Arte Sacro
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Carta a mi amigo Juan Moya. Antonio Gutiérrez de la Peña.


Querido Juan:

Permíteme que utilice al comenzar ésas tus propias palabras, y pueda así decir que hoy, Señor, y como siempre, en tu presencia, no me sale la voz del cuerpo, y mucho menos hablarte en poesía, con lo fácil que es rimar tu bello sueño, tu singular dulzura, tu eterna Buena Muerte.

Hoy, Señor, menos que nunca, me sale la voz del cuerpo ante el cuerpo inerte de Juan, mi amigo, mi hermano.

Te conocí, Juan, hace casi cuarenta años, cuando nuestra vida juvenil discurría por los pasillos de una recién estrenada vida universitaria. La Hermandad nos unió para siempre. Ese lazo fuerte e invisible que, como nada ni nadie, saben crear las Hermandades, fue el vínculo perpetuo que nos unió de por vida.

Tu Hermandad de los Estudiantes, nuestra Hermandad de los Estudiantes fue el campo propicio para tu empeño en demostrar que para la formación integral del hombre, para la motivación de una verdadera ilusión de vivir, es imprescindible que en su espíritu reine la imagen plástica de un Martes Santo, cuando la cultura y la fe se imparten en el mismo edificio para asimilación de muchos y admiración de incrédulos. Ese fue tu empeño y al mismo conseguiste que nos sumáramos muchos más; tú sabías como nadie conseguir aglutinar a tu alrededor a aquellos que te querían.

Una cruel enfermedad, Juan, me habrá privado para siempre de tu presencia, de tu ayuda, de tu apoyo, de tu consejo; me habrá arrebatado de ti, la palabra justa para el momento preciso, el gesto amable para el amigo necesitado, el apoyo incondicional de quien sabias no te iba a fallar nunca.

Sin embargo, esa terrible enfermedad no me despojará nunca del consuelo de los muchos momentos, de los muchos años vividos en armonía. Ellos permanecerán siempre, testigos fieles, como el mejor bagaje de tu amistad, herencia eterna que guardaré como un tesoro.

Hoy habrás llegado finalmente ante el Examinador divino, en esa convocatoria final a la que todos estamos convocados, y te habrás presentado no sólo con toda la dimensión de la asignatura perfectamente aprendida, sino con el innumerable bagaje de tus muchos esfuerzos, afanes y labor realizada; y estoy convencido que Él no te habrá dado un sobresaliente, ni tan siquiera un mero aprobado, sino que seguro que de sus labios habrás obtenido la mejor de las respuestas.

Porque hoy, Juan, habrás contemplado al fin el Rostro de Dios, ese que no diferirá tanto del que tantas veces contemplaste dormido en su Cruz, en su sueño de amor infinito. Hoy, habrás obtenido por fin la licenciatura, al oírle decir de sus labios: “Juan, se sabe usted la lección de mi Buena Muerte”.

Descansa en paz Juan , mi amigo, mi hermano.

Antonio Gutiérrez de la Peña es el hermano mayor de la Hermandad de los Estudiantes

Nota: Publicado en Diario de Sevilla hoy jueves, 25 de enero.










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