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Hay personas que dejan huella sin hacer ruido


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José Luis Martínez. En este mundo de las cofradías muchas veces hablamos de imágenes, estrenos o grandes nombres. Pero pocas veces nos detenemos en algo igual o incluso más importante: la calidad humana de determinadas personas. Y Antonio Jesús Dubé Herdugo es una de ellas.

Sevillano, formado en Bellas Artes y continuador del legado de una saga histórica de la imaginería como la de su padre, el inolvidable Antonio Dubé de Luque, ha sabido construir su propio camino con talento, personalidad y una enorme profesionalidad.

Y aquí también es justo detenerse en la figura de su padre. Antonio Dubé de Luque siempre tuvo un trato exquisito con nosotros desde los orígenes de este medio, cuando Artesacro todavía era La Pasión Digital. Siempre nos respetó, siempre confió en nuestro trabajo y siempre nos trató con una cercanía que jamás olvidaremos.

Durante años tuve el privilegio de compartir en La Campana conversaciones entrañables con padre e hijo cada Semana Santa. Charlas largas, de aprendizaje constante y de un ambiente magnífico que guardo con muchísimo cariño. Y quizá la única pena que me queda de todo aquello es no encontrar ahora una fotografía de alguno de esos momentos. Pero sinceramente, por encima de cualquier fotografía, siempre quedará lo verdaderamente importante: lo vivido, lo aprendido y el cariño de aquellas conversaciones.

Con Antonio Dubé Herdugo sigue pasando exactamente lo mismo. Cada conversación suma. Cada encuentro deja algo bueno. Educación, cariño, humildad, profesionalidad y esa forma de estar que hoy cuesta tanto encontrar.

Estos días le pedí un favor que quizá para muchos podría parecer pequeño. Sin embargo, él se volcó de una manera que sinceramente me emocionó. Con interés real, con predisposición absoluta y con ganas de ayudar desde el primer minuto. Y ahí está el verdadero valor de las personas: en los detalles que nadie ve y en los gestos que nunca se olvidan.

Por eso hoy quería dejar constancia pública de algo muy simple: además de ser un grandísimo imaginero, Antonio Dubé Herdugo es una grandísima persona. Y para mí es un auténtico privilegio poder decir que también es mi amigo.

Y como guiño final que muchos entenderán: también es muy del Tío Pepe… como yo. Poco más se puede pedir.

Fotografía: Arte Sacro.

 









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