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La Macarena vuelve al camarín vestida de Pascua: blanco de Resurrección para la Esperanza de Sevilla


 

fjmontiel_Macarena_en_Camarin_2026_DSC_8862_DxOFco Javier Montiel. En la mañana serena que sigue al estruendo emocionado de la Semana Santa, María Santísima de la Esperanza Macarena ha regresado a la intimidad de su camarín. Allí, donde el tiempo parece detenerse, la Señora de Sevilla vuelve a mirarnos desde su altar cotidiano, ya envuelta en la claridad del tiempo pascual.

Atrás queda una Madrugá inolvidable, en la que la ciudad volvió a vibrar junto a la Virgen tras años marcados por la espera. La basílica recupera ahora su pulso habitual, mientras la Esperanza se presenta de nuevo al culto con la serenidad que sigue al gozo desbordado.

La Virgen luce en esta ocasión el conjunto de manto y saya blancos, propio de la Pascua de Resurrección, signo de la vida nueva que brota tras la Cruz. No es un blanco cualquiera. Se trata de un tejido acanalado que guarda en sus bordados la memoria de generaciones: piezas procedentes de los respiraderos y faldones realizados por Juan Manuel Rodríguez Ojeda entre 1907 y 1908, adaptadas en 1962 por Guillermo Carrasquilla Perea.

Cada hilo habla de historia. Cada puntada, de devoción. Es la misma estética que ha definido durante más de un siglo la identidad de la Hermandad y que hoy, en el silencio del camarín, adquiere un lenguaje nuevo: el de la luz.

fjmontiel_Macarena_en_Camarin_2026_DSC_8861_DxONo es casual que la Esperanza vista de blanco en estos días. La tradición de la Iglesia reserva este color para celebrar la Resurrección, y en Sevilla se convierte en una catequesis viva: las dolorosas, sin dejar de ser Madre del dolor, anuncian también la victoria de la vida. Así amanece la Macarena en su altar, vestida para la Pascua, como confirman diversas crónicas cofrades recientes.

Las imágenes que deja este cambio de vestimenta son de una belleza serena, distinta a la del palio en la noche. Aquí no hay música ni bulla. Solo la mirada de la Virgen, el rumor de las oraciones y la certeza de que, tras el sufrimiento, siempre llega la luz.

Sevilla, que hace apenas unos días se entregaba sin reservas a su Esperanza en la calle, vuelve ahora a encontrarla en la cercanía del templo. Y allí, en su camarín, la Macarena sigue siendo lo que siempre ha sido: consuelo, guía y promesa cumplida de Resurrección.

 

Fotos: Fco Javier Montiel









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