El arzobispo de Sevilla enciende en Bellavista la luz de los donantes de órganos
Arte Sacro. La Hermandad del Dulce Nombre volvió a alzar en Bellavista, en la mañana del Viernes de Dolores, una de esas luces que no se apagan: la de la vida ofrecida en forma de donación. Desde 2008, este gesto sencillo y profundo se ha convertido en una catequesis viva ante los fieles, recordando que la caridad cristiana también late en hospitales y quirófanos.
El cirio, inscrito con el lema “Dar para Recibir”, fue encendido un año más por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, quien quiso hacerse presente en este barrio sevillano para bendecir un acto cargado de simbolismo y humanidad. Junto a él estuvieron el sacerdote Antonio Godoy, recientemente trasplantado de hígado, y Jairo Díaz, joven que hace apenas 19 días tomó la decisión de autorizar la donación de los órganos de su madre, convirtiendo el dolor en esperanza.


La escena, a los pies de la Virgen del Dulce Nombre, no dejó indiferente a nadie. Rostros marcados por la enfermedad, la espera y la gratitud se unieron en una fotografía que es, en sí misma, testimonio. Personas trasplantadas, donantes y familiares compartieron ese momento con el arzobispo, en un ambiente donde la fe se traduce en gestos concretos.


Monseñor Saiz Meneses recordó que la donación de órganos, así como la de sangre y médula, constituye un acto sublime de amor al prójimo. No se trata solo de solidaridad, sino de una entrega que refleja el mandamiento cristiano de darse sin medida. En España, líder mundial en donación de órganos desde hace décadas gracias al modelo de la Organización Nacional de Trasplantes, estos gestos encuentran un eco especialmente significativo en la vida de las hermandades, que actúan como altavoces de conciencia y compromiso.


Por su parte, el hermano mayor, Diego Romero Moreno, reafirmó el compromiso firme de la corporación con esta causa. La Hermandad del Dulce Nombre no solo mantiene vivo este cirio cada año, sino que impulsa activamente la sensibilización sobre la donación como camino de esperanza. En palabras que resonaron con claridad, insistió en la necesidad de transmitir estos valores cristianos a la sociedad, especialmente a quienes aguardan un trasplante como única posibilidad de seguir viviendo.



En Bellavista, la luz de ese cirio no es un simple elemento de la candelería. Es un recordatorio visible de que el amor, cuando se comparte, tiene el poder de vencer incluso a la muerte.




Fotos: José Pérez Bernal
