San Julián, cuarenta días y cuarenta noches sin Ellos. Paco Rodríguez Bergali
Cuarenta días y cuarenta noches desde que anda dormida a la espera de no se sabe siquiera el qué la despertará. A sus vecinos y sus vecinas se nos anunció, delante del Señor, la gravedad de su situación (en el pasillo de la UCI según se nos indicó), su intervención, prevista de manera inminente para después de Semana Santa, iba a durar ocho meses. Ese sería el tiempo aproximado para parar su enfermedad, tan desconocida en sus detalles para muchos como supuestamente muy necesaria para otros. No había problemas iniciales con el coste pues, según se nos dijo, habíamos tenido suerte al recibir un “regalo” por parte del Arzobispado de la mitad del dinero; la otra mitad la debería sufragar la Parroquia. Todo el barrio tranquilo entonces: teníamos para empezar a atajar la urgencia del mal después de Semana Santa. Menos mal, todo iría bien.

Pero cuando celebrábamos uno de los mejores momentos en San Julián, justo cuando el Cristo de nuestro barrio encendía la llama de la Cuaresma para Sevilla, se apagaban las ilusiones de forma inmediata para todos los vecinos y todas las vecinas de nuestro barrio. Desde entonces, durante cuarenta días y cuarenta noches, la inmediatez parece haberse difuminado instantáneamente.
Ni se ha visto un triste casco de obras ni un mínimo andamio y mucho menos un cartel anunciador de quien realizará la intervención. Nada. Lo único que hemos visto y sufrido son frustraciones, ilusiones rotas, pérdidas en los comercios, daños morales, lágrimas (muchas lágrimas) y emociones sustraídas.
Pero, eso sí, se ha demostrado una vez más, una inquebrantable unión entre el barrio y su hermandad. San Julián, para eso, no tiene grietas ni fisuras. Como también es consciente de que, aunque están cerca y bien acogidos, están lejos. Nos han arrebatado cuarenta días y cuarenta noches sin Ellos. Y, lo peor, no sabemos cuánto nos durará su ausencia, pero sí sabemos que Les esperaremos siempre. San Julián une a vecinos y vecinas bajo el mismo sentir, aquel del Alma de Dios entre el Azul y la Plata de su cielo.
Paco Rodríguez Bergali, en calidad de vecino de San Julián.
Foto: Paco Rodríguez Bergali.
