Portugal y Sevilla: La reina Amelia y la hermandad de la Sagrada Mortaja. Reyes Pro Jiménez
Es frecuente preguntar sobre los motivos de algunos de los títulos de las Hermandades de Sevilla: ¿por qué una hermandad es llamada “Antigua” o “Ilustre” en estos títulos? En el caso del título de “Antigua” las hermandades normalmente siguen la costumbre de usar dicho título si sobrepasan los cien años de antigüedad, y usan “Ilustre” si han recibido entre sus miembros a personas distinguidas o eminentes, que si pertenecen a la realeza dan origen al uso del título de “Real”. Casi siempre se ha tratado de personas de la realeza española, pero existen excepciones como las de realeza portuguesa.
A través de la historia, Portugal y Sevilla han estado muy relacionadas, habiendo predominado las conexiones comerciales, el intercambio de ideas artísticas... y el flujo constante de personas. Por la cercanía geográfica figuras destacadas del arte, la economía o la literatura, han residido en Sevilla; como Cayetano da Costa, también llamado Cayetano de Acosta, retablista y escultor portugués afincado en nuestra ciudad a mediados del siglo XVIII que nos dejó muestra de su extensa obra en la fachada-retablo de la capilla del Sagrario de la Colegial de “El Salvador” o en los retablos del Convento de Santa Rosalía.

María Amelia Luisa Elena de Orleans, reina de Portugal. Web dominio publico
María Amelia Luisa Elena de Orleans constituye otro ejemplo de la relación de Portugal con Sevilla. Por su matrimonio con el penúltimo rey de Portugal (de la casa de Bragança) se la conoce como la reina Amelia de Portugal. Nació el 28 de septiembre de 1865 en Twickenham, muy cerca de Londres siendo la primogénita de Felipe, Conde de París, y de María Isabel de Orleans, Infanta de España. Así, Amelia estaba emparentada con la casa Real española siendo nieta de los Duques de Montpensier y sobrina del rey Alfonso XII.
Como su padre Felipe era pretendiente al trono de Francia parece que el nacimiento de Amelia, al ser mujer, causó desilusión en su familia sin embargo la relación con su padre siempre fue muy buena: él le inculcó su amor por la naturaleza, los paisajes y los animales, sobre todo los caballos.
Estuvo muy unida a sus cinco hermanos, por lo que la temprana muerte de dos de ellos siendo niños (desafortunadamente caso muy frecuente en su época) fue la primera de las desgracias que tuvo que padecer en su vida. Amelia guardó otros recuerdos de su infancia que sí fueron felices, como las estancias con sus abuelos maternos: Antonio de Orleans y María Luisa Fernanda de Borbón, Duques de Montpensier, que acogían gustosos a su nieta en Sanlúcar y en su palacio de San Telmo de Sevilla. Conectaba muy bien con el carácter práctico y resuelto de su abuelo y en San Telmo comenzó su vinculación con Sevilla.
Entre las “princesas casaderas” de su época, la prensa se fijó en el atractivo y la belleza de la joven Amelia, en su alta estatura (medía 1,80 m.) y en su pelo oscuro. El matrimonio concertado era la norma, lo habitual, en las casas reales de esa época, y después de algunas tentativas con otros candidatos se acordó su matrimonio con Carlos, Duque de Braganza, heredero del trono portugués, Se casaron en la Iglesia de Santo Domingo de Lisboa el 22 de mayo de 1886 y Carlos la describiría en una carta como “la criatura más bella jamás vista”, sus primeros años de convivencia fueron armoniosos e incluso felices a pesar de ser un matrimonio concertado, pero esta situación no duraría.
El fallecimiento al nacer de su segunda hija. María Ana de Braganza, fue otro gran golpe en la vida de Amelia, que cada vez encontraba más consuelo en la religión. Tuvo dos hijos más, el primogénito Luis Felipe y Manuel, y en 1889 Amelia se convirtió en reina de Portugal cuando su marido fue proclamado rey como Carlos I.
Amelia se salía bastante de los cánones habituales de una princesa y reina consorte de su momento histórico. Le seguían apasionando la naturaleza y los animales, encantándole cabalgar, lo que no era muy sorprendente en una reina. Pero sí lo era su afición a montar en bicicleta y su interés por las artes (por ejemplo fue decisión suya la fundación del Museo de Carruajes de Lisboa, en el Palacio de Belem), por la ópera, el teatro y sobre todo por la literatura ya que le gustaba escribir.
No sólo llevó toda su vida un detallado y original Diario, también escribió sobre arqueología y arte, lo que plasmó en la obra “Os meus dezenhos” e incluso publicó una novela sobre la aristocracia portuguesa que firmó con el seudónimo “Chilosá”. El producto de todas sus obras siempre lo destinaba a obras de beneficencia.
