Fernando Borrego pregona al Rocío de Sevilla: "La fe que se hace camino en el Salvador"
Fco Javier Montiel. La tarde de ayer no fue una más en el calendario rociero de la ciudad. Al finalizar el cuarto día del solemne Quinario que la Hermandad de Sevilla consagra a su Amantísima Titular, las naves de la Iglesia Colegial del Divino Salvador se convirtieron en un anticipo sonoro de Pentecostés. Fernando Emilio Borrego Ojeda, párroco que conoce bien el sentir de las arenas, fue el encargado de pronunciar el LXVIII Pregón del Rocío de Sevilla, una pieza cargada de fe, vivencias y ese "pellizco" que solo surge cuando el corazón habla de la Blanca Paloma.
Un brindis que cambió un destino
La jornada comenzó con la emoción a flor de piel gracias a la presentación de Ricardo Laguillo, pregonero de la edición anterior. Laguillo recordó con nostalgia aquel encuentro en el Patio de los Naranjos donde, entre copas de vino, invitó a Fernando Borrego a sumarse al camino de Sevilla. Fue un momento de especial calado emocional, pues Ricardo compartió con los presentes la inmensa alegría que supuso para la corporación el hito histórico del pasado Lunes de Pentecostés: el cambio de itinerario que permitió, por primera vez, que la Virgen del Rocío pasara por las puertas de la casa de hermandad de Sevilla en la aldea.

El "Señorío" de una ciudad que sabe caminar
Durante su alocución, el pregonero ensalzó la identidad única de la hermandad del Salvador. Fernando Borrego destacó la elegancia con la que Sevilla se enfrenta al polvo y al cansancio, afirmando que "la ciudad del señorío sabe hasta ensuciarse de polvo, suda con dignidad y se cansa con elegancia". Tuvo palabras de admiración para los caballistas, el cuidado de las mujeres en las carriolas y esa estética que no es vanidad, sino una forma de presentarse ante la Virgen con lo mejor de cada uno.
El recuerdo de un Lunes de Pentecostés eterno
Uno de los puntos álgidos del pregón fue el relato del encuentro de la Virgen con la casa de Sevilla el pasado año. El pregonero describió aquel lunes por la mañana como el cumplimiento de un sueño de más de setenta y cinco años. "Ella miraba a sus hijos, saciando la sed de sus almas", declamó con fuerza, recordando cómo la fe de Almonte levantó a la Reina frente a la espadaña que Sevilla construyó para cobijarla.


El Salvador, nido y sagrario
Fernando Borrego no olvidó la labor social y formativa de la hermandad, citando las colonias infantiles y la labor de los monitores que llevan el Rocío a los barrios más necesitados. Cerró su intervención con una sucesión de "vivas" que pusieron en pie a la Colegial, recordando la memoria de Rafa Serna y reafirmando que el Salvador es el templo donde brota la marisma en pleno corazón de Sevilla.

Fotos: Fco Javier Montiel
