del Santísimo Sacramento y Bendición con Su Divina Majestad. El segundo día fue oficiado por el Rvdo. D. José Ngalamulume Mukumbayi, Vicario parroquial de la parroquia de San Mateo, y el tercero por el Capellán del Monasterio, culminando con el baile de los Niños Seises de la Casa Salesiana, ante el Señor Sacramentado. La parte musical del Triduo estuvo a cargo de las Hermanas Clarisas, que, desde el coro bajo, interpretaron bellas canciones, así como las partes invariables de la Misa.


El domingo 22, la sagrada imagen del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz, que llegó a la Sección alcalareña en 2011, estuvo expuesta en Besapiés ante el altar mayor de la iglesia conventual, para realizar el piadoso ejercicio del Vía Crucis al atardecer, por los patios y galerías del monasterio, acompañado, además de los fieles y devotos, por la Comunidad de Hermanas Clarisas, que en cada una de las catorce estaciones cantaron un motete alusivo al momento pasional que se contemplaba en cada una de ellas, cánticos que las Hermanas habían recuperado para el Vía Crucis desde que se empezó a celebrar en 2019, complementando así el texto franciscano que se había elegido para el ejercicio cuaresmal.

El cortejo, encabezado por la bandera de la sección a modo de cruz alzada, recorrió el patio anexo a la iglesia, la Puerta Reglar, la estancia De Profundis, y el Claustro Grande entre otros lugares del cenobio, rezándose las estaciones en lugares tan significativos como el azulejo de Santa Clara (en el atrio de la iglesia), el altar de la Santa Cruz (que preside la estancia De Profundis), el mural conmemorativo de la primera visita de la Santísima Virgen del Águila, patrona de la ciudad, al monasterio, el azulejo de la Inmaculada Concepción, o la cruz que perteneció al Santísimo Cristo del Perdón, entre otros. Fue portado por los costaleros de la cuadrilla del hermano adorador D. Antonio Osorio, que habitualmente se encarga de ello, así como de los fieles que desearon hacerlo.

Finalizó el Vía Crucis, que fue presidido por la Rvda. Madre Abadesa, con el besapiés de todos los presentes al Santísimo Cristo de la Vera+Cruz, repartiéndose una bella estampa de recuerdo. Después, a puerta cerrada, como es costumbre, en un acto íntimo, la sagrada imagen fue erguida y colocada en su pedestal, en el arco del presbiterio que ocupa durante todo el año, finalizando con las consabidas fotografías de recuerdo.





Fotos: Ismael Pérez Aguilar.
