María Santísima del Amor presidió el Vía Crucis de la Misión por las calles de San Luis
Fco Javier Montiel. La feligresía de la parroquia de Santa Marina y San Juan Bautista vivió una tarde de profundo recogimiento con el rezo del Vía Crucis de la Misión presidido por las imágenes de María Santísima del Amor y la Santa Cruz. La Hermandad de la Sagrada Resurrección convocó a hermanos y devotos para acompañar este piadoso ejercicio por las calles del entorno de la collación, en un acto cargado de sencillez y espiritualidad.
Desde primera hora de la tarde comenzaron a acercarse fieles hasta el histórico templo de Santa Marina, una de las parroquias más antiguas de Sevilla, cuya fábrica gótico‑mudéjar ha sido durante siglos testigo de la devoción del barrio. Entre las 18:00 y las 18:30 horas se permitió el acceso a la iglesia, donde se dispuso todo para la salida del cortejo penitencial.








A las 19:00 horas se abrieron las puertas del templo y comenzó el rezo del Vía Crucis. La Santa Cruz encabezó el cortejo, seguida por los fieles que, con cirios encendidos, acompañaron a María Santísima del Amor en un ambiente de silencio y oración. La imagen, muy querida por los hermanos de la corporación del Domingo de Resurrección, presidió el piadoso ejercicio que fue marcando cada estación con lecturas y meditaciones.





El itinerario llevó al cortejo por algunos de los enclaves más característicos del barrio. Desde la iglesia de Santa Marina se dirigió a la plaza del Señor de la Resurrección para continuar por la calle San Luis, una de las arterias históricas de la ciudad. El rezo prosiguió ante el colegio La Salle‑La Purísima y regresó nuevamente por San Luis hasta la plaza de San Marcos, donde la parroquia homónima contempló el paso de la comitiva.



La comitiva continuó después por Castellar, Churruca y Almirante Espinosa, adentrándose en calles estrechas donde el silencio se hacía aún más palpable. Infantes y San Blas acogieron nuevas estaciones antes de llegar a la plaza del Cronista, para proseguir por Virgen del Carmen Dolorosa y Arrayán.
El último tramo volvió a discurrir por San Luis hasta alcanzar de nuevo la plaza del Señor de la Resurrección. Allí, ya cerca del templo, el rezo final preparó el regreso a la iglesia de Santa Marina, donde concluyó el Vía Crucis en un clima de oración compartida.






Así, entre la luz tenue de los cirios y el recogimiento de los presentes, el barrio volvió a contemplar a María Santísima del Amor acompañando el camino de la Cruz, recordando que la espiritualidad de la hermandad de la Resurrección nace precisamente de ese tránsito entre el dolor del Calvario y la esperanza luminosa de la Pascua.
Fotos: Fco Javier Montiel