Este fue precisamente otro de sus intereses: las obras asistenciales y la caridad. Interés que le llevó querer acercarse al conocimiento de los problemas sociales, a visitar barrios marginales de la capital portuguesa; esto provocaba las críticas de los círculos aristocráticos cercanos a la corte que no consideraban apropiado ese comportamiento en una reina, pero Amelia siguió con estas iniciativas. Se volcó sobre todo en la lucha contra una de las peores lacras de su ápoca fundando la Asociación Nacional Portuguesa contra la Tuberculosis.
Todo esto lo hizo a pesar de varios problemas personales: desde 1902 padeció problemas cardiacos pues parece que sufrió un infarto, además las relaciones con su marido eran cada vez más frías y tensas. El rey Carlos había cometido varias infidelidades conyugales y había llegado a sustraer cantidades de dinero del erario público del país. Era cada vez más odiado por el pueblo portugués, pueblo al que el rey Carlos despreciaba, según Miguel de Unamuno el rey llegaba a comentar de Portugal que “isto é uma piolheira” (esto es una piojera); además dejó el gobierno en manos de Joao Franco, especie de valido-dictador a la manera de los reyes de la casa de Austria en el siglo XVII, lo que no hizo ningún bien a la nación lusa.
La reina Amelia en la Plaza de Toros de la Maestranza de Sevilla
A pesar de todos estos problemas la reina Amelia viajó por varios lugares de Europa seguramente tratando de mejorar la imagen de su país. Visitó París, el Vaticano... y España, en 1906 y 1907 acompañada por su hijo el Príncipe heredero. Quizás queriendo recordar su infancia feliz en tierras sevillanas viajó a Sevilla en la Semana Santa de 1907 y recordando la vinculación de sus abuelos los Duques de Montpensier con esta ciudad y su Semana Santa visitó varias hermandades: La Soledad de San Buenaventura, Montserrat … y la Sagrada Mortaja, que entonces residía en la parroquia de Santa Marina.
En esta Hermandad de la Sagrada Mortaja, fue recibida como Hermana Mayor Honoraria el día 30 de marzo de 1907, así como también su hijo el Príncipe heredero; según se recoge en el acta de Cabildo de Oficiales Extraordinario número 37 de la mencionada fecha. El acuerdo se adoptó por unanimidad y se nombró una comisión para elevar el documento de acuerdo de Cabildo a la reina Amelia. Este hecho, siguiendo la costumbre de las hermandades de Sevilla, motiva el uso del título de Real que ostenta la Hermandad de la Sagrada Mortaja.

De una convocatoria de cultos de la Hermandad de la Sagrada Mortaja,1937. ASM
Al poco tiempo, concretamente el 1 de febrero de 1908 la familia real portuguesa sufrió un atentado en Lisboa, resultando muertos el rey y el príncipe heredero Luis Felipe; el infante Manuel sólo sufrió heridas leves y la reina Amelia, que salió ilesa, mostró su carácter pues por defender a sus hijos llegó a golpear a un atacante con lo único que tenía a mano: ¡un ramo de flores! La reina siempre culpó de haber sufrido este atentado al valido-dictador Joao Franco, personaje que en su afán de poder e influencia enmascaró los dispendios y los robos del erario público por parte del rey Carlos. El infante Manuel fue nombrado rey y su madre intentó ayudarle a reconducir la situación social y política del país, pero ya era todo inútil para sostener una monarquía cada vez más obsoleta y aislada. Así en 1910 se proclamó la república en Portugal, Manuel abdicó como rey y la familia real se trasladó a Inglaterra.
Amelia tras varios años de residir en Inglaterra y cada vez con la salud más debilitada decidió instalarse en Francia buscando por consejo médico un mejor clima, vivió desde entonces en Chateau de Bellevue, cerca de Versalles. En estos años se dedicó a apoyar la labor de la Cruz Roja Internacional y sufrió otro dolor: la muerte de su hijo Manuel en 1932… Amelia sobrevivió a toda su familia. Sólo regresaría brevemente a Portugal en 1945, cuando visitó las tumbas de su marido y de sus hijos en el monasterio de Sao Vicente da Fora. Había nacido en el exilio y moriría en él, falleciendo en Versalles el 25 de octubre de 1951 a los 87 años de edad. Por su expresa voluntad se la amortajó con el vestido manchado de sangre que llevaba el día del atentado de 1908, en un funeral que fue seguido por miles de personas.
El epitafio de su tumba, en el monasterio de Sao Vicente da Fora es fiel reflejo de su vida:
“Aquí descansa em Deus
D.Amelia de Orleaes e Bragança
rainha no trono
na caridade e na dor”
(Aquí descansa en Dios
Dña. Amelia de Orleans y Bragança
reina en el trono
en la caridad y en el dolor)
Así finalizó la existencia terrenal de la reina Amelia de Portugal, nieta de los Duques de Montpensier, Hermana Mayor Honoraria de la Sagrada Mortaja desde 1907 hasta su muerte. Por Amelia dicha Hermandad utiliza el título de “Real”.
