La Hiniesta levanta un Stabat Mater de recogimiento en Santa Marina en la capilla de la Virgen del Amor
Fco Javier Montiel. En el silencio recogido de Iglesia de Santa Marina, la Hermandad de la Hiniesta ha levantado un altar que no es solo disposición estética, sino verdadera catequesis visual del dolor y la fe. Un Stabat Mater que brota del corazón de la Iglesia, donde la Madre permanece en pie junto a la Cruz.
Las imágenes titulares de la corporación reciben culto en la capilla de la Virgen del Amor, sede de la Hermandad de la Resurrección, en un montaje que evoca el Calvario. El Cristo de la Buena Muerte preside la escena, mientras a sus pies se sitúan la Virgen de la Hiniesta Dolorosa y Santa María Magdalena, componiendo una estampa de intensa carga espiritual. A un lado, la Hiniesta Gloriosa contempla el misterio, como luz de esperanza que no se apaga.
Este traslado no es fruto de la voluntad, sino de la necesidad. La histórica Parroquia de San Julián permanece cerrada por las obras derivadas de los problemas estructurales detectados en el templo. Una salida precipitada que también afectó a la Hermandad del Rosario de San Julián, obligando a ambas corporaciones a buscar cobijo en otros templos.

En este peregrinar, la Hiniesta ha ido dejando huella de fe. Primero en el convento de Convento de Santa Isabel, donde celebró el septenario en honor a la Dolorosa, y después en Santa Marina, desde donde realizó su estación de penitencia. Por su parte, la Hiniesta Gloriosa recibe culto en el altar mayor de Iglesia de San Marcos, manteniendo viva la devoción del barrio.
Mientras tanto, la Virgen del Amor ha cedido su espacio habitual y se sitúa ahora en la capilla bautismal del templo de la calle San Luis, en un gesto de fraternidad silenciosa que habla de Iglesia viva.
Los próximos meses estarán marcados por cultos fundamentales. En torno al Corpus Christi, ambas hermandades celebrarán actos dedicados al Santísimo Sacramento, centro y culmen de la vida cristiana. Y en el horizonte, uno de los momentos más esperados: el traslado de la Hiniesta Gloriosa hasta el altar efímero que cada año se alza en la fachada del Ayuntamiento.
Sin embargo, el regreso a San Julián sigue siendo una incógnita. No hay plazos cerrados, solo la certeza de que la espera también forma parte del camino. Mientras tanto, en Santa Marina, la Hiniesta sigue enseñando que la fe no entiende de muros ni de ausencias, sino de presencia viva ante el misterio.
Fotos: Fco Javier Montiel